A medida que los grupos gays se hacen más visibles, lo mismo sucede con la homofobia
por © Nina Martyris (Agosto 24, 2004)
 
Mumbai: El asesinato de dos homosexuales en un departamento elegante de Nueva Delhi, la semana pasada, sirvió como excusa para desatar una cacería homofóbica. Para quienes murmuran acerca de la bajeza de la vida gay, hubo un verdadero festín con la pareja asesinada en medio de un reguero de fotografías polaroid comprometedoras. Y quienes se adhieren a los estereotipos de que los hombres gays son promiscuos y no piensan en nada más, también estuvieron de fiesta.

Pero si hay algo de solaz que se puede extraer de este crimen brutal y de la sórdida ofensiva que le siguió, es que muy probablemente el asesinato no fue un crimen de odio homofóbico, sino el producto de una crisis personal. Este no fue un caso como el de Matthew Shephard, a quien ataron a un poste en las congeladas temperaturas de Wyoming, lo golpearon con pistolas y lo dejaron morir, por ser gay más que por ninguna otra razón.

Como nunca se han cansado de repetir los activistas como Ashok Row Kavi, de Mumbai, los indios no son homófobos y fue la ética represiva de la Inglaterra victoriana la que introdujo el Artículo 377 que hace de la homosexualidad un delito. Seguro: el indio promedio puede no tener ningún deseo de tener contacto cercano con la homoafectividad, pero tampoco desea matar o mutilar a aquellos cuya afectividad fluya a un ritmo diferente. “Se han escrito varios ensayos a lo largo de las edades, que tratan la homoafectividad bajo una perspectiva optimista”, dice Kavi. “Desde el Kama Sutra a los frescos de los templos antiguos que mostraban el amor entre personas del mismo sexo”.

Aunque pueda no haber asesinos homófobos, la situación está lejos de ser feliz para la comunidad gay en India, en parte debido a la policía –que es famosa por extorsionar a las parejas gays en los parques públicos o a la orilla del mar–. Los hombres y mujeres gays señalan dos tendencias ostensiblemente contradictorias: por un lado, la sociedad ha comenzado a mirarlas/os a los ojos, aunque sea de manera fugaz; por el otro, los ataques y los intentos de extorsión han aumentado. Pero tal vez no exista contradicción alguna. El incremento de la homofobia corre paralelo a los esfuerzos de la comunidad por ser más agresiva acerca de sus derechos y sacudir a una sociedad que tiene dificultades para reconocer que la comunidad existe. “Ya no nos alcanza con que nos dejen en paz”, es el mensaje, “si el precio que tenemos que pagar por ello es la invisibilidad”.

¿Qué mejor prueba que la Marcha del Orgullo Lésbico-Gay que sucedió en Kolkata el 27 de junio para conmemorar la Revuelta de Stonewall en 1969 cuando personas homoafectivas de Nueva York decidieron luchar contra las injusticias perpetradas por la policía? Hace apenas cinco años, una marcha como esa, con personas que visten ropas de otro sexo en la calle, vestidas en todo su esplendor, hubiera sido impensable en India, pero lo impensable ya ha sucedido y lo que es más: en los ambientes todavía conservadores de Kolkata. “Deroguen el Artículo 377” decía un cartel tras otro.

Tal vez el aguijón más potente que ha empujado a esta minoría sexual a salir a la luz ha sido el VIH. En Bhubaneshwar, donde el tema de la homoafectividad raramente se discute en público, el ex funcionario carcelario Bidyabhusan Mohanty dijo en un seminario, que se estaban distribuyendo preservativos en la cárcel para controlar la difusión del SIDA, dada la actividad gay que tenía lugar rejas adentro. En Hyderabad, puede no haber ninguna organización dedicada al bienestar gay pero los profesionales médicos se han visto en la necesidad de salir a hablar sobre el VIH/SIDA. En el proceso se han quebrado muchos estereotipos con felicidad.

Cinco años atrás, la vida para un HSM era degradante”, recuerda Sunil Menon, que dirige el grupo de apoyo Sahodaran, en Chennai. “Había maltrato, chantaje, abuso y hostigamiento sexual. Pero lentamente voy viendo cambios. Chennai sigue siendo conservadora pero la aceptación va creciendo”. Dice que hay incluso un grupo electrónico: lgbt-madras@yahoogroups.com 

Dentro del clóset, es la hora de la acción. A medida que los grupos de apoyo gay se han ido difundiendo, ha habido un crecimiento desenfrenado de la actividad hogareña. Los seminarios sesudos sobre derechos gays son parte de esa acción, pero también cosas divertidas como fiestas, festivales de cine o simplemente ir a pasar un rato al pub local. La liberalidad con que se gasta el dinero (llamado “libra rosa”) en estos lugares ha echo que dueños de pubs aparentemente conservadores abrieran de par en par las puertas de sus establecimientos.

Pero dentro de la comunidad misma hay bastante ambivalencia acerca de esta imagen rosa, exhibicionista. No todo el mundo, para usar una frase de “Muggy Nights”, de Mahesh Dattani, quiere ser “tan gay como un pavo”, y los miembros más tranquilos de la comunidad sienten a menudo la necesidad de tomar distancia de la exhuberancia color arcoiris de sus amigos. Menon puede sentirse cómodo con sus anillos y sus cadenas, pero el gerente de una agencia de colocaciones muy conocida en Mumbai, dice que si bien las empresas se están abriendo a la posibilidad de emplear a hombres y mujeres gays, a veces les dicen que “bajen un poco los decibeles en términos de su apariencia”, como deferencia hacia el código corporativo. A algunos, esto les puede parecer una violación a sus derechos, pero otros piensan que se trata de exigencias más que razonables.

Todavía es difícil saber cuántas personas están saliendo del closet. Mucha gente gay, inclusive si está fuera del armario para su círculo inmediato de amistades (y no necesariamente para su familia), no quiere que se la cite hablando de temas gays. Y entonces son siempre Ashok Row Kavi en Mumbai, Sunil Menon en Chennai, Wendell Rodricks en Goa y Pawan Dhall en Kolkata. El resto, en su mayoría, prefiere cubrirse con el velo de “se ha alterado el nombre para proteger la identidad de la persona que hizo declaraciones”.

(Con la colaboración de Neil Pate en Mumbai, Swati Das en Chennai, Sujata Duggar en Kolkata y Rajaram Satapathy en Bhubaneswar).

Artículo 377: Un legado británico

En 1860, dos años después de que la Corona iniciara la gran construcción de su imperio, se dio forma al ahora detestado Artículo 377 del Código Penal Indio, para hacer de la homoafectividad un crimen. En Malasia –otra ex colonia- el delito de la homosexualidad también se incluyó en el Artículo 377.

En casi todas las ex colonias como Jamaica, Zambia y Nigeria, donde las leyes están infectadas de la posición misionera británica sobre el tema, “buggery” (el término específicamente británico para designar a la sodomía) sigue siendo un delito. El fuete y la lapidación te aguardan al extremo del arcoiris. “Los pueblos colonizados suelen internalizar y perpetuar valores que ya han dejado de estar vigente en los países que originalmente los impusieron” -escribe Jeremy Seabrook en (el diario británico) The Guardian, en una nota con el título implacable de “No es natural”- “Así es como las victorianas mangas en forma de pata de cordero todavía cubren los hombros desnudos de muchas mujeres africanas, y se sigue utilizando una cinta roja para atar documentos en muchas oficinas del gobierno indio”. Seabrook – que está trabajando en un libro sobre el diálogo intercultural entre hombres gays indios y sus pares occidentales- dice que una indicación de homosocialidad en la India, es el hecho de que muchos hombres, sobre todo los que no son de clase media, se toman de la mano, algo que todavía espanta a los turistas extranjeros.

En Malasia, el primer ministro Mahathir Mohammad utilizó la ley contra la sodomía para encarcelar al ex viceprimer ministro y político rival Anwar Ibrahim, pero en India raramente se la ha utilizado. Hasta ahora, el número total de casos en los que se invocó el Artículo 377 en los tribunales de segunda instancia y en la Corte Suprema es aproximadamente de 65.

La gente diferente reacciona contra los prejuicios mediáticos

Nueva Delhi, 19 de agosto. Fue la ocasión para velar a otra “víctima” de los crímenes recientes en Anand Lok, al sur de Delhi: la comunidad gay. El otro lado del silencio, “Voces contra el 377” –una coalición de organizaciones no gubernamentales que trabaja por los derechos de las personas cuyos deseos se orientan a las de su mismo sexo, las mujeres, niñas y niños- se juntó aquí para hablar sobre el derecho a ser “diferente”. Antes las notas “estereotipadas” que algunos medios han producido acerca de la comunidad gay después de los últimos asesinatos, a las y los activistas les preocupa el posible efecto adverso sobre una comunidad que está luchando para mantenerse viva.

No se trata del crimen, sino de una actividad periodística que ha ido más allá de informar acerca de un crimen. El estilo de vida (Nota: ese término no significa ‘ser gay’ sino cómo una persona gay llevaba una vida ‘nocturna’ desenfrenada) de una persona se está utilizando ahora de ejemplo para hablar de toda una comunidad. La mayor parte de las notas aparecidas en periódicos de la ciudad no hablan del crimen sino de las vidas sexuales peligrosas y oscuras y la cultura gay de Delhi. A la comunidad gay se la ha asociado ya con el VIH/SIDA, la paidofilia y el abuso sexual. ¿Por qué los medios sólo hablan de homosexualidad cuando se estrenan películas como ‘Girlfriend’ o cuando sucede un crimen como este?”, preguntó Pramada Menon, de “Voces contra el 377”.

Al golpear a una comunidad que no es capaz ni siquiera de luchar por sus derechos, las/os activistas creen que la forma en que los medios y la policía han reaccionado ante el asesinato de Pushkin Chandra no deja lugar para el pluralismo o la aceptación. “Han hecho retroceder la lucha de la comunidad gay por lo menos en diez años. El Artículo 377 del Código Penal indio ha sido un obstáculo para nuestro trabajo en SIDA. Nos preocupa qué impacto va a tener todo esto en la petición que hemos presentado ante el Tribunal Superior contra el Artículo. La audiencia es en septiembre y el gobierno tiene que enviar su respuesta para entonces. Nos preocupa cómo todo esto va a afectar el caso”, manifestó Anjali Gopalan, de la Naz Foundation.

La ocasión fue también propicia para hablar acerca del miedo constante con que viven las personas que desean a otras de su mismo sexo. “Estos últimos días han sido muy violentos para mí. Me sentí hostigado porque cuando dicen todas esas cosas tan estereotipadas acerca de la comunidad gay, están hablando de mí. Es una pérdida de espacios seguros en una sociedad que es extremadamente homofóbica. No puedo caminar por la calle después del asesinato. Esas notas periodísticas tienen un impacto real sobre mi vida y están sacudiendo las raíces de mi existencia”, afirmó Ashish, un abogado gay.

Y para otras personas, ha significado la pérdida de su intimidad: “La policía se ha metido en la vida privada de muchísima gente y se los han llevado para interrogarlos aun cuando no habían asistido a la fiesta. Les han hecho muchísimas preguntas innecesarias acerca de sus preferencias sexuales, que no tenían nada que ver con la investigación”, dijo Shaleen Rakesh, de la Naz Foundation.

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