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Minorías sexuales e identidad
nacional en Cuba
Dalia Acosta
LA HABANA, 10 oct 2004 (IPS) - Transformistas,
travestis y transexuales esbozan un nuevo grupo de identidad social en
Cuba, un ambiente culturalmente poco propicio para ello debido a fuertes
características de machismo, según un estudio especializado publicado
por la revista cultural cubana Temas.
”La identidad nacional aparece vivida en estos
sujetos desde el conflicto de sentirse orgullosos de ser cubanos, y al
mismo tiempo, de no encontrar un lugar dentro de la sociedad”, afirma el
trabajo de las psicólogas Janet Mesa y Diley Hernández.
”El ser cubano tiene fuertes implicaciones” sociales, económicas y
culturales y esto contribuye a ”la conformación de una identidad muy
diferente a la de otras personas en otros lugares del mundo y culturas”,
asegura.
Para las autoras ”las particularidades de nuestro país (Cuba) se han
confabulado y contribuido a hacer posible la emergencia” de este nuevo
grupo identitario.
En Cuba no hay ley que sancione la diversidad sexual pero tampoco una que
la proteja. No existen asociaciones para la defensa del derecho de estas
personas y las acciones con tal propósito sólo pueden provenir de
instituciones del Estado.
A diferencia de otros lugares del mundo, no se realizan implantes ni cirugías
estéticas para modificar el cuerpo de las personas en sintonía con su
orientación sexual.
Tras un largo proceso, las personas aceptadas por especialistas como
transexuales pueden cambiar su identidad legal, pero el sistema de salud pública
cubano no incluye operaciones de adecuación sexual. Sólo una cirugía de
este tipo se realizó en la isla, hace más de 10 años.
”Transformistas, travestis y transexuales: un grupo de identidad social
en la Cuba de hoy”, es el título de la investigación, que puede leerse
en Internet en el sitio de Diversidad Sexual del gubernamental Centro
Nacional de Educación Sexual (Cenesex).
Un total de 19 personas fueron entrevistadas en más de una ocasión entre
1998 y 2003. Independientemente de su autoclasificación, todas comparten
la exigencia de ”dar mujer” como norma grupal.
”Dar mujer” significa lograr una imagen lo más femenina posible. El
fracaso en ese empeño ”puede implicar la sanción del grupo,
materializada en la burla, la crítica y, por último, el rechazo”, añade
el estudio.
A la eventual censura dentro de su propio grupo, o de la comunidad
homosexual, se suma la marginación social que afrenta la mayoría.
Estas personas viven ”bajo un discurso homofóbico y machista que
celebra cualquier manifestación de repudio” contra ellas y que
”justifica que los derechos y espacios individuales sean violados para
salvaguardar una posición viril”, afirma el texto.
Entre las características comunes a todas, la investigación encontró un
bajo nivel cultural asociado con temprano abandono de los estudios, sobre
todo en la adolescencia, ”etapa en que la definición sexual provoca el
rechazo del grupo escolar”.
La necesidad de escoger entre su definición sexual y la respuesta social
que es esperada de ellas, pone a estas personas en el dilema de pagar el
precio de la exclusión si asumen la identidad que sienten como propia.
La investigación halló también que ”aun cuando en la esfera laboral
no existe, legalmente, prohibición para el empleo de estas personas, les
es casi imposible encontrar un puesto de trabajo”.
”Los estereotipos sociales consideran inaceptable el empleo de un hombre
vestido de mujer”, asegura.
Así, la mayoría trabaja como artistas o peluqueras en negocios
particulares, casi nunca en entidades estatales con garantías de
seguridad social. La frustración profesional es común en el grupo.
Los travestis y transexuales suelen tener una economía ”inestable”,
habitar viviendas en muy mal estado y compartir pequeños espacios con
muchas personas de bajo nivel cultural, define el estudio.
La situación cambia al parecer para los transformistas. El hecho de
mantener una imagen masculina durante el día parece ser determinante a la
hora de tener mayor acceso al empleo y, por ende, a mejores condiciones de
vida.
La marginalidad coloca también a estas personas en una situación
vulnerable. Algunas optan por la prostitución como medio de vida y otras
son víctimas de violencia de parte de sus parejas, por lo general varones
que se identifican como heterosexuales pese a que mantienen relaciones
homosexuales.
Los travestis son víctimas a menudo de amenazas de abandono,
descalificaciones, prohibiciones, aislamiento y hasta golpizas por parte
de sus parejas, según un trabajo de Ada C. Alfonso y Mayra Rodríguez,
especialistas del Cenesex.
Los estudios sobre minorías sexuales en Cuba son escasos, recientes y
poco divulgados. La mayoría se vincula con comportamientos considerados
”de riesgo”, como parte del programa nacional de prevención del sida
(síndrome de inmunodeficiencia adquirida) entre hombres que tienen sexo
con hombres.
La aparición pública de estos grupos puede situarse a inicios de los años
90, cuando proliferaron bares y cabarets privados y semiclandestinos, que
incluían espectáculos de travestis y transformistas.
Para la mayoría de los entrevistados por Mesa y Hernández, la realización
profesional pasa por la presentación artística. La actuación, de alguna
manera, es una forma de escapar a la marginación y de lograr un
reconocimiento social.
Por lo general, añade la investigación, transformistas, travestis y
transexuales prefieren la noche al día. ”La noche debilita la censura
social porque brinda una posibilidad de pasar inadvertidos”, afirma.
(FIN/2004)
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