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“HUESOS EN EL DESIERTO”SERGIO
GONZALEZ RODRÍGUEZ
EDITORIAL ANAGRAMA, BARCELONA, 2002 TE PREGUNTAS SI QUIERES
OLVIDAR... - asesinadas en Ciudad
Juárez –
A la memoria de los huesos de
mi hermano que siguen enterrados en este desierto que es la Ciudad de México
Huesos en el
desierto y ni un consuelo para los familiares. Los criminales están
a la luz pública y están por todas partes, quería creer que con este
libro todo se aclararía y sólo deja un mar de dudas. Y tal vez de eso se trata. Pensar que toda la
sociedad tan sólo vive dentro de una burbuja tan frágil y tan
trasparente... De alguna manera
este libro me hizo recordar un acontecimiento en la vida de mi familia. Hace 7 años
asesinaron a un hermano con lujo de violencia y tortura, otro hermano
empezó a hacer ruido en radio y televisión. Comenzamos a tener llamadas
macabras, una de ellas nos hablaba diciéndonos que fuéramos a recoger a
otro hermano muerto colgado de un árbol en las afueras de la ciudad. Colgaron dejándonos
destrozados y comenzamos a buscarnos entre nosotros, después de eso mi
hermano calló. El miedo que se
siente es indescriptible; te sientes desamparada; sola en esta gran urbe;
te sientes impotente y con un gran coraje que te carcome, más con el
tiempo quieres olvidar y no puedes. El leer este libro
removió sentimientos encontrados. El miedo vuelve a
surgir acompañado de la impotencia y el dolor. De cierta manera sé lo
que sienten los familiares de las víctimas. Te imaginas el sufrimiento
que debieron haber pasado y te preguntas si quieres olvidar. En relación al caso
de las asesinadas en Ciudad Juárez, hipotéticamente hablando, nos
enfrentamos a una organización, o varias, que desde varios puntos ejercen
poder y se cuidan entre ellos, se protegen y se hacen cada vez más
grandes y fuertes. De las autoridades
no se puede esperar nada, ellas mismas están involucradas. La sociedad
civil debe reclamar y exigir no sólo el desmantelamiento de esa red
criminal, no sólo encarcelar a los culpables, más tarde surgirán otros:
hay que cortar de raíz y transformar
las bases de esta sociedad misógina. Pero nadie quiere saber nada,
mientras no les suceda a ellos, todo está bien. Se habla de
organizaciones dedicadas a la venta de órganos; se habla de grandes orgías
sangrientas en las cuales los protagonistas son los narcotraficantes y las
víctimas; se habla de asesinos en serie que ven en esa ciudad campo de
cultivo para sus crímenes; se habla de las películas que ofrecen diversión
a través de la muerte real. Todo habla de que la
raza humana no encuentra su lugar en este mundo y que día a día se
acerca su exterminio. Te preguntas si
quieres olvidar y la respuesta brota cada vez que escuchas de manera
maquillada y falseada, la información que los medios de comunicación
quieren proporcionarte. La respuesta brota,
como brota la sangre de los cuerpos torturados y silenciados. El libro es una recopilación
de crónicas que comienza por darnos un panorama de Ciudad Juárez, Chihuahua. Entre 1993 y 1995
aparecieron 30 cadáveres de mujeres, envueltas estas muertes en un clima
donde impera la violencia sexual, cantinas, bares, delincuencia y
pandillas que aunadas con la ineficacia de la policía, hacen de esta
ciudad un campo de cultivo. El autor nos
demuestra una zona que Robert
K. Resseler llama “La dimensión desconocida”. Porque en Ciudad Juárez
puede pasar todo y nada. Las muertas estaban
semidesnudas, boca abajo y estranguladas; vestían ropas similares,
playera y pantalones vaqueros, eran delgadas de piel morena y cabellos
largos. Con el paso del
tiempo y acumulación de muertas, empezaron a surgir asociaciones civiles
en pro de las víctimas, tratando de hacer presión para que las
autoridades esclarecieran los asesinatos. Estos asesinatos
superaban los anteriores en México, cometidos por asesinos en serie; de
varias décadas a la fecha no se había visto cosa igual. El 3 de octubre de
1995, la policía detuvo al egipcio Abdel Latif Sharif Sharif, químico
que llevaba poco de haber venido a México, tenía 49 años y tenía
antecedentes criminales en Estados Unidos, era el sospechoso ideal para el
caso de las muertas de Juárez. Más con la averiguaciones se desmantelaba
dicha suposición y era más difícil sostener que el egipcio había sido
el asesino. Siguieron
apareciendo cadáveres, aun teniendo al egipcio en prisión. Meses después
arrestan a una banda denominada “Los Rebeldes”, vistos en bares y
restaurantes. Nuevamente a ellos también se les achacaría la muertes de
las mujeres de Juárez; más ellos indicaron que fueron forzados a
declarar y que se uso la violencia por parte de las autoridades. Se veía
la impotencia por terminar con el caso. El egipcio pidió
una conferencia de prensa, y delante de los periodistas dejó conocer el
nombre de los asesinos, más desilusionó sus declaraciones, entre los
nombres que dio fueron: Guillermo Máynez. Y dijo haber sido amenazado por
el comandante Navarrete y afirmó que “Los Rebeldes” no eran culpables. El autor nos da un
panorama desolador de la frontera de México, donde hay miles y miles de
metros de desierto, donde el problema de la sobrepoblación es extrema. Siendo una ciudad fronteriza, el paso de miles y miles de emigrantes e
inmigrantes le da una connotación diferente, en donde son muy pocos los
propietarios de grandes extensiones de territorio. Siendo ciudad
fronteriza hacia Estados Unidos, la gente está de paso. Los que viven
ahí son en general pobres y las mujeres son las más afectadas, teniendo
que trabajar en horarios pesados, sobre todo en maquiladoras, en horarios
desde la madrugada hasta la noche. Es una ciudad donde
abunda la delincuencia, en números estadísticos es mayor que la de México
que es 10 veces más grande. En ese mundo la
droga prolifera, antes sólo era marihuana, ahora abunda la cocaína y
demás. La condición de la
mujer como género es deplorable, ella puede ser golpeada y violada, ya que
su papel está devaluado y la actitud de ellas es dispar, entre asumirse o
rebelarse. La educación, la
sociedad, las costumbres y valores implícitamente indican que la mujer
debe ser tratada como objeto, más que como persona. La cultura que
prevalece en el norte del país, da una forma nueva de percepción, donde se refleja
el mundo del narcotraficante. Sergio González
describe varios casos de muchachas que han desaparecido, a manera de crónica
nos adentra a la vida de una de ellas y cómo después fue encontrada
asesinada. Varios criminólogos
han ido a Juárez encontrándose con obstáculos por parte de las
autoridades; viendo la incapacidad de las mismas y la negligencia para
hacer las cosas bien. Después de la comisión, estos criminólogos dejaron
varias consideraciones en relación a la administración y la manera como
se llevan a cabo las pesquisas dejando entrever que había varias irregularidades,
que no se llevaba las investigaciones como debería ser. La policía se
muestra recelosa de las comisiones interdisciplinarias que van a
investigar y les ponen muchos obstáculos. En este ambiente
sale a la luz otra mano oscura que existe en la frontera: la existencia de
sectas de narcosatánicos. Ocurrieron hallazgos de altares de cultos
sangrientos, donde la protagonista principal era la mujer como objeto
sacrificable. Se habla de que
varias víctimas han sido objeto de filmaciones violentas que culminan con
la muerte real de la asesinada. El culto a la muerte,
ya sea la santería u otros derivados, se cree que forma parte de una cultura muy
arraigada entre narcotraficantes. Esta red de sectas
se ha extendido y ya ha habido casos en la Ciudad de México, como si
fuera la tendencia de llegar al centro del país y extender la violencia
que hay en la frontera, hacer de México un lugar sin límites. La historia del
norte del país ha ido de la mano con el lugar estratégico de su cercanía
con Estados Unidos y en esa historia se entrelaza la idea de que el norte
fuera prospero, pero se toparon con los vicios propios del mismo
desencanto y se vino abajo el sueño de prosperidad. En ese territorio
floreció el culto a la vida del narcotraficante, dando trabajo a varios
grupos norteños de música que reflejaba la vida de ese momento. En el
norte se ensalza al norteño y se odia al defeño. El autor nos relata
la vida del egipcio, sospechoso de los crímenes de las mujeres de Juárez; se ve que desde su natal
Egipto tuvo que ir en contracorriente para
llegar a ser un notable químico, pero con problemas de violencia y sobre
todo contra las mueres, eso le valió que fuera el candidato idóneo de
las autoridades para culparlo de las muertes. En esa Ciudad ha
habido gran desbordamiento de sangre por parte de la mafia, de los
narcotraficantes, oyéndose el Cartel de Juárez, que ha tenido un gran
ascenso en el mundo del narcotráfico en México, dándose paso entre
varios muertos. Y sabiéndose cómo
las autoridades mismas están inmersas en ese mundo, donde narcos, policías
y autoridades hacen trío y se solapan mutuamente Hasta en los niveles
más altos de la política y economía del país, la mano del narcotráfico
se deja ver. Todos están entrelazados haciendo que la corrupción sea tan
natural que lo contrario se elimina inmediatamente. Y el producto de las
guerras del narcotráfico son las muertes, generando 15,000 muertes en el
último sexenio. Las autoridades
desdeñan a las mujeres de Juárez y les da el indicativo casi de que
ellas lo provocan, ya que según ellos, la mayoría tenían una “doble
vida”. Se especuló que el
egipcio había pagado a los “Rebeldes” desde adentro de la cárcel
para que siguieran asesinando a mujeres y así quitarle de toda culpa.
Procuradores y Subprocuradores han pasado y las cosas siguen igual. Se solicitó que un
gran investigador ya jubilado Robert K. Ressler intentara esclarecer
los hechos. Entre las cosas que hizo, fue acudir al territorio donde habían
sido encontrados los cuerpos, vuelo de helicóptero de los mismos lugares,
estudios de exámenes forenses y curso rápido a policías. A las conclusiones
que llegó fue que podría haber mínimo tres asesinos, dos organizados y uno
no, que ya había imitadores del primero. A expensas de una pregunta en
relación de que si la vestimenta era provocadora, el dijo que no. Y que
los asesinatos se seguirían dando. Luego se entrevistó con el egipcio y
dijo que él era inteligente y no dio más información. Las autoridades se
aprovecharon del gran prestigio del
investigador para darle resonancia entre los medios de
comunicación;
cosa que el mismo investigador sugirió, que no se hiciera de un hecho un
escándalo. Hubo el caso de una
holandesa que vino de vacaciones y se la encontró muerta en un hotel
debajo de la cama. Se investigó el caso por ser de índole internacional
y se supo que supuestamente había pasado la noche con un hombre y hubo
después otro caso parecido de otra asesinada. El autor cuenta el
caso de una pareja de lesbianas que vivian desde hace tiempo en Juárez. Una de las mujeres fue
desaparecida; se explica que ellas tenían mucha
cautela y aún así terminó una desaparecida. Pasado varios años,
las organizaciones civiles se han desgastado y varias han desaparecido,
entre otras cosas por políticas, desgastes , manipulaciones, etc. En junio de 1999 en
el diario Reforma se publicó la versión de un informante, el cual decía
saber la verdad de las muertas de Juárez. Dijo que los protectores de
los homicidas eran dos altos funcionarios policíaco del Estado de
Chihuahua. Antonio Navarrete y Francisco Minjaréz, quienes representaban el
primer poder. Hubo un gran
desplegado entre Estados Unidos en México, tratando de buscar más
cuerpos en la frontera; fue un fracaso. Casi no se encontraron, ésta
movilización se debió a una acusación del chofer del Cartel de Juárez.
Otra denuncia hablaba del tráfico de drogas y joyas. Más nada pasó. Cuenta la abogada
del egipcio, que desde el comienzo del caso, todo ha ido en contra de su
defendido, que todo ha estado lleno de irregularidades y que hasta su
propia familia fue amenazada de muerte y su hijo tuvo un atentado contra
su vida. Tuvieron que dejar Ciudad Juárez. Se habla de la historia de la fiscal Nelly Ponce, que desde siempre entorpeció las investigaciones acusando con gran empeño al egipcio, siempre insensible a las muertas de Juárez y premiada con la Coordinación de Ministerios Públicos en la zona norte del Estado de Chihuahua. Un año después,
renunciaría a su cargo por acusaciones de la prensa de tener vínculos
con el narcotráfico. Para el 2001 las
cifras oficiales decían de 246 víctimas. En tanto, las asociaciones civiles
aseguraban que eran más de 300. Se habla de un gran cementerio que es la ciudad de
Juárez, entre otros motivos y los más persistentes son en relación al
narcotráfico. El periodista que
escribió el libro ha tenido varios atentados y muy violentos; ha sido
amenazado reiteradamente. Pasa el tiempo y los
huesos en el desierto siguen apareciendo. Ahora hay más huesos que arena
en ese deshabitado lugar. Las voces... NO, voces no, los gritos, los alaridos
y el llanto de las mujeres muertas resuenan en el interior de nuestras
conciencias que reclaman, que exigen, que cesen los asesinatos.
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