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Autopolaroids 188. KARMA COLOMBIANO por © Alfredo Villanueva-Collado/Enkidu Llevo
diez años trabajando la
figura del poeta colombiano José Asunción Silva y su única novela, De sobremesa, escrita en 1895 pero
no publicada hasta 1925. En
1993, el manuscrito de mis ensayos sobre la novela gana el premio de
monografía en lengua extranjera otorgado por el North Eastern Modern
Language Association (NEMLA). El laudo consiste en $1000 y publicación por la editorial
europea de Peter Lang. Recibo
los documentos de la editorial. Resulta
ser que soy enteramente responsable de entregar el manuscrito listo para
su impresión. Lang ofrece
formatearlo por $1800, así que no sólo tengo que darles el premio sino
sacar dinero de mi bolsillo. Me
consta que los libros de Lang no se distribuyen al público en general por
ser demasiado caros, no se conocen en Latinoamérica, y van a parar a bibliotecas donde
nadie los lee. Decido
gastarme la plata en mi colección de cristalería y buscar otro editor. Mi
amigo colombiano Eduardo Jaramillo Zuloaga, quien comparte mi obsesión
con Silva, me recomienda enviar el manuscrito a Bogotá y lo entrega al
editor de la editorial Tercer Mundo, Mario Jursich Durán. Meses después, recibo su
respuesta: “Seré
breve: me gustó muchísimo el análisis de Silva que usted realiza, pero
en la misma forma me disgustó el tono
colérico del discurso. Noto
un gusto excesivo por condenar, por demostrar lo equivocado que estaban
los críticos anteriores, por rechazar una tradición mezquina de lectura. No piense que es una diferencia
conceptual; a menudo me sentía de acuerdo con sus palabras, y me sorprendía
lo inusitado de su reflexión en
torno a Silva. Sin embargo, la crítica literaria que yo admiro (y que trato
de publicar) se concentra más en los textos y menos en las polémicas
intergremiales. De
modo, pues, que no publicaremos el libro.
Aún así, le repito ( y no a manera de terrón de azúcar) que su
libro (no su tono) me gustó muchísimo.” Lo
primero que se ocurre es que el tipo no tiene los cojones de publicar los
capítulos en los que hago una demoledor y sistemático análisis de lo
que llamo “la ficción biográfica” y la ‘ficción crítica” en
torno a la figura de Silva y examino la crítica pomposa y mediocre de las
vacas sagradas de la literatura colombiana. Pero peor, me he metido de
lleno en la cuestión de la dudosa y ambigua sexualidad de Silva, al que
los colombianos están en plan de nombrar poeta nacional. Por lo tanto, lo
tienen que heterosexualizar a toda costa. Y le contesto: “Me
a pena comprobar la profunda diferencia que existe en el concepto mismo de
investigación literaria entre Norte y Sur América. Rechazar un libro por el tono, no el contenido, indica una
posición ideológica que no comparto pero que comprendo, ya que es la que
intento precisamente combatir a
través de la crítica del discurso crítico, con todas sus fallas. Señalar estas fallas es hacer crítica,
no criticar. Así lo han
juzgado otros editores que han publicado ya seis artículos basados en el
manuscrito, con un séptimo por salir, y otros críticos, en Europa,
estados Unidos Y Colombia, que refieren a dichos artículos. Su
carta me prepara para la posible controversia que pueda causar mi trabajo
en Colombia . . . . debo entonces agradecerle su nota admonitoria que,
repito, entiendo más allá de lo que está escrito.”
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