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Renace la Beijing opulenta
Antoaneta Bezlova
BEIJING, diciembre de 2004 (IPS) - La capital
de China recibirá a miles de turistas de todo el mundo en los Juegos Olímpicos
de 2008, y por ello se despoja lentamente de su imagen industrial y obrera
para recuperarse como centro de placeres refinados y opulencia arquitectónica.
Los grandes supermercados y los edificios
futuristas se propagan en esta gran capital, que crece sin cesar.
Antes de que en 1949 se rindiera ante la revolución comunista liderada
por Mao Zedong, Beijing era una meca cultural en la que pululaban los
templos, las casas de té y los comercios extravagantes.
En pocos años, la revolución la transformó en un baluarte industrial
con un horizonte adornado por chimeneas. Ahora las cosas parecen dar un círculo
perfecto y otra vez es tiempo de la Beijing opulenta. Arquitectos,
artistas e intelectuales de todo el país se trasladan a la capital para
participar de exposiciones e inauguraciones de elegantes boutiques.
Los arquitectos están cada vez más cómodos con la próspera clase alta
china, deseosa de abandonar sus austeros apartamentos y mudarse a chalets
millonarios.
"Parece una revolución en el gusto. Todos están interesados en
arte, diseño y cultura, y no se trata sólo de dinero", dijo a IPS
Emily Zhang, propietaria de Qin Gallery, una de las galerías de arte
pioneras en Beijing.
Los chinos pierden lentamente el rechazo ideológico al lujo y sienten una
mayor atracción por la arquitectura, el diseño de interiores y el arte
moderno.
"¿A qué aspiras luego de comprarte una casa y un auto? Los
acaudalados quieren adquirir un nuevo estilo de vida, y cuanto más
opciones, mejor", afirmó Celia Shi, presidenta de Illinois Company,
una empresa de diseño de interiores.
Aunque tiene nombre en inglés, se trata de una firma cien por ciento
china. En sus nueve años de historia, la compañía ha crecido
aprovechando la nueva inclinación de los ricos por muebles suntuosos.
La apertura en Beijing hace seis años de una sucursal de la casa sueca de
muebles Ikea también contribuyó a despertar entre los chinos un mayor
interés por el lujo.
"Hecho en China" ya no es sinónimo de barato y de baja calidad.
Ahora hacen furor los muebles neoclásicos hechos de madera sólida y
oscura, con ribetes orientales, como hojas de bambú grabadas, combinadas
con adornos modernos de metal o vidrio.
Están de moda las mesas de marfil o vidrio, acompañadas por sillas
tapizadas de terciopelo y seda.
Además, existe una tendencia a volver al antiguo estilo imperial, incluso
en los círculos de arte moderno de Beijing.
Las obras del pintor Pang Yongjie, que apelan a la estética tradicional
de las dinastías imperiales, se venden cada vez más como accesorios para
los interiores de edificios oficiales o de apartamentos privados.
"Pang es popular porque es abstracto pero a la vez tradicional. Las
curvas de los cuerpos que retrata son sugestivas, pero los colores que usa
son todos de la antigua China: el amarillo, el rojo, el púrpura... y las
pinturas son muy dramáticas", explicó Emily Zhang.
Pero no son solo los diseños de interiores los que están cambiando.
Hace apenas unos años, el sueño de los adinerados era tener haciendas al
estilo español o californiano, pero ahora se interesan más por casas de
campo que combinan el arte moderno con la tradición milenaria china.
"Al mismo tiempo que aumentaba la influencia de Beijing en el mundo,
el estilo arquitectónico de la dinastía Tang (que gobernó la antigua
China entre los años 618 y 907) se ha vuelto cada vez más popular",
dijo Lu Dalong, de la inmobiliaria Cathay View.
La arquitecta Rebecca Xsu cree que la tendencia refleja un deseo de la
clase alta de volver a sus raíces.
"Las personas quieren un escape. Hay demasiado acero y cemento
alrededor nuestro. En el pasado, los habitantes de Beijing vivían muy
cerca de la naturaleza y de la tierra. Nuestras casas de campo tenían
entonces, incluso, techos de tierra. Los arquitectos ahora buscan lo mismo",
señaló.
El renacer del antiguo deseo de vivir cerca de la naturaleza también se
aprecia en un innovador centro de vacaciones diseñado por 12 arquitectos
no muy lejos de la Gran Muralla.
El centro, llamado La Comuna, mezcla las formas ultramodernas con las
tradicionales chinas.
La originalidad de este estilo "hecho en China" fue reconocido
en la Bienal de Arquitectura de Venecia 2002, donde el promotor
inmobiliario de La Comuna, Zhang Xin, recibió un premio especial.
(FIN/2004)
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