NUNCA EN MARTES: Cuestión de Días
Al Dr. Lars Ivar Owesen-Lein Borge; y a
Alfredo Villanueva-Collado, inspiración
perenne.
Nada más
pego la mejilla en la almohada y cierro los ojos. Hago como si pudiese
dormir y procuro respirar a un ritmo que justifique mi presencia en la
cama. A veces siento como si las sábanas y las cobijas estuvieran ahí,
esperando por mí, pero al llegar yo e intentar acomodarme, entonces
no acaban de comprender cómo es que vengo de tan lejos para descansar
y ni siquiera eso consigo.
Anoche
estuve pensando en eso. Creo que debí habertelo dicho. Jamás he
vuelto a dormir como lo hacía antes de tí. Jamás he vuelto a tener
esos sueños donde volaba, ni aquellos en los que me enfrentaba a algún
demonio o ente maligno... No, ahora mis sueños giran en torno a tí.
Tus brazos que me cubren por completo. Tu respiración en mi espalda.
Tus pies sobre mis muslos... Tantos detalles que no puedo recuperar si
no estás a mi lado.
Creo que
es lógico: después de haberte buscado por todos lados, te encontré.
¡Qué Felicidad!... pero ¿Ahora qué hacemos? Nos comprometimos a
ser una sola e indivisible unidad; como la Santísima Trinidad, pero
de dos... Formamos un todo en este micro-cosmos que somos entre
abrazos, besos, caricias, miradas, resquebrajamientos de más de un
silencio con tu sonrisa que es iridiscente.
Desde que
te fuiste la cama parece diez veces más grande... procuro acomodarme
en tu lado, poner mi cabeza como cuando te abrazo por las noches...
busco la posición en que nos quedamos dormidos tantas veces... pero
me falta tu cuerpo. Me falta tu respiración. Me falta el peso de tu
cuerpo cuando te recargas en mí para voltearte y darme la espalda.
Sé que es
cuestión de días, pero me haces tanta falta que no sé cómo podré
volver a conciliar el sueño si tu presencia me es tan importante.
Como cuando me dices "Voy en un rato..." y me quedo dormido...
hasta que siento que te quitas la ropa y te acercas sigiloso...
Entonces extiendo mi brazo y descubro la cama. Tu cuerpo fresco entra
en contacto con el calor del mío. Nos damos un beso. Sonreímos en
medio de la obscuridad del cuarto. Sabemos que un beso significará
"Buenas noches, que descanses." A veces lo enunciamos, pero
las más de las ocasiones simplemente dejamos que nuestras fuerzas se
conviertan en nuevos bríos para el día siguiente.
Espero
poder dormir. He despertado tantas veces sin tí. Aunque sé que
estamos juntos, tan juntos que no existe tiempo ni espacio, la cama
parece demasiado grande para mí. Las sábanas y las cobijas buscan
tus brazos y tus piernas y tu cuerpo todo. Y las almohadas velan
deseando que seas tú quien esté con este hogar que sin tí está
como sonámbulo.
Nada más
pego la mejilla en la almohada y cierro los ojos. Anoche estuve
pensando en eso; así me quedé dormido... Creo que es lógico: después
de haberte buscado por todos lados, nos hemos encontrado. Y sin
embargo, desde que te fuiste la cama parece diez veces más grande. Sé
que es cuestión de días, pero me haces tanta falta... Espero poder
dormir. Espero poder aguantar esta necesidad de tus caricias y de tu
voz. Me voy a la cama... Durmamos un rato... en espera de tu próxima
presencia física. Te Amo. © Agustín Villalpando/Enkidu.
23 de noviembre, 2004 -01:09 am
