La buena y vieja medicina, 

por © Gilda Alexandra/Enkidu

Presidenta de Trans-Gen.

Cuando era adolescente y tenía preguntas que hacer sobre el sexo, casi siempre lo que recibía por respuesta era “búscalo en un libro.” Por alguna razón tenía a mi disposición libros de medicina y desde esa edad me interesó estudiar dicha disciplina. En mis clases de biología era la mejor de la clase, la única que no le daba asco diseccionar a una rana o conejo, previamente muerto (prácticas crueles, que aparentemente ya no se llevan a cabo), pues para algunos alumnos es algo verdaderamente traumático. ¿A qué viene todo esto? Pues bien, a que, al preguntar qué era un homosexual y consultar a un libro, me encontré con dicha definición y verdaderamente me sacudió hasta lo más profundo de mi ser; citaré textualmente y haré mención del libro para evitar líos de derechos de autor, pero principalmente para poner en evidencia las “definiciones científicas” de esos años, según el Gran Libro de la Salud, Enciclopedia Médica de Selecciones del Reader`s Digest, edición de 1971 nos dice:

“Homosexualidad
Es la relación exclusiva con personas del mismo sexo. Aun cuando ciertos estudios hereditarios afirman la gran importancia que la herencia tiene en este trastorno, la mayoría de los autores se inclinan a favor de una causa biográfica y psicológica (deseo de los padres de tener un hijo del otro sexo y educación en tal sentido, seducciones con fijación en edad precoz, etc.). La homosexualidad se oculta o se ostenta según el espíritu social de la época. La legislación de los distintos países varía mucho al respecto: desde un carácter fuertemente punitivo a la aceptación del “matrimonio legal” entre homosexuales. El tratamiento es el psicoterápico, por más que representa factor decisivo con respecto al éxito la voluntad del enfermo por curarse. Es muy frecuente que el homosexual acuda al psiquiatra más que nada en busca de un certificado o una justificación ante posibles sentencias punitivas pendientes.”

Pero qué dice respecto a otras “variantes de perversión”.

“Fetichismo

La excitación y la satisfacción sexuales sólo tienen lugar en relación con prendas de vestir, cabellos o pequeñas propiedades de la persona amada. De aquí que sea frecuente el robo de tales objetos. La excitación se produce sólo con la visión de los mismos.

Transvestismo

El transvestismo, aunque está emparentado con la homosexualidad se da también en sujetos sin práctica homosexual. El placer lo logra el individuo mismo vistiéndose con ropas del sexo opuesto. Es frecuente que además solicite a algún cirujano plástico una operación para transformar sus genitales en órganos del sexo opuesto. En estos casos, la perversión es más profunda (transexualidad).”

No sé si reírme a quijada batiente o ponerme a llorar. Si, mis queridos “perversos,” somos una bola de enfermos que acudimos al psiquiatra para que no nos metan al bote o para buscar una cura a la estupidez de nuestros padres (¡¡¡Yaack!!!), pues los causantes de dicho “trastorno” son ellos. Pero lo más risible o lamentable, como quieran verlo, es que es una moda que en ciertos países nos den “chance” de casarnos con la persona que amamos, lo cual en 1971 NO OCURRIA. La carga de culpabilidad que adquirí gracias a estas definiciones “científicas” fue terrible, pues me decían que como una persona transexual Yo era un ser perverso y una posible delincuente, pero me daban la esperanza de curarme por lo menos.

La homosexualidad se removió de las enfermedades mentales en los Estados Unidos en 1974 y con ella la disforia de género. Como decía Sigmund Freud: ”Efectivamente, el mundo hace lentos progresos, hace sólo trescientos años me hubieran quemado.” Demos gracias por aquellos que se han ocupado de investigar realmente; de educar y no de perpetrar la ignorancia; de hacer que este mundo avance en la tolerancia y la igualdad de derechos, no es moda, que nos permitan el matrimonio con personas del mismo sexo o expresión sexogenérica: es nuestro derecho, como el de cualquier ciudadano, así como tampoco terminar en la prisión por ser lesbiana, gay o transgénero, que en esta materia México es uno de los países más atrasados, pues muy a nuestro pesar siguen ocurriendo crímenes de odio por homofonía, golpizas a chavas trans, el cierre de centros recreativos. Yo quisiera saber ¿si por cada antro que cierren en la ciudad nos darán un deportivo exclusivo para el colectivo lesbico-gay-bisexual-transgénero, LGBT, en esta ciudad? ¿Será así?
Pero eso en cuanto a derechos y los señores doctores ¿Qué? Hay médicos que ejercen su profesión con estas ideas del siglo pasado y al parecer a las autoridades educativas de este país les importa un rábano acabar con estas barbaridades, pero ¿y la ética médica? Hay por ahí un juramento llamado de Hipocrates que muchos médicos nuevos consideran algo de adorno y un verdadero fastidio; algo que se “recita” al terminar la carrera y, en algunos casos, ni eso. Recuerdo la última vez que fui con un médico totalmente ajeno a mi situación, me miró con un profundo asco y todo el tiempo mantuvo el escritorio entre él y Yo, de esa manera me auscultó las amigdalas que tenían una infección, según él, bacteriana. 

¿Cuáles fueron sus parámetros de juicio? Simple, las uñas largas, el cabello largo y las cejas depiladas, sólo por eso no hizo bien su trabajo, no fuera que al tocarme se fuera a volver gay... y como este hay muchos que andan por ahí ejerciendo su profesión con la ética de una cochinilla. En una ocasión me tocó ver cómo un “médico” con toda la seriedad del mundo, muy  profesional, revisó a su paciente y cuando salió del consultorio, no paraba de burlarse de su paciente con sus compañeros, tan sólo por ser homosexual ¿Qué nos esperamos las chicas y los chicos trans? Un trato peor aún, pues tan sólo nuestra apariencia los confronta con sus miedos o sus deseos. Creo que ya va siendo hora de que se les obligue a analizar este juramento y al que no lo comprenda, ni el titulo se le otorgue y se le den clases de ética hasta que lo entienda el muy burro. Aquí esta ese juramento.

"Por Apolo médico y Esculapio, juro: por Higias, Panacace y todos los dioses y diosas a quienes pongo por testigos de la observancia de este voto, que me obligo a cumplir lo que ofrezco con todas mis fuerzas y voluntad.

Tributaré a mi maestro de Medicina igual respeto que a los autores de mis días, partiendo con ellos mi fortuna y socorriéndoles en caso necesario; trataré a sus hijos como mis hermanos, y si quisieran aprender la ciencia, se las enseñaré desinteresadamente y sin otro género de recompensa. Instruiré con preceptos, lecciones habladas y demás métodos de enseñanza a mis hijos, a los de mis maestros y a los discípulos que me sigan bajo el convenio y juramento que determinan la ley médica y a nadie más.
Fijaré el régimen de los enfermos del modo que le sea más conveniente, según mis facultades y mi conocimiento, evitando todo mal e injusticia.
No me avendré a pretensiones que afecten a la administración de venenos, ni persuadiré a persona alguna con sugestiones de esa especie; me abstendré igualmente de suministrar a mujeres embarazadas pesarios o abortivos.
Mi vida la pasaré y ejerceré mi profesión con inocencia y pureza.
No practicaré la talla, dejando esa operación y otras a los especialistas que se dedican a practicarla ordinariamente.
Cuando entre en una casa no llevaré otro propósito que el bien y la salud de los enfermos, cuidando mucho de no cometer intencionalmente faltas injuriosas o acciones corruptoras y evitando principalmente la seducción de las mujeres jóvenes, libres o esclavas. Guardaré reserva acerca de lo que oiga o vea en la sociedad y no será preciso que se divulgue, sea o no del dominio de mi profesión, considerando el ser discreto como un deber en semejantes casos.
Si observo con fidelidad mi juramento, séame concedido gozar felizmente mi vida y mi profesión, honrado siempre entre los hombres; si lo quebranto y soy perjuro, caiga sobre mí, la suerte adversa". Hipocrates de Cos (460-377 a.C.).

©  Gilda Alexandra*/Enkidu.

* Presidenta de Trans-Gen.

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