Yanomami estrena compendio
Humberto Márquez
CARACAS, nov (IPS) - Cuando un yanomami muere
su nombre no debe pronunciarse por algún tiempo para no agredir su
memoria, lo cual puede ser un problema si se llamase, por ejemplo, Shoco,
pues también identifica al oso melero que prolifera en las selvas del sur
de Venezuela y norte de Brasil donde habita este pueblo aborigen.

Pero la dificultad está resuelta por la riqueza
lingüística de este pueblo de más de 25.000 años de existencia,
testimonio viviente del neolítico. Los nombres de animales y también de
algunas plantas tienen un sinónimo absoluto, por lo que ”shoco” es
además ”aroto” y la comunidad puede expresarlo sin violar el precepto
que protege al difunto.
Esto es lo que informa una de las 10.000 entradas del ”Compendio
ilustrado de lengua y cultura yanomami”, un libro ya en imprenta de la
antropóloga y lingüista francesa Marie-Claude Mattéi, y que de mero
diccionario pasa a ser un manual enciclopédico para su uso en las
escuelas yanomami y por los estudiosos de su lengua y cultura.
Al cabo de 15 años de investigaciones, ”orientamos el esfuerzo a
producir algo más fértil y rico en información que un simple
diccionario, una obra que pudiera acompañar los esfuerzos didácticos a
que están obligados para con sus comunidades indígenas el Estado y la
sociedad de Venezuela”, dijo Mattéi a IPS.
La nueva Constitución de Venezuela, de 1999, dedica un capítulo entero a
los derechos de los pueblos indígenas, entre los cuales el de ”una
educación propia y a un régimen educativo de carácter intercultural y
bilingüe, atendiendo a sus particularidades socioculturales, valores y
tradiciones”.
Los yanomami o ”hijos de la luna”, que suman hoy unas 15.000 personas
en Venezuela y 12.000 en territorio brasileño, forman parte de los 34
pueblos indígenas que habitan principalmente las fronteras venezolanas
con Colombia, Brasil y Guyana.
El censo de 2001 indica que 300.000 de los 25 millones de venezolanos son
aborígenes. Los yanomami son mayoría en el municipio Alto Orinoco, cuya
alcaldía sin embargo suele estar en manos de activistas de las minorías
ye'kuana y piaroa.
Como sus vecinos, los yanomami avanzan ”a veces de modo anárquico hacia
el mundo criollo. Quieren lanchas voladoras, tecnologías que hagan su
vida más cómoda. En el roce puede haber riesgo para su cultura y lengua,
pero ante ello no cabe una actitud falsamente romántica, como pedir que
vivan en una burbuja”, comenta Mattéi.
La lengua yanomami y la sanima son de las más robustas entre las indígenas
de Venezuela, según otra antropóloga, María Eugenia Villalón.
”Al menos siete idiomas, mapoyo, añú, baré, sáliva, yabarana, uruak
y sape están en estado crítico”, dijo a IPS Villalón, dedicada a
recoger y conservar lo que queda de la lengua mapoyo.
Un idioma, advirtió Villalón, ”no está amenazado ni se extingue
porque lo hable un reducido número de individuos, sino porque deja de
utilizarse y transmitirse de padres a hijos, y su grado de riesgo se mide
por la cantidad de niños que lo hablen”, ya casi ninguno en el caso de
los mapoyo, con apenas algunos adultos que lo emplean.
Sin un esfuerzo de reconstrucción y de apoyo a los indígenas ”esas
literaturas que han sobrevivido más de 500 años (desde la llegada de los
españoles y portugueses a América) irán desapareciendo lentamente, no
podrán más”, advirtió otra especialista, Lyll Barceló, compiladora
de los mitos de la etnia guahibo.
Con parecidas preocupaciones, Mattéi elaboró su Compendio en cinco
partes, la primera de las cuales es una historia y descripción del pueblo
yanomami, seguida de una guía para la comprensión y manejo del
diccionario. ”Comencé con una tabla de referencias y conjugaciones,
para describir el sistema verbal de esa lengua”, narró.
Los yanomami ”emplean varias clases de futuro y varias de pasado, y el
verbo soporta direccionales con el uso de sufijos que entregan todas esas
precisiones”, indicó.
”No he utilizado sólo la información que yo misma recogí, sino también
la que aportan numerosas obras sobre los yanomami”, advierte la
investigadora. Asimismo ”lo que agregué fue una descripción del uso de
cada palabra en el ambiente donde vive ese pueblo”, añadió.
Le siguen un glosario de fauna y flora, que a su vez es un compendio, y un
minidiccionario bilingüe castellano-yanomami ”orientado a mostrar las
cosas más difíciles. 'Atar' o 'abrir' se puede decir de muchas maneras
en esa lengua”.
Lingüistas y taxónomos conseguirán luego un glosario de la taxonomía
utilizada por los yanomami para algunos animales, además de láminas e
ilustraciones debidas a la pluma de Jacinto Serowe, miembro de la etnia
que acompañó los trabajos de Mattéi.
”Riesgos para su lengua hay, como los hay en todas partes. Pero olvidémonos
de que los indígenas permanecerán en cápsulas de cristal. Los cambios
son ineluctables y el problema no es el cambio, sino que se le nieguen
oportunidades, derechos a la salud, a sostener sus creencias, y los que
tienen sobre sus territorios”, apuntó la experta.
En el mundo ”hay una globalización galopante, pero en paralelo hay un
resurgimiento e interés por las minorías y una reivindicación de lo
tradicional, para que los pueblos no se pierdan. En Venezuela, con las
Constitución y con este gobierno de Hugo Chávez, se ha recogido el deseo
de hacer algo”, aseveró Mattéi.
La antrpolingüista produjo en 1992 y 1996 dos libros sobre la cultura de
los panare, otra etnia del sudeste y sur venezolano. El Compendio sobre
los yanomami es editado por entidades oficiales venezolanas en colaboración
con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia
y la Cultura, la Agencia de Cooperación Española y el banco hispano
Santander. ( (FIN/2004)
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