Efecto No Previsto del Matrimonio Gay, por Steve Chapman, Chicago Tribune, Traducción: ©Agustín Villalpando Sanchez/Enkidu

Desconozco si el matrimonio gay tendrá todos los efectos negativos que han predicho los conservadores; sin embargo, ya hay uno que ellos no esperaban: los vuelve locos, locos de atar. Ellos han intentado probar que pueden inventar un remedio tras otro que no sólo es innecesario sino que también empeora el problema que supone arreglar.

Su confusión [discombobulation] inició cuando la Corte Judicial Suprema de Massachusetts abolió la prohibición estatal sobre las uniones gay y ordenó que el estado emitir licencias de matrimonio a parejas del mismo género. No importa que la sentencia no tenga efecto más allá del Estado de la Bahía [Bay State]. Considerando la reacción, pensarías que el matrimonio civil entre personas del mismo género iba a ser obbligatorio para todos. El llamado fue que algo, cualquier cosa, debía hacerse.

En primer lugar, los criticos de la decisión ofrecieron una enmienda constitucional para prohibir las uniones legales entre parejas del mismo género en Estados Unidos. A pesar de que fue apoyada por el Presidente Bush, explotó desde la plataforma de lanzamiento. La enmienda constitucional necesita 67 votos para ser aprobada en el Senado, y en este lugar apenas logró 48 simpatizantes.

Así que los conservadores rápidamente tuvieron otra idea. Si no puedes enmendar la Constitución, puedes hacerla irrelevante. Propusieron hacer esto retirando la totalidad del asunto lejos de los jueces federales. En Julio, la Cámara de Representantes aprobó la Ley de Protección del Matrimonio [Marriage Protection Act], que en efecto, prohibe que cualquier corte federal, incluyendo la Suprema Corte, realice audiencias que desafíen leyes contra las uniones del mismo género.

¿Por qué esto es necesario? “Esta legislación asegura que la gente y los estados tendrán algo que decir respecto a la política matrimonial [marriage policy],” dijo James Sensenbrenner, Presidente del Comité Judicial de la Cámara de Representantes [House Judiciary Committee Chairman]. Puede resultar una novedad que los conservadores desean que los estados tengan algo que decir sobre política matrimonial. La enmienda constitucional, después de todo, habría logrado exactamente lo opuesto – prohibir que algún estado legalizara el matrimonio gay.

De hecho, la legislación federal ya protege el derecho de los estados para hacer lo que quiera que deseen [to do whatever they darn well please]. En 1996, los Republicanos se manifestaron preocupados de que Hawaii iba a permitir el matrimonio civil entre parejas del mismo género y, evidentemente, forzar a que otros estados aceptaran las uniones gay que se efectuaran ahí. Así que, por encima de las vociferaciones de los grupos pro-derechos gay, promovieron la Ley de Defensa del Matrimonio [DOMA-Defense of Marriage Act], que niega el reconocimiento federal a los matrimonios entre parejas del mismo género y asegurando el poder para que cada estado pudiera hacer de la misma forma.

En ese entonces, DOMA fue impulsada como una forma de proteger el matrimonio tradicional así como la democracia. El ex líder de la mayoría en el Senado, Trent Lott (Republicano por Mississippi) lo describió como “una medida precautoria para asegurarse de que un puñado de jueces en sólo un estado no pueda imponer una agenda social radical sobre la nación entera.” Pero ahora, al haber fallado en lograr que una enmienda constitucional nulificara DOMA, los conservadores desean asegurarse que quienes apoyan el matrimonio civil entre personas del mismo género no puedan persuadir a la Suprema Corte para que emita una decisión que nulifique DOMA.

Prohibir que los jueces revisen una categoría de leyes no es exactamente una noción de los conservadores. Las cortes han tomado la responsabilidad de decidir la constitucionalidad de las leyes desde los primeros años de la república, un rol que se les encomendó en los Documentos Federalistas [Federalist Papers].

Despojándolos de aquel poder es un paso drástico. Los conservadores aseguran que necesitamos impedir que los jueces hiperactivos empujaran dentro de nuestras gargantas el matrimonio gay. Pero ¿quién dice que lo van a hacer?

La Constitución, desde hace mucho, se ha entendido que protege el poder estatal respecto al matrimonio – incluso en los días obscuros de los estados sureños se negaron a aceptar los matrimonios interraciales provenientes de otros lugares. DOMA reafirma el punto al estipular que los estados son libres de tratar las bodas gay como el equivalente al dinero en el juego de Monopoly.

Por supuesto, es teóricamente posible que la Suprema Corte Rehnquist, dominada por personas designadas por los Republicanos, de manera repentina descubrirán un derecho constitucional al matrimonio gay. Sin embargo, preocuparse sobre eso es como preocuparse de que Al Sharpton tomará un voto de silenzio. La Ley de Protección del Matrimonio [Marriage Protection Act] es algo así como un ataque preventivo basado en un temor absurdo.

Haría daños colaterales serios. La iniciativa de ley sentó un precedente que tarde o temprano morderá a los conservadores. Los liberales podrían prohibir que las cortes usen la 2° Enmienda para abatir medidas sobre el control de armas, o la 5° Enmienda que protege los derechos de propiedad para bloquear las regulaciones ecologistas. “”

Una vez que empezamos en este camino, asegura Cass Sunstein, profesor de derecho en la Universidad de Chicago, “no hay lugar para detenerse.” Cuando se retira algún poder a las cortes, predice él, sería como “una herramienta irresistible” dondequiera que el Congreso considerara urgente aprobar una medida constitucionalmente tambaleante. Esto es peor que un juego de suma cero[zero-sum game]. Es más como la vieja visión de la guerra nuclear: Destrucción Mutua Asegurada [Mutual Assured Destruction].

Reaccionar ante la legalización del matrimonio gay en un estado mutilando la constitución o arruinando la división de poderes es el equivalente de una estampida de elefantes cuando ven un ratón. Es más sensibile sólo tolerar al pequeño animal.

 

Steve Chapman