El renovado sueño reeleccionista
de Blair
Comentario de Sanjay Suri
LONDRES, 3 sep (IPS) - La reelección del
presidente de Estados Unidos, George W. Bush, constituye una fuerte señal
para la ciudadanía británica, que acudirá a las urnas a mediados del año
próximo para renovar el Parlamento.
El triunfo del conservador Bush implica que la
debacle de la coalición militar que invadió Iraq, encabezada por Estados
Unidos y Gran Bretaña, no significa la caída en desgracia del liderazgo
belicista en ambos países. No necesariamente
El primer ministro británico Tony Blair se presentará como aspirante a
ocupar por un tercer periodo la residencia londinense de Downing Street.
El fracaso en la búsqueda de armas de destrucción masiva en Iraq, las
admitidas fallas de la inteligencia británica en ese sentido y el
innegable caos en ese país del Golfo no mellaron la confianza de Blair en
sí mismo, y tal vez ni siquiera sus posibilidades.
Si Bush pudo --debe pensar--, él también puede.
El mensaje que llega a Londres desde Estados Unidos es que no se pierden
elecciones sólo por formular un argumento malo.
La renovada fortaleza política de Bush y Blair se produce en momentos en
que se consolidan las alianzas militares de los ocupantes en Iraq.
Las tropas británicas se han trasladado al norte de la relativamente
segura ciudad de Basora para apostarse alrededor de la ciudad de Faluya,
donde se prevén fuertes combates.
La victoria de Bush también fortalece la posición de Blair dentro de
Europa, en medio de previsiones de que el rival de Bush, el senador del
Partido Demócrata John F. Kerry, habría acercado desde la Casa Blanca la
política exterior estadounidense a Francia y Alemania.
El equipo de Kerry había elogiado al canciller (jefe de gobierno) alemán
Gerhardt Schroeder. Kerry no se entrevistó con Blair en su última visita
a Estados Unidos, alegando problemas de agenda.
Cuando Kerry comenzó a distanciarse firmemente de la política de Bush en
Iraq, quedó claro que su hoy frustrada mudanza a la Casa Blanca
significaría el comienzo de la retirada. Para el senador demócrata, la
operación fue ”una guerra equivocada en el lugar equivocado y en el
momento equivocado”.
La caída de Bush habría dado a Blair una puerta de salida segura de Iraq
y le habría ayudado a silenciar las continuas críticas de que es objeto
dentro de su país.
Pero, de ser reelecto el año próximo, no parece posible que Blair tome
una decisión contradictoria con lo que decida Bush, sea lo que sea. Eso
significa, casi con certeza, mantener las tropas en Iraq.
Blair mostró una discreta preferencia por Bush, aunque mantuvo la debida
neutralidad diplomática. Y Bush mencionó continuamente a Blair como su
aliado en Iraq.
Este apoyo, que no mejora, por cierto, la imagen del gobernante británico
ante los votantes de su país, resulta ilustrativa de la especial relación
entre Londres y Washington: Blair ha considerado que Estados Unidos es la
envidia del resto del mundo.
Se prevé ahora que ambos líderes se alienten recíprocamente respecto de
Iraq y de su firme compromiso con la ”guerra contra el terrorismo”.
Buena parte del apoyo que el primer ministro británico concita en su país
procede de esta actitud, y cualquier error en esas campañas es
considerado por sus simpatizantes como un detalle menor.
Pero su apoyo a las aventuras militares y de seguridad de Bush también le
aparejan algunos problemas, como, sin duda, también los tuvo el
presidente estadounidense.
Para Blair, perder significaría el triunfo de las organizaciones
terroristas. Y su fuerza dentro del electorado procede de la determinación
de una gran franja de la población a negar a los terroristas la
posibilidad de ganar.
El triunfo de Bush le puede dar a Blair dolores de cabeza domésticos, en
el sentido más estricto del término. Su esposa, Cherie Blair, es una
exitosa abogada de derechos humanos que invariablemente ha discrepado con
la política estadounidense, en evidente discrepancia con su marido.
La semana pasada, en la Universidad de Harvard, Cherie Blair aplaudió la
decisión de la Corte Suprema de Justicia en Washington de otorgar
protección legal a dos británicos detenidos en la base naval
estadounidense en Guantánamo, Cuba, a lo que se oponía el gobierno de
Bush.
La sentencia constituyó una ”significativa victoria para los derechos
humanos y el estado de derecho internacional”, dijo la abogada ante un
auditorio que colmaba las instalaciones de la universidad estadounidense.
En el pasado, Cherie Blair se refirió a Bush como ”ese hombre”.
De cualquier manera, Blair avanza varios casilleros en su influencia
mundial tras el triunfo de Bush. El rechazo del gobernante estadounidense
en las urnas habría constituido también el implícito rechazo de Blair,
y habría dificultado mucho su campaña reeleccionista en Gran Bretaña.
Por otra parte, Blair ganará influencia sobre el gobierno de Bush. Su política
es menos aventurerista en Iraq, y además respalda la posición palestina.
Pero Blair deberá ganar primero en sus propias elecciones. Y, al igual
que Bush, podría alcanzar un respaldo inesperadamente fuerte. (
(FIN/2004)
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