|
La
Fe: Energía que Sana
por José F. Colón
Poder vivir diariamente con una enfermedad terminal drena la fortaleza
de cualquier ser humano. La fe sirve como un bálsamo, un salva vida que
nos mantiene a flote, convirtiendo lo cotidiano en divino, permitiéndonos
descansar para poder sobrellevar la carga que llevamos con más dignidad
y humanidad.
De las tres virtudes, la fe sobrepasa a la esperanza y a la caridad por
ser la que más da, sin ver a quien o el porque damos. Hay que tenerla
siempre pues sirve de cura para nuestros males y aflicciones.
Cuando vivimos con el Virus de Inmunodeficiencia Humana este factor nos
une con nuestra naturaleza divina, permitiendo que nuestra confianza
crezca, dejando siempre una puerta abierta a que mejoren los
sufrimientos y dolencias que sobrellevamos, poniendo en manos de un Ser
Superior nuestras vidas, confiando que el milagro de la existencia se
manifieste a través de nuestros cuerpos como energía vital de
sobrevivencia.
La fe aleja la desesperación y nos tranquiliza, sirviendo de medicina
para nuestros cuerpos, los cuales sanan al sentirse forrados de una
sensación de amor y bienestar.
No debemos sentir ni temor ni vergüenza en manifestarla porque su
manifestación une la voluntad de los seres humanos hermanados en el
proposito de la búsqueda de la salvación eterna.
Esta energía debe ser alimentada con la meditación y la oración,
abonos necesarios para que la misma fortalezca y se refleje en cada una
de nuestras acciones. Además debe ser el eje de cada uno de los
menesteres que hacemos diariamente, brindando a todos con nuestros actos
guía y ejemplo de disciplina y comportamiento.
La vida puede percibirse como un desorden o un caos, en el cual la fe
sirve de brújula para guiar nuestras acciones presentes, las cuales
tendrán indudablemente un resultado futuro. Si nos dejamos absorber por
la confusión de los tiempos las fuerzas que nos halan al desastre y la
mala fortuna terminarán llevándonos a la sima obscura del sufrimiento.
Tenemos que tener fe en nosotros mismos, en nuestra comunidad y nuestro
pueblo, pero sobretodo en un Ser Superior que nos sirva de ejemplo para
que el amor crezca cual semilla que se convierte en planta y luego
florece.
Nuestra civilización por siglos ha dedicado sus energía al uso de la
ciencia y la razón como base de nuestra existencia y desarrollo. Sin
embargo hoy nos vemos envueltos en guerras y procesos auto-destructivos
que no nos garantizan un futuro balanceado.
Muchas de estas guerras están sustentadas en las diferencias de
nuestras manifestaciones de fe, obstáculo que tenemos que salvar si
queremos salvar nuestro futuro común.
El respeto a la diversidad debe servir como eje que sane nuestras
diferencias al interpretar la existencia.
Ya entrados en el siglo XXI tenemos que convertir nuestra tendencia
auto-destructiva en fuerza motriz que siente las bases para un futuro más
justo y sano, motor de convivencia que saque a flote el aspecto divino
de nuestra humanidad cambiante.
La fe, unida a la razón y la ciencia, sin duda permitirá que
sobrevivamos tiempos que acosan con sumergirnos en una crisis insalvable.
Solamente en la simbiosis de estos tres elementos podremos curar las
heridas que nos desangran, encontrando la cura a nuestra desesperación,
alejándonos de la muerte y sosteniéndonos sobre las bases creadoras de
la vida.
Muchas gracias.
EL AUTOR
|
 |
Nota:
El autor es
Coordinador de
Pacientes de SIDA
pro Política Sana,
organización que
aboga por los
derechos de las
PVVIH/SIDA en San
Juan, Puerto Rico.
Para comentarios
pude escribirle a: jfcolon062@aol.com |
|
JOSE F. COLON, ABRE TUS
OJOS |
|
|
|
|
|
|
|