El complejo camino hacia los microbicidas vaginales y rectales

Los nuevos productos seguirán necesitando programas de prevención

 

El encuentro Microbicidas 2004 que se ha celebrado en Londres tras más de tres días de debates concluye hoy con dos noticias relevantes: una buena, y es que el microbicida vaginal puede llegar al mercado en cinco años, quizá un poco más; la otra no tanto, y es que entonces comenzará la parte dura del trabajo, conseguir que su empleo se generalice y contribuya a una disminución de la incidencia y la prevalencia del VIH en el mundo.

 

No es tan sencillo como parece. Ahora disponemos de un método eficaz al 100% si no se rompe (raramente), el preservativo, y sin embargo su utilización tiene un techo difícil de traspasar. Cierto es que los microbicidas tienen una diferencia: es un método de autoprotección que no requiere el concurso de la pareja. ¿Será esto suficiente para que su uso se extienda como el aceite? La activista María José Vázquez, de la asociación Creación Positiva, cree que no: "Las mujeres que no están capacitadas para negociar el uso del condón difícilmente lo van estar para aplicarse el microbicida; la capacitación personal es algo diferente a la idea de aplicarse un gel en la vagina sin que tu pareja sexual lo sepa".

 

O sea, que no se trata de distribuir alegremente tubos de gel microbicida vaginal y ya está, sino que al igual que ha sucedido con el preservativo, una vez que dispongamos del producto, su éxito va a requerir ir acompañado por una ingente labor de promoción, educación, capacitación y counselling. Se trata, en palabras tomadas prestadas de activistas de las vacunas contra el SIDA, de prepararse para el éxito, y en honor a la verdad esta conferencia Microbicides 2004 no ha prestado demasiada atención a este aspecto crucial.

 

Pero supongamos que alcanzamos el éxito con los microbicidas vaginales: no es el fin de la historia. La transmisión sexual del VIH también es por medio del sexo anal no protegido, una práctica que engañosamente sólo se asocia con el sexo entre hombres, con trabajadoras sexuales o con mujeres etiquetadas de promiscuas de los países occidentales.

 

Algunas de las presentaciones que más han dado que hablar en Londres se refieren a la extensión del sexo anal heterosexual en países en desarrollo. Raju Evasen y sus colegas, por ejemplo, cifran que en Suráfrica esta práctica alcanza un 8% de mujeres, del que sólo un 22% usaba condón (abstract 02571).

El recto humano es un ecosistema particularmente complejo, con al menos dos mucosas diferenciadas según su población celular, una en el recto propiamente dicho y otra en el rectosigmoide. Saber qué microbicida puede aplicarse, en qué zona deber hacerse y cuándo en relación al acto sexual anal constituyen los principales desafíos científicos en un campo de investigación con escasos recursos a causa de los obstáculos morales.

 

Fuente: Elaboración propia.

Más información sobre esta conferencia en www.microbicides2004.org/

 

Joan Tallada / Marion Zibelli

Londres (Reino Unido)