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EXTRACTO DEL DISCURSO DE SONTAG AL RECIBIR EL
PRÍNCIPE DE ASTURIAS
Modelos para una utopía de creación literaria
por SUSAN SONTAG
La concesión de un premio crea una situación inusitada. Quienes lo
otorgan están obligados a creer que su decisión ha sido la óptima.
Quienes lo aceptan están obligados a creer que se lo merecen. Estos
discutibles supuestos son aún más dudosos si el premio no se otorga a
una actividad cuyo mérito puede medirse con más o menos objetividad,
como el deporte o la ciencia, sino al dominio de la cultura, las artes y
el pensamiento.
Cuando pienso en la literatura, en la infinitamente diversa aventura de
afanarse con el lenguaje para contar historias y transmitir el
conocimiento profundo en el que me he anclado, comprometido, durante toda
mi vida como persona moral y consciente, pienso en un amplia escala de
valores que en realidad son metas o modelos con los cuales juzgo mis
actividades personales y literarias.
En un sentido, el empírico o fáctico, la literatura es la suma de
todo lo escrito y tenido por literatura. En otro sentido, el ideal, la
literatura es la suma de todo lo que mejora y hace más necesaria la
actividad literaria. Imaginemos la literatura como una utopía... un lugar
en el que imperan los modelos más encumbrados, casi inaccesibles. Esta es
mi utopía. Aquí están los modelos que infiero o me parece que sustentan
la empresa de la literatura.
Uno. Las actividades literarias (la escritura, la lectura, la
enseñanza) son una vocación ideal, una prerrogativa, más que una simple
profesión, que se sujeta a las nociones comunes de éxito y al estímulo
financiero. La literatura es, en primer lugar, una de las maneras
fundamentales de nutrir la conciencia.
Dos. La literatura es una arena de logros individuales, de méritos
individuales. Esto implica que no se confieren premios y honores al
escritor porque representa, digamos, a las comunidades débiles o
marginadas. Esto implica que no se hace uso de la literatura o de los
premios literarios para respaldar fines ajenos a ella: por ejemplo, el
feminismo. (Hablo como feminista.) Esto implica que no se reparten
recompensas a los escritores como medio de pagar consecutivo tributo a la
diversidad de las identidades nacionales.
Tres. La literatura es una empresa cosmopolita. Los grandes escritores
son parte de la literatura mundial. Deberíamos leer a través de las
fronteras nacionales y tribales: la gran literatura debería
transportarnos.
Cuatro. Las pautas de excelencia literaria, en el seno de las
literaturas en todos los idiomas y en la gama entera de la literatura
mundial, son una lección cardinal sobre la realidad y la conveniencia de
un mundo que aún es irreductiblemente plural, diverso y variado.
Es posible exponer lo que denominamos modelos de un modo más enérgico
(y acaso más controvertido), como antipatías, como negativas.Así es que,
para enunciar de otra manera lo que acabo de decir:
Uno. Desprecio a los valores mercenarios.
Dos. Aversión a hacer uso instrumental de los escritores; por ejemplo,
celebrar a los autores sobre todo en calidad de representantes de
comunidades que se imaginan marginadas, con el fin de manifestarles su
apoyo.
Tres. Cautela ante el filisteísmo cultural que se encubre con la
aplicación de los valores democráticos en materia literaria.Desconfianza
permanente de las afirmaciones nacionalistas y las lealtades tribales.
Cuatro. Eterno antagonismo contra las fuerzas represivas y la censura.
Estos son en efecto valores utópicos. No se han cumplido. Pero la
literatura aún los encarna. Aún estimulan a los escritores. Aún nutren
a los verdaderos lectores. Y es lo que celebra todo premio literario
importante. Por estos valores me honra que la Fundación Príncipe de
Asturias me haya elegido como una de las galardonadas con este destacado
premio.
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