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El dilema de los 13 años
El dilema de los menores de Santa Cruz Comitancillo llega después de los 13 años. Las niñas se deben casar o emigrar para trabajar en casas particulares, mientras que los hombres deben marcharse a las fincas de la Costa Sur o del sur de México.

Texto Francisco Mauricio Martínez
Foto Carlos Sebastían

Entre los aldeanos de Chixal es común escuchar la frase: “Se fueron”. Allí, cuando los labradores se encuentran entre los sembradillos de papa, frijol, trigo o maíz y se preguntan por el destino de sus hijos que han superado los 13 años, “sólo se oye: se fueron”, dice Victoriano Ramírez, un agricultor de esa comunidad, que a sus 43 años ha procreado 10 hijos.

Ericka y Fredy Ramírez esperan ingresar a la escuela en el próximo ciclo escolar, para no emigrar a la capital como lo hicieron sus tres hermanas mayores.

De hecho, él es uno de los aldeanos que muchas veces ha tenido que repetir esa frase. La primera vez fue hace ocho años, cuando su hija Rosa decidió viajar a la capital para trabajar en una casa; luego le siguió Estela y después Mariela. “Ahora sólo vienen para Navidad o cuando es tiempo de elotes” dice Ramírez, quien lamenta no tener idea del lugar donde trabajan sus hijas. “Dicen que en una colonia que se llama Maya (zona 18)... ¡Saber donde será eso!”, dice.

Las adolescentes de la aldea Chixal no emigran a la capital y a la cabecera de San Marcos por gusto, sino porque en la región no encuentran fuentes de trabajo. Además, los padres consideran que, al cumplir 13 años, ya no tienen mayor responsabilidad sobre las menores. “Las mujeres se van por necesidad, porque estamos fregados y ya no podemos mantenerlas, mucho menos darles estudio”, agrega Ramírez.

Pero no solamente las mujeres son las que se ven en la encrucijada de abandonar sus comunidades, ya que también los hombres enfrentan a este dilema. Algunos viajan a las fincas de café de la Costa Sur del país o de México, mientras que otros prefieren jugarse la vida a diario: se convierten en limpiabotas o “chicleros” de cualquier zona de la capital.

“No tengo ropa”

Protección
Continuar con sus estudios y que se respete su horario de trabajo son algunos de los derechos de los menores trabajadores.

- Que la familia donde trabaja lo trate con respeto, garantizando su integridad física y sicológica.

- Que se le respete su horario y el pago que por ley le corresponde.

- Protección contra cualquier trabajo que tenga riesgo, pueda causar daño o ser peligroso para la salud, seguridad o el desarrollo integral.

- Asistir a la escuela y que la familia donde trabaja le permita continuar estudiando.

- No ser explotadas realizando otras tareas, para las cuales no fue contratada.

La principal motivación de estos jóvenes es obtener unos quetzales para poder comprarse una “mudada”, ya que los padres, aparte de que no tienen recursos económicos, consideran, por costumbre, que cuando tienen más de 13 años ya no deben comprarle ropa a sus hijos. “Me voy a ir a la finca, porque no tengo plata y ya no tengo ropa”, dice Evelio García, un joven de 16 años de la aldea Chipel.

Evelio considera que ésta es la única manera de subsistir, ya que después de cumplir 13 años estuvo trabajando en una finca de café de San Marcos y en la capital y siempre tuvo “plata”. “Mis amigos Rosendo y Eliseo están en la finca. Rebeca y Olivia estan en casas haciendo limpieza y están ‘medio medio’… por eso me iré en unos días", afirma el menor.

Se van por necesidad

A raíz de todas esas dificultades, los adolescentes de la zona deciden emigrar. “El fenómeno de la emigración en Comitancillo es muy marcado. Anualmente se pueden apreciar a millares de personas que, en condiciones inadecuadas, son trasladadas a distintas zonas costeras del país. Las causas de la emigración son la falta de fuentes de trabajo, la poca producción agrícola, aumentos de los miembros de la familia...” cita en su página 138 la Monografía del Municipio de Comitancillo, de Rubén Feliciano.

Nadie sabe con exactitud cuántos adolescentes han salido de estas comunidades. Sin embargo, se estima que, por cada familia, emigran tres de sus integrantes, aproximadamente. “Sólo en Chixal, durante los últimos seis años podrían haber salido unos 800 jóvenes, si partimos de que en la comunidad hay 360 familias”, indica Roberto Jordán, dirigente local del Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil, IPEC, de la Oficina Internacional del Trabajo, OIT.

Esta aldea es una de las aproximadamente 40 comunidades de Santa Cruz Comitancillo, municipio de San Marcos situado en la Sierra Madre a 34 kilómetros de la cabecera departamental y a 283 de la capital. Según el Centro de Salud y la Municipalidad, el municipio, fundado el 14 de abril de 1633, tiene 55 mil habitantes que, en su mayoría, pertenecen a la comunidad lingüística mam.

¿Y después de sexto?

Llegar al último año de primaria podría ser un gran triunfo para los pocos estudiantes que tienen el privilegio de poder ir a la escuela. No obstante, el logro se convierte en un pesadilla cuando se dan cuenta de que continuar en la secundaria es imposible, ya que sus padres no pueden seguir sosteniendo sus estudios.

Mavis Graciela, de 15 años, y Abel Ramírez Miranda, de 16, viven este dilema. El año pasado salieron de sexto grado de primaria en la aldea Chipel y la única manera de tener un futuro mejor es abandonando su comunidad. “No hay dinero para seguir dándoles estudio, peor ahora que su papá está enfermo”, se queja Victoria Miranda, madre de los dos menores.

La desesperación ha hecho presa de ambos hermanos, sobre todo porque sus ropas se están convirtiendo en harapos. Graciela dice que no sabe que hará en el futuro, mientras que Abel parece estar seguro de una decisión: “A finales de este mes me voy a la finca a ganar unos Q500 mensuales y en dos meses compro mucha ropa, porque ya no tengo”, dice.

Éste es el caso de los que han tenido el privilegio de culminar su estudios de primaria, ya que la mayoría no llega siquiera a ese nivel. Las estadísticas del Ministerio de Educación señalan que en este municipio solamente el 6.3 por ciento de las niñas culminan sus estudios primarios, mientras que de los hombres lo hacen el 14.6 por ciento. Así también muestra que en los grados de cuarto a sexto sólo estudia una niña por cada tres varones.

Peligro
Mala remuneración, maltrato físico y sicológico, así como realizar jornadas de 16 horas son algunos de los peligros a los cuales están expuestos los menores.

- Abuso verbal, físico y sexual.

- Pérdida de contacto con su familia.

- Sufren discriminación.

- Aislamiento y ausencia de afecto.

- Pérdida de auto estima.

- Abandono de estudios.

- Jornadas de trabajo mayores de 16 horas.

- Mala remuneración.

- No son cubiertas por el Seguro Social.

El final de túnel

La constante migración de los jóvenes ha provocado que algunas instituciones particulares y el mismo Estado estén poniendo atención a estas comunidades y, mediante proyectos, traten de reducir este fenómeno. La primera en llegar a este municipio fue la IPEC de la OIT y, en los próximos meses, lo hará el Ministerio de Trabajo con un proyecto que busca reducir la salida de mano de obra para el trabajo doméstico.

El proyecto de la IPEC-OIT se inició en 2002 con el otorgamiento de mil 300 becas, de Q300 anuales cada una, para todos los niños que asistieran a las escuela del municipio de Comitancillo. “El objetivo principal de este proyecto es retenerlos en las escuelas”, indica Jordán, representante en la región de IPEC-OIT.

Para decidir en qué se emplea la suma de la beca, la junta escolar convoca a los padres de familia y, en asamblea, llegan a acuerdos. Casi siempre deciden comprar un corte y un güipil en San Francisco el Alto, Totonicapán o Salcajá, Quetzaltenango. Otra parte la emplean para recuperar los gastos de inscripción escolar y algunos víveres. “De los útiles escolares no se preocupan porque los proporciona el Ministerio de Educación y la ONG Intervida”, indica Jordán.

Para evitar que llegue la tentación de emigrar, la ayuda continúa al salir de sexto grado. “La beca de Q300 que da el Ministerio de Educación se termina, pero a los que quieren seguir estudiando el ciclo básico IPEC les proporciona una beca de Q250 anuales. La idea es continuar el bloqueo de la emigración” insiste Jordán.

Otro de las ejes de este proyecto está dirigido a los que ya salieron de sexto grado y no pudieron seguir estudiando y para aquellos que, pese a sus buenas intenciones, no concluyeron sus estudios primarios. De estos se encarga Fundap, que enseña a las mujeres de entre 14 y 22 años a bordar y técnicas para salón de belleza. El proyecto actualmente cubre las comunidades de Chipel, Chixal, Taltimiche y El Duraznal.

Los adolescentes también reciben apoyo de Fundep, quien se encarga de capacitarlos para que puedan tener su propia unidad productiva que puede ser de aves, conejos, panadería, peluquería y carpintería. “Lo que queremos es que cada uno tenga su propio negocio o tallercito y que lo vean como pequeña empresa”, indica Josué Hernández, técnico de opciones productivas de dicha institución.

Uno de estos ejemplos es Aureliano López, de 22 años, quien hace años emigró a la capital y la única oportunidad que encontró fue tener una venta de chicles. Este año tuvo pláticas con su padre y al final lo convencieron para que regresara a su comunidad. Enseguida fue a capacitarse a Quetzaltenango, como electricista profesional. No sólo obtuvo el promedio más alto (92) sino que actualmente es el encargado de hacer todas las conexiones eléctricas de la comunidad. Su gran objetivo es que la municipalidad lo reconozca como el electricista oficial.

Letra muerta
Existe suficiente legislación para proteger la explotación de menores, pero no se cumple.

- Constitución Política de la República. Artículo 51. Sobre la protección al menor, derecho a la alimentación, salud, educación, seguridad y previsión social. Artículos 71, 72, 73 y 74 que se refieren al derecho a la educación pre-primaria, primaria y básica con carácter gratuito. Artículo 102 que prohibe ocupar en trabajos a niños y niñas menores de 14 años.

- Código de Trabajo. Artículo 32. Se refiere al contrato de menores de 14 años. Artículo 139 relacionado al trabajo agrícola de menores. Artículo 147 reglamenta el trabajo a menores.

- Ley de Protección Integral a la Niñez y la Adolescencia. Protección integral e interés superior. (Dto. del Congreso de la República 27-2003)

- Ley de Educación. Artículo 33 sobre educación gratuita y obligatoria dentro de los límites de edad. Artículo 50 comprende los 9 grados de educación básica.

- Convención Internacional de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño. Ratificado por Guatemala el 26 de enero de 1990. En su artículo 32 reconoce el derecho de las personas menores de 18 años a estar protegidas contra la explotación económica y el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación.

- Guatemala ha ratificado varios convenios con la Organización Internacional del Trabajo OIT, pero uno de los más importantes es el 138 ratificado el 27 de abril de 1990, el cual establece que la edad mínima para la admisión en un trabajo debe ser de 15 años, y 14 en ciertos casos. También está el Convenio 182, ratificado en octubre de 2002, que se refiere a la eliminación de las peores formas de trabajo infantil.

La Dirección General de Previsión Social del Ministerio de Trabajo también está preocupada por este problema, sobre todo de las niñas que emigran para trabajar en casas particulares. “A raíz de esto se tiene previsto atender a 250 niñas y 50 adolescentes de Comitancillo que se encuentran en riesgo de ser involucradas en el trabajo doméstico en casa particular”, indica Sonia Figueroa, directora general.

El proyecto del Ministerio de Trabajo, que aún no tiene fecha exacta de su inicio, también buscará capacitar técnica y laboralmente a unos 100 padres y madres de familia, con el objetivo de que puedan generarse ingresos y así agenciarse de recursos para reducir la deserción escolar y eliminar el trabajo infantil.

 

Es horripilante
La historia de las niñas que trabajan en casas es parecida a la de los inmigrantes guatemaltecos en EEUU

El asesor laboral Alejandro Argueta, quien realizó el estudio: Breve descripción del regimen legal para el trabajo infantil y adolescente doméstico en Guatemala. Análisis de la legislación nacional e internacional, dice que las niñas de Comitancillo vienen a la capital en busca de mejorar sus condiciones de vida, pero lo único que encuentran es trabajar, trabajar y trabajar.

¿Cómo es la vida de estas menores?

El lado horripilante de esta historia es que cuando estas adolescentes dejan Comitancillo salen con la idea de que aquí en la capital van a encontrar una mejor condición de vida, lo cual es dramático, porque aquí no les respetan el derecho a la jornada laboral, no les pagan el salario mínimo, las tratan sin respeto, las discriminan por ser indígenas y no les permiten seguir estudiando. Es el mismo fenómeno de los emigrantes cuando se van a Estados Unidos, sólo que lo hacemos adentro.

¿Cuál es el futuro que se forman?

La niña se viene a meter a una casa de alguien de clase media o media baja y lo único que logra ahí es trabajar, trabajar y trabajar, por un sueldo más bajo que el salario mínimo. Y si no asiste a la escuela de qué va a parar trabajando.

¿Qué tan peligroso es este trabajo?

Legalmente existe una disposición, desde hace más de 50 años (el Código de Trabajo, 1947), que prohíbe aceptar a menores de 14 años en un trabajo, pero no hemos sido capaces de implementarla y aplicarla. El trabajo doméstico es muy peligroso por sus condiciones. A estas niñas hay que verles los brazos quemados, parecen cocineros, porque no aguantan las ollas de comida y les caen encima. Además, las levantan temprano y se acuestan muy tarde. En el lado emocional hay qué ver cómo crece una persona viviendo y anhelando una vida que no puede tener. Hay qué pensar qué va a ser de estas miles de niñas dentro de unos 10 años.

Y los que se van a las fincas ¿qué tipo de problemas tienen?

El problema número uno es el incumplimiento del pago del salario mínimo. La diferencia entre el salario mínimo agrícola guatemalteco y el de México es muy pequeña (hace unos años era de Q2 y para ir allá deben pagar fotografías y otros documentos. La pregunta, entonces, es ¿qué los motiva a irse hacia ese país? La respuesta es que aquí no les pagan el salario mínimo. Si aquí pagaran el salario mínimo, se bajaría el nivel de migración.


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