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El renacimiento de
Franklin Delano Roosevelt
Comentario de Jim Lobe
WASHINGTON, 25/09/2005 (IPS) - Sesenta años después de su muerte, ésta
parece ser la hora del retorno de las ideas que Franklin Delano Roosevelt
desarrolló durante sus 12 años al frente de la presidencia de Estados
Unidos.
El huracán Katrina, que devastó la ciudad de Nueva Orleans y costas de
los meridionales estados de Louisiana, Mississippi y Alabama, llevó
incluso al presidente George W. Bush a prometer que elevará el gasto público
a una escala sin precedentes en las últimas décadas.
Eso enfureció a conservadores de su propio partido, el Republicano, que
consideran anatema el New Deal ("nuevo trato") del demócrata
Roosevelt, la política de reactivación económica tras la crisis de 1929
basada sobre la asistencia social y el intervencionismo estatal.
Muchas figuras del Partido Demócrata parecen haber recuperado el orgullo
por su viejo credo, y proponen crear una Autoridad Nacional de
Redesarrollo de la Costa del Golfo de México, a la usanza de la Autoridad
del Valle de Tennessee de Roosevelt, y programas de empleo para pobres
basados sobre el New Deal.
Muchos de esos demócratas habían aplaudido a rabiar hace casi 10 años,
cuando el entonces presidente Bill Clinton proclamó "el fin de la
era del 'big government'" ("gobierno grande"), término con
el cual los defensores de la austeridad fiscal describen a un Estado que,
según ellos, gasta más de lo indispensable.
"La prensa no les ha prestado mucha atención hasta ahora a las
iniciativas, porque probablemente las propuestas de New Deal suenan como
reliquias históricas", sostuvo el periodista especializado en
información económica William Greider.
"Pero la oportunidad y adecuación de las ideas --intervención
gubernamental emprendedora, integración a través de muchos frentes-- se
volverá más clara para la ciudadanía si los demócratas reeducan al
electorado", anotó.
Este renacimiento embriónico de las ideas de Roosevelt (también conocido
por sus iniciales FDR) no se limita a la política económica o interna.
Desde hace varios meses, algunos expertos en política internacional
proponen una nueva mirada sobre la diplomacia del periodo de Roosevelt, en
especial su "política del buen vecino" que puso fin a 35 años
de intervenciones militares y ocupaciones en América Latina y el Caribe.
Al cabo de la segunda guerra mundial, cuya finalización no llegó a ver
en vida, sus ideas sirvieron como base para el patrocinio de nuevas
instituciones internacionales, incluida la Organización de las Naciones
Unidas (ONU).
La Gunboat Diplomacy ("diplomacia de la cañonera") y la "diplomacia
del dólar" dominaron la relación entre Estados Unidos y sus vecinos
del Sur de América desde guerra contra España (1898) al influjo del
presidente Theodore Roosevelt (1901-1908).
El demócrata Franklin Delano, primo en quinto grado del republicano
Theodore, puso fin a esas políticas en 1933, su primer año de gobierno,
con la retirada de los infantes de Marina (marines) de Haití y Nicaragua.
Pero la diplomacia del Big Stick ("gran garrote") ya había
logrado propagar el sentimiento antiestadounidense en América Latina, del
mismo modo que ahora lo hace la guerra contra el terrorismo y la ocupación
a Iraq en Medio Oriente, según Tom Barry, del Centro de Relaciones
Internacionales (IRC) con sede en el meridional estado de Nuevo México.
"La 'política del buen vecino' de la presidencia de Roosevelt marcó
un cambio dramático en las relaciones internacionales estadounidenses,
marcado por el repudio explícito de tres décadas de imperialismo,
estereotipos culturales y raciales e intervención militar", escribió
Barry y otros investigadores del IRC que propusieron en un artículo la
"política global del buen vecino".
A medida que los políticos buscan en el New Deal inspiración para lidiar
con la devastación ocasionada por Katrina, "la política del buen
vecino de los años 30 inspira otro enfoque para las relaciones
internacionales, profundamente arraigado en nuestra propia historia".
Roosevelt, quien fue secretario (ministro) de Marina y gobernador de Nueva
York antes de ser elegido presidente, fue el gobernante más influyente
del siglo XX, si no de toda la historia estadounidense.
Atacado por conservadores republicanos de entonces como un socialista y un
traidor a las elites adineradas, a las políticas progresistas --aunque
pragmáticas-- del carismático FDR se les atribuye la salida de la Gran
Depresión, la creación de una perdurable red de seguridad social y el
triunfo en la segunda guerra mundial.
Su presidencia también sentó las bases para un nuevo orden multilateral
basado sobre principios liberales, la seguridad colectiva y la Declaración
Universal de los Derechos Humanos.
Estos logros son tan ampliamente aceptados que, a pesar de la desintegración
de la coalición social que consolidó el New Deal --sindicalistas, minorías
raciales y los dirigentes demócratas del sur-- y los reiterados intentos
de la derecha, nunca tuvieron andamiento propuestas como la privatización
de la seguridad social o el retiro de la ONU.
De todos modos, a medida de que el Partido Republicano viraba aun más a
la derecha desde fines de los años 70, la corriente anti-Roosevelt ha
logrado algunos avances, en especial desde 2001, cuando Bush se hizo cargo
del gobierno.
Los recortes de impuestos sin precedentes para las clases más ricas y el
aumento de gastos en "seguridad interna" y en defensa agotaron
el Tesoro a expensas de los más pobres.
En materia internacional, el unilateralismo de Bush y su apelación a las
armas para resolver los conflictos recuerdan a la política del Big Stick
("gran garrote") de principios del siglo XX.
Las políticas de Bush, tanto internas como internacionales, pierden
popularidad, lo que alienta a una creciente legión de críticos a
proponer correctivos.
Antes de Katrina, la presidencia de Bill Clinton --que logró entre 2003 y
2001 reducir tanto el déficit fiscal como la pobreza-- se vuelve la
favorita en materia interna, y la de su antecesor George Bush, padre del
actual mandatario, en el modelo de política exterior.
Pero la memoria se vuelca hacia Franklin Delano Roosevelt tras apreciar
los daños sin precedentes ocasionados por el huracán y el
desproporcionado sufrimiento de los más pobres, a quienes los medios de
comunicación prestaban escasa atención desde los años 60.
"George Bush no es FDR. De hecho, en cuestiones clave, es el
anti-FDR", consideró Paul Krugman, columnista de The New York Times.
"El New Deal fue establecido sobre el principio de que promover la
cooperación y el respeto mutuo entre vecinos era el único modo de
resolver los problemas comunitarios, y FDR creía que esos mismos
principios debían regir el vínculo a un nivel de comunidad hemisférica
y global. Esas ideas son aplicables hoy como lo eran hace 75 años",
concluyó Barry. ( (FIN/2005)
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