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Racismo entre incas y mandingas
Por Ángel Páez
CHINCHA, Perú, 04/11/2005 (IPS) - La tradición popular dice que todo
peruano tiene algo de "inga" o de mandinga, de indígena o de
africano. Pero los descendientes de los esclavos negros que desembarcaron
por millares en este pueblo costero al sur de Lima entre los siglos XVI y
XVII, cuestionan la validez de ese dicho muy enraizado.
"Si es cierto que tenemos algo de inga (por inca) o de mandinga, ¿por
qué un afrodescendiente no ha sido presidente de Perú en 184 años de
vida republicana? ¿Por qué alguien de nuestro color no ha sido jefe de
la marina? ¿Por qué no hay un programa de televisión conducido por
descendientes de los mandingas y dirigido solo a éstos?", se preguntó
el director del Centro de Desarrollo Étnico, el peruano Osvaldo Bilbao.
Bilbao es participante del Taller Regional para las Américas sobre
Estrategias para la Inclusión de Personas de Ascendencia Africana en los
Programas para Reducir la Pobreza, que eligió como sede la pintoresca
localidad de Chincha, emporio de los esclavos en el Pacífico Sur durante
el periodo del colonialismo español.
La reunión, celebrada desde el miércoles y este viernes con
representantes de diversas organizaciones de naciones latinoamericanas de
afrodescendientes, fue convocada por la Oficina del Alto Comisionado de
las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Bilbao expuso la
experiencia peruana y tropezó con la evidencia de que en este país había
un atraso respecto de lo avanzado en otros.
Bilbao cree que el problema de fondo es que los peruanos son muy racistas.
Es una ironía, porque el más popular equipo de fútbol, Alianza Lima, es
por tradición de afrodescendientes, la expresión religiosa que más
fieles atrae, la procesión del Señor de los Milagros, fue iniciada por
afroperuanos, la música está poderosamente influida por ritmos africanos
y, sin embargo, un negro podría ser impedido de ingresar a una discoteca
de un barrio elegante, a menos que tenga un acompañante blanco y
adinerado.
"La discriminación racial es estructural y no anecdótica ni aislada",
dijo Bilbao a IPS, entrevistado en Chincha, adonde llegaron sus ancestros
como esclavos para reemplazar a la mano de obra indígena.
"Y lo que digo se evidencia no sólo en la falta de participación
real y de representación de las comunidades afroperuanas, sino en su
invisibilidad. Aquí, en Perú, el negro es amigo hasta cierto límite",
sostuvo.
Para abordar estos problemas, el presidente Alejandro Toledo delegó en su
esposa, la antropóloga belga Eliane Karp, la conducción de la Comisión
Nacional de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos (Conapa).
En menos de tres años, el organismo, financiado por el Banco Mundial,
fracasó y fue desactivado en medio de denuncias de dilapidación de los
fondos. Y Karp es objeto de investigación. En reemplazo de la Conapa, se
fundó el Instituto Nacional de Desarrollo de Pueblos Andinos, Amazónicos
y Afroperuanos (Indepa). Pero no hay confianza en que surta efecto.
La presidenta de la Asociación Negra Margarita, Silvia Villa, expresó
sus dudas sobre el éxito del Indepa.
"Somos casi 40 por ciento del total de la población del Perú, y la
mayoría se encuentra en la línea o bajo la línea de pobreza, y sin
embargo en el Indepa los afrodescendientes tenemos sólo dos
representantes", dijo a IPS.
"En el caso de Brasil, el gobierno trabaja con las comunidades
afrodescendientes, hay ministros que son 'afros'. En Ecuador, las
comunidades afrodescendientes tienen una ley, pero en el Perú todavía
tenemos que pelear por ser visibles", explicó Silvia Villa.
En los programas humorísticos de la televisión, los chistes más clásicos
y recurrentes son de dos tipos: los que aluden a comportamientos
homosexuales o al color de la piel de los negros.
La percepción de discriminación de los peruanos descendientes de
africanos no es solitaria.
"Por las experiencias que hemos escuchado, en el Perú aún falta
mucho por hacer. El Estado no es consciente de la situación. Es una
población muy pobre que se esfuerza por tratar de ser visible, mientras
que en otros países, como en el mío, existen políticas concretas para
los afrodescendientes", señaló Deise Benedito, de la organización
no gubernamental de Brasil Fala Preta (Habla Negra).
Los primeros africanos llegaron a Perú para reemplazar la mano de obra
indígena en las minas, pero debido a que morían por las inclementes
condiciones de trabajo en los Andes, fueron enviados a las haciendas de
algodón y caña de azúcar a lo largo de la costa.
En Chincha, donde se reunieron los expertos en la situación de los
afrodescendientes, hubo una hacienda tan grande que llegó a concentrar
30.000 esclavos. El sitio es por eso un centro de alta densidad de población
negra y uno de los focos culturales más importantes en el país.
Todavía quedan vestigios de la hacienda, como las catacumbas donde eran
confinados los africanos, o las celdas de castigo, grilletes y cadenas.
Los visitantes de otros países se emocionaron al recorrer los restos de
un periodo de humillación.
En este país, la mujer negra sólo tiene oportunidades en el mundo del
espectáculo o de los deportes. Las grandes cadenas extranjeras de venta
de ropa o de comida rápida, no las prefieren.
"Aquí en Chincha, hay dos pueblos con alta presencia de
afrodescendientes, El Guayabo y El Carmen. En ninguno existe un teléfono
público. Pero viene gente de todas partes para ver a los músicos que
viven aquí", dijo a IPS Cecilia Ramírez, del Centro de Desarrollo
de la Mujer Negra Peruana.
"Hay mucho racismo. No existimos en la agenda política. Si nos
comparamos con otros países de la región, incluso con aquellas naciones
donde existe menos presencia de afrodescendientes, aquí no se ha hecho prácticamente
nada. Si al menos se reconociera que existimos, entonces daremos un gran
paso", afirmó Ramírez.
"Lo peor es que los peruanos no admiten que son racistas",
explicó Osvaldo Bilbao. "Hay la política del racismo solapado".
La reunión en Chincha es un seguimiento de la Conferencia Mundial contra
el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas
de Intolerancia, celebrada en Sudáfrica en 2001, que concluyó con una
serie de recomendaciones a los gobiernos, como incluir a las comunidades
afrodescendientes en las políticas de salud, educación y lucha contra la
pobreza.
"Es triste y desalentador decirlo, pero en nuestro país no se ha
hecho", afirmó Bilbao.
El experto del Grupo de Trabajo de las Personas de Ascendencia Africana,
Joe Frans, dijo que en su país, Suecia, el gobierno incluyó en el
Programa Nacional de Trabajo un compromiso contra la discriminación y el
racismo, y acordó destinar el uno por ciento del producto interno bruto a
programas de desarrollo.
"El racismo tiene dos elementos ligados, el poder y las diferencias.
Es la mentalidad la que nos hace ver distintos a los demás, y eso se
convierte en un motivo para utilizar el poder y tratar a los otros de la
peor manera posible", graficó Frans.
El relator de las Naciones Unidas sobre las Formas Contemporáneas del
Racismo, el senegalés Doudou Diène, dijo a IPS que había comprobado que
en América Latina las naciones se han construido sobre estructuras
discriminatorias de las comunidades indígenas y afrodescendientes.
"Las naciones latinoamericanas no han conseguido expresar la
multiculturalidad en el poder y en el gobierno", dijo Diène.
"El caso de Perú es particularmente llamativo en comparación con
otros países. Aquí no hay una estrategia legal ni política contra el
racismo. Hay muchísimo por hacer", añadió.
La discriminación pega igual al que tiene algo de inga o de mandinga.
(FIN/2005)
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