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Cultura sin signo político
Por Dalia Acosta
LA HABANA, 17/11/2005 (IPS) - Un grupo de jóvenes artistas rusos
apuesta a recomponer los nexos culturales con Cuba, aunque ahora sin las
mediaciones ideológicas oficialistas que reinaron en la época de la
disuelta Unión Soviética.
La propuesta afloró tras la realización, del 2 al 6 de este mes, del
proyecto "Días de la cultura contemporánea rusa en La Habana".
Bajo el lema de "Freedom" (Libertad, en español) unos quince
diseñadores y cineastas rusos independientes presentaron una exposición
de carteles y una muestra de cine como primer paso de los vínculos.
"Es una manera de restablecer los intercambios culturales por esta vía,
poco a poco y sin levantar grandes expectativas", dijo a IPS el
periodista César Gómez, coordinador de las actividades por la parte
cubana.
Luego de la disolución de la Unión Soviética, en 1991, las relaciones
de todo tipo entre los antiguos socios prácticamente desaparecieron.
El impacto de la ruptura obligó al gobierno cubano a implantar "el
período especial", una forma de reconocer la crisis económica que
aun perdura. En el plano político, las autoridades de la isla se
sintieron traicionadas.
Pero en los últimos años, los ex aliados retomaron tímidamente los vínculos
económicos bajo reglas de mercado, discuten negociar la deuda cubana y,
en la arena internacional, Moscú vota contra el embargo estadounidense a
la isla.
Sin embargo, la iniciativa actual no pretende reproducir los esquemas de
antaño. Se trata de jóvenes creadores "libres de hacer lo que
quieren hacer y de la manera que lo quieren hacer", según Gómez.
La exposición gráfica y la muestra fílmica fueron organizadas desde
Rusia por el Centro Cultural DOM y el Cine Club Fantom, este último
"libre de la ideología oficial y de existencia medio clandestina"
durante la etapa soviética.
De acuerdo con Gómez, el proyecto contó con el apoyo de las entidades
culturales cubanas. Pero la inauguración de la cita transcurrió sin la
presencia de una representación de las autoridades, y la jornada tuvo un
escaso reflejo en la prensa nacional.
El cine independiente ruso nació en Moscú y en la antigua ciudad de
Leningrado a mediados de los años 80, caracterizado por su visión crítica
del socialismo y por abordar temáticas censuradas en la sociedad soviética.
Uno de los iniciadores del movimiento, el realizador Gleb Aleinikov mostró
en La Habana su filme "Tractoristas 2" de 1992, con el que salió
de la "clandestinidad" creativa y gozó del apoyo del
gubernamental estudio Mosfilm.
No obstante, para la crítica rusa de la época, la película "no
continúa las tradiciones cinematográficas del siglo de oro del cine soviético,
sino que representa en sí una humillación sui generis de esta cultura".
Entusiasmado por la posibilidad de reiniciar los contactos con Cuba,
Aleinikov dijo a IPS que los artistas pretendían "mostrar su arte e
intercambiar con los realizadores cubanos", tanto comerciales como
independientes.
La tecnología digital ha posibilitado este país caribeño el surgimiento
de cineastas independientes, cuyas producciones no siempre son bien vistas
por las autoridades.
Los intercambios suponen el logro de una alquimia muy particular entre
artistas de un país que abandonó el socialismo por el capitalismo, y de
otro que proclama ser un bastión comunista.
Sin embargo, para el director Andrei Silvestrov el factor político no
debe obstaculizar la colaboración porque, por ejemplo, en su obra
"no aparece explícitamente el tránsito del socialismo al
capitalismo en Rusia".
Recalca que su cine es experimental, de arte, con apropiación incluso de
técnicas del realismo socialista, "y todo ello sin abandonar la
tradición de la estética nacionalista rusa que prosigue sin apelar a
influencias foráneas".
En opinión de Aleinikov "el cine independiente ruso actual se aparta
del esquema del cine socialista soviético", pues no "trabaja
con una sola visión". Así, "la transformación del país,
todos la reflejamos de manera diferente", aseguró.
Para Gómez "este intercambio cultural tiene futuro, pues ya hay
planes de hacer películas juntos nuevamente" y de realizar "una
muestra de cine cubano en Moscú", informó.
"No estamos hablando de afiliaciones políticas, sino de sentimientos
humanos y culturales con vínculos de muchos años", enfatizó.
Este inicio principalmente en el ámbito del séptimo arte coincide con el
exitoso retorno a las salas del mundo, 41 años después de su estreno, de
la primera coproducción cubano-soviética titulada "Soy Cuba".
Ese filme de Mijaíl Kalatazov pretendía ser una monumental obra de
propaganda a favor de la revolución cubana, y por ello, en su momento,
obtuvo total apoyo de los gobiernos de la Unión Soviética y Cuba.
Sin embargo, tras su estreno en 1964 apenas duró una semana en cartelera
tanto en Moscú como en La Habana. Al parecer, ambos lados coincidieron en
que la obra no colmaba las pretensiones políticas con las que fue
concebida.
Luego de cuatro décadas de olvido, la crítica especializada de
diferentes países la rescata, sin reparar en el factor ideológico, como
una obra de culto por sus extraordinarios valores formales. ( (FIN/2005)
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