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Inquieta convivencia
entre poderosos
Por Antoaneta Bezlova
BEIJING, 17/11/2005 (IPS) - El ascendente poderío económico y militar
de China dominará las deliberaciones entre el presidente de Estados
Unidos, George W. Bush, y las autoridades con las que se reunirá este fin
de semana en su visita a Beijing.
A Estados Unidos le preocupa que China pueda proyectar su creciente
influencia de un modo perjudicial para sus intereses estratégicos económicos
y militares en Asia del Pacífico asiático, e incluso más allá del área.
A Beijing, en cambio, le preocupa que la desconfianza de Washington en el
"carácter pacífico del ascenso chino" y su protagonismo
mundial descarrile sus intensas gestiones para resolver sus enormes y
urgentes problemas económicos y sociales.
Analistas chinos sugieren que la larga fila de funcionarios
estadounidenses que visitaron el país asiático en las últimas semanas (entre
ellos, varios de línea dura) ilustra la atención que la mayor potencia
mundial asigna al gigante asiático y su innegable influencia.
Y esperan que la visita de Bush, este sábado y el domingo, termine con
esta caravana de huéspedes de rostro adusto y muestre, en cambio, un
apoyo de alto nivel a los esfuerzos de China por consolidarse como una
superpotencia mundial.
"Aparte del valor puramente simbólico de la visita, Beijing intentará
conseguir un apoyo explícito de la Casa Blanca a su nueva condición de
potencia mundial", sostuvo Bonnie Glaser, experta del Centro de
Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington y asesora del
gobierno de Estados Unidos en materia de seguridad en Asia.
Un nuevo diálogo estratégico entre las dos naciones comenzó a
principios de año. Beijing pretende el aval de Bush para la mayor
cooperación bilateral esbozada por el el subsecretario (viceministro) de
Estado Robert Zoellick, dijo Glaser en la capital china tras entrevistas
con altos funcionarios.
El alto oficial militar chino Xiong Guangkai confirmó estas aspiraciones
al participar el lunes en un seminario sobre las relaciones bilaterales.
China aspira a "formar un consenso en materia de seguridad y
estabilidad de la región Asia-Pacífico y alentar la prosperidad y el
desarrollo regionales", dijo Xiong a propósito de la inminente
cumbre.
La lista de dignatarios estadounidenses que visitaron China en octubre
incluyó al secretario del Tesoro, John Snow, y al presidente de la
Reserva Federal, Alan Greenspan, seguidos por el secretario (ministro) de
Defensa, Donald Rumsfeld.
El viaje de Rumsfeld a Beijing --el primero desde que asumió el cargo en
2001-- resultó de particular interés a los funcionarios chinos, a causa
de su públicamente declarada desconfianza hacia el ejército chino y sus
intenciones estratégicas.
"Para usar una popular frase occidental: ver para creer", dijo
Wu Jianming, alto diplomático chino y rector de la Universidad de Asuntos
Exteriores de China. "Para todos aquellos del gobierno de Bush que
tienen dudas sobre China, es importante venir y ver el país con sus
propios ojos."
Observadores chinos alegan que ver la atracción por la nueva China ya ha
influido a neoconservadores incondicionales como el presidente del Banco
Mundial, Paul Wolfowitz, para calmar su retórica hostil al gigante asiático.
Wolfowitz pasó de promover la "contención de China" al "compromiso
constructivo con China".
Desde que asumió el cargo este año, Wolfowitz visitó Beijing y consideró
que el gigante asiático usaría su creciente influencia de modo
constructivo, alegó Tao Wenzhao, un investigador en estudios
estadounidenses de la Academia China de Ciencias Sociales al Diario del
Pueblo.
"Esta posición muestra un agudo contraste" con la anterior,
escribió el autor. Cuando se desempeñaba como subsecretario de Defensa
durante el primer periodo de gobierno de Bush, Wolfowitz llegó a
manifestar su aspiración a que los trabajadores chinos realizaran huelga.
Pero mientras Beijing se concentra en los contactos personales entre Bush
y el presidente Hu Jintao, la Casa Blanca está más preocupada por la
agenda de la opinión pública estadounidense.
En el área económica, Washington está particularmente preocupado por la
supuesta "manipulación de la moneda" por parte de Beijing y por
la falta de controles a la propiedad intelectual.
La oleada de exportaciones de China ha alimentado el cada vez mayor déficit
comercial estadounidense, lo que se suma a los argumentos de políticos y
empresarios que exigen una flexibilización monetaria.
En los primeros 10 meses de este año, el superávit comercial de China
sumó 80.400 millones de dólares, en comparación con los 32.000 millones
de dólares de todo 2004.
Fabricantes estadounidenses acusan a China de depreciar el yuan 40 por
ciento para abaratar sus exportaciones a expensas de los trabajadores
estadounidenses.
Ante la presión de Estados Unidos, China apreció su moneda 2,1 por
ciento en julio, pero Washington quiere más. Pero China alega que no
puede hacerlo, dado que millones de sus trabajadores dependen de su auge
exportador.
La semana pasada, ambos países firmaron un acuerdo por tres años para
reducirá las enormes exportaciones chinas de textiles y vestimenta a
Estados Unidos.
Bush sufre intensas presiones del Congreso legislativo para que amenace al
presidente Hu Jintao con sanciones comerciales si China no revalúa su
moneda.
Beijing intentó dar un giro positivo a las fricciones comerciales.
"Las relaciones se están desarrollando y el comercio está creciendo",
dijo Wu. "Las disputas son una señal de la madurez de nuestra relación,
que ha superado diferencias ideológicas".
Además, en materia de seguridad, los dos países parecen haberse
distanciado desde el 11 de septiembre de 2001, cuando Beijing dio un gran
paso comprometiéndose a cooperar en la guerra contra el terrorismo
liderada por Estados Unidos.
China utilizó su creciente influencia en la creación de la Organización
para la Cooperación de Shanghai, un bloque de seguridad regional que
incluye a Rusia y a otras cuatro repúblicas antes integradas a la hoy
disuelta Unión Soviética, para exigir un plazo para el retiro de las
tropas estadounidenses de Asia central.
En julio, la organización solicitó el establecimiento de un calendario
para la retirada de los militares estadounidenses de Uzbekistán y
Kirgizstán, dos de los principales países de Asia central, región riquísima
en recursos naturales.
China también apoyó la inauguración de organizaciones regionales asiáticas,
como la Cumbre de Asia Oriental, que incluye a Australia, Nueva Zelanda e
India pero excluye a Estados Unidos.
Esto generó una "caldera de ansiedad" sobre sus verdaderas
intenciones en Estados Unidos y otras partes del mundo, según Zoellick.
Hablando en Beijing, Zoellick advirtió que China no debería intentar
"maniobrar hacia un predominio de poder" en Asia construyendo
alianzas separadas en Asia sudoriental y en otras áreas.
Analistas chinos respondieron que China no montó una campaña para
desafiar el estatus de Estados Unidos como única superpotencia mundial y
que su auge debería ser visto con una moderación racional.
"Si uno quiere hacer de China un miembro responsable del sistema
internacional, debe aceptar que el país estará cargando con más
responsabilidad y jugando un rol mayor en la región", dijo Tao
Wenzhao. (FIN/2005)
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