Prospera explotación sexual
Diego Cevallos
MÉXICO, 8/3/2005 (IPS) - ”Si
apareces muerta, nadie va a preguntar de qué te moriste”, dijo una vez
una niña hondureña presa en una red de explotación sexual. Como ella,
en América Central hay unos 40.000 menores que viven en un sórdido mundo
de adultos.
Son niñas, niños y adolescentes ofrecidos en
prostíbulos, que aparecen desnudos en sitios de Internet o constituyen la
atracción de espectáculos pornográficos. En general son pobres y no
pueden ejercer sus derechos a vivir una niñez segura y feliz.
Detrás de ellos marcha ansioso un ejército de explotadores, proxenetas y
”usuarios”.
La situación es ”muy grave” en América Central, coincidieron en señalar
a IPS directora de un programa sobre explotación sexual de menores de la
Organización Internacional del Trabajo (OIT), Bente Sorensen, con sede en
Costa Rica, y José Manuel Capellín, director de Casa Alianza en
Honduras.
Es posible que Kathy, cuyo testimonio aparece en una publicación de la
OIT sobre explotación sexual, continúe sometida por adultos o quizá
haya muerto, tal como sucedió con Elena, otra menor hondureña en similar
situación.
”Tengo miedo de qué me pueda pasar acá (el lugar donde ejercía la
prostitución), tengo miedo por mi vida”, había dicho Elena a los
investigadores de la OIT antes de morir en 2002.
Sólo en Honduras hay entre 8.000 y 10.000 niños y niñas explotados
sexualmente, indica un estudio de Casa Alianza realizado el año pasado en
ese país, Guatemala y Nicaragua, pero aún no publicado.
El estudio, algunos de cuyos datos adelantó Capellín a IPS, indica que
en los 50 prostíbulos visitados por los investigadores en Guatemala, se
encontró a menores de 18 años que vendían sus cuerpos.
”La explotación sexual es una de las hijas de la pobreza. En América
Central 80 por ciento de la población es pobre y la mitad de ella es
menor a 18 años”, declaró vía telefónica desde Honduras el director
de Casa Alianza.
Esa organización, que trabaja en varios países con menores en situación
de calle, estima que entre 35.000 y 50.000 niños y niñas son obligados a
prostituirse en América Central. Los investigadores de la OIT no se
atreven a dar una cifra, pero según Sorensen ”son miles”.
En los años 90 se gestó una batería de acuerdos internacionales para
proteger a los menores de la explotación sexual.
En América Central la mayoría de esos instrumentos han sido ratificados,
pero sólo Costa Rica, El Salvador y Panamá actualizaron su legislación
para atender la problemática, mientras en Honduras y Guatemala aún se
discuten reformas legales al respecto.
En la región ”hay un reconocimiento amplio del problema de explotación
sexual y eso ayuda mucho, pero no lo elimina ni cubre la falta de atención
que en general aún tienen las víctimas”, dijo Sorensen, entrevistada
desde sus oficinas en Costa Rica.
Las observaciones de OIT y de Casa Alianza señalan la existencia de un
turismo sexual que apunta a los menores. Además, hay evidencias de que se
están utilizando niñas y niños de la región para alimentar redes de
pederastas en Internet.
La fiscal de la niñez de Honduras, Marisol Rodríguez, dijo a fines de
febrero haber hallado con sus homólogos del istmo lo que parece ser
amplia una red de pornografía infantil por Internet.
En un estudio de 1997, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef),
indicó que personas jubiladas de Estados Unidos y Europa se instalaron en
América Central para hacer uso de los servicios sexuales de infantes.
Esa agencia de la Organización de las Naciones Unidas realizó un sondeo
entre los menores obligados a prostituirse y descubrió que cerca de 70
por ciento de ellos tenía una o dos parejas por día.
Además, reveló que 93 por ciento de los menores sufrieron alguna vez
enfermedades de transmisión sexual como herpes genital, gonorrea,
papilomatosis, tricomoniasis vaginal, sífilis y hasta variantes de sarna.
Casi 65 por ciento de las niñas entrevistadas por Unicef relataron que
sus primeras relaciones sexuales, antes de entrar a una red de prostitución,
fueron con padres o madres, 10 por ciento con tíos, otro 10 por ciento
con hermanos, 2,6 con amigos y cinco por ciento con novios.
Unicef observa que es muy difícil que un menor que cae en las redes de la
prostitución logre librarse, pues al intento se opondrán amenazas,
golpes y torturas.
Psicólogos señalan que un menor explotado sexualmente adquiere huellas
psicológicas permanentes que sólo podrán atenuarse con atención
profesional. Esa asistencia está disponible apenas para una minoría en
América Central, indican los estudios de Casa Alianza y OIT. (FIN/2005)
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