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Chad: “¡Más Fuerza, Señorita!”
DJAMENA,
13 de enero de 2005 (IRIN) - Gisèle Ngamada supo de su seropositividad
hace cinco años. Esta mujer de 36 años, a quien han retirado la custodia
de sus hijos, vive recluida y no desea mas que una cosa: ir a Europa a fin
de poder tener un poco más de vida.

© IRIN
Gisèle
es una de esas personas rara en Chad que ha osado revelar su estatus serológico.
En este país, uno de los más pobres de Africa, donde 200 mil persona
viven con VIH-SIDA, los tabúes que rodean al virus y sus modos de
transmisión son muy fuertes y pocos violan esta ley de silencio.
“Aquí,
desde el momento en que se dan cuenta que tienes SIDA, te conviertes de
golpe en mago con mil cabezas [sorcier à mille têtes]. En principio, todo el
mundo está presto a ayudarme pero concretamente... no hacen nada. Debo
partir para Europa y contar sobre las gentes que me ayudan,” dijo ella.
Es
a partir de la muerte de Emmanuel, su novio, hijo de diplomáticos,
afectado por VIH-SIDA, que el entorno de Gisèle comenzó a preguntarse
sobre su propio estado de salud. Para tener mayor discreción, su familia
la envió a Maroua, Camerún, a centenas de kilómetros de la capital
Djamena.
“Todos
aquellos que estuvieron presenten en el funeral de Emmanuel, en febrero de
1999, sabían que él murió por complicaciones de SIDA, pero no se habló
sobre el asunto. Únicamente se dice que la enfermedad que tuvo fue más
fuerte que la ciencia [plus forte que la science],” recuerda ella.
“Súbitamente,
mis padres comenzaron a hacer preguntas. Un cuñado me envió 40,000
francos CFA (80 dólares) el año siguiente, a fin de hacerme un examen de
sangre en Maroua. Los resultados fueron positivos al VIH. El doctor me
dijo: “Mucha fuerza, señorita” [Beaucoup de moral, mademoiselle].
“Tres
meses después, tuve tuberculosis y mi salud comenzó a degradarse día
con día. Me siento más cansada cada día, pero la tuberculosis fue
combatida rápidamente.”
La
tuberculosis es la principal infección de las llamadas “oportunistas”,
que se desarrollan en los organismos afectados por el VIH, y la primera
causa de muerte en las personas seropositivas. Los pacientes resultan
protegidos si la enfermedad es descubierta con oportunidad.
Luego
de esta primer alerta, Gisèle, demasiado débil para trabajar, renunció
a su puesto como secretaria en una empresa de excavaciones en Doba, al sur
del país. Sin ingresos, ella decidió informar a su entorno sobre su
situación y sus necesidades: Ella debe iniciar un tratamiento con
antirretrovirales (ART), que prolonga y mejora las condiciones de vida de
las personas que viven con VIH.
“Reuní
a mis padres, amigos y vecinos para hablar con ellos. Gentes influyentes
estuvieron de acuerdo en ayudarme a que me cuidara. Me encontraron una
habitación para alejarme de mis hijos y me dieron dinero para mis
antirretrovirales. Dejé de tomar cerveza por consejo de la familia y ya
no hago más el amor.”
Sus
dos hijas, hoy de 10 y 14 años de edad, fueron puestas con una tía. Ella
las ve con frecuencia, a condición de dejar el barrio popular donde vive,
uno de los más importantes de Djamena. Ella vende, de tiempo en tiempo,
cerveza como de “Pari-Vente,” una fiesta que ella organizó en
diciembre en un bar de esta animada colonia y que le significó 1,000 dólares,
que le sirvieron durante algunos meses.
Pero
sus condiciones de vida se degradan. Ella ha perdido la mitad de su peso,
cerca de 50 kilos, y tiene cada vez más dificultades para comprar las
botellas de triomina 30 [triomine 30], los antirretrovirales que cuestan
15,000 francos CFA (30 dólares) al mes a las personas que viven con
VIH-SIDA.
Para
ayudar a las poblaciones con menos recursos (el ingreso medio por
habitante en Chad es de 70 centavos por mes), las autoridades anunciaron
en diciembre que los precios de los ARV serían divididos en tres a partir
de enero.
Pero,
si se puede creer en Gisèle, esta decisión aún no ha sido aplicada y
los cerca de 1,500 personas en tratamiento en Chad continúan comprando
sus ARV a precios prohibitivos.
“No
se puede aguantar más, fui a ver a los responsables del ministerio de
salud pública. Le conté al director general del hospital y al mismo
Aziza Baroud, actual ministro de salud pública. Ellos me dijeron que
tomarán mi caso con mucha seriedad, pero luego... nada.”
Y
Gisèle se manifiesta escéptica en cuanto al rol que pueden jugar las
asociaciones de lucha contra el VIH-SIDA tête-à- tête las personas que
son vulnerables por la pandemia. “Yo fui. Han inscrito mi nombre en la
lista y me hacen promesas que jamás cumplen. La mayor parte de estas
asociaciones fueron creadas para que puedan vivir sus responsables,”
afirmó ella.
De
esta manera, a fuerza de exigir asistencia, “ciertos parientes terminan
por considerarme como uno de los pobres que hacen lo peor para vivir de
sus familiares. De hecho, mis parientes están fatigados de comprar estos
productos y algunos comienzan a dudar de mi seropositividad,” explica
Gisèle.
Ella
recuerda que un médico, pariente de la familia, le aconsejó de volverse
a hacer un examen de comprobación, para verificar su estatus serológico.
“El dijo que, normalmente, debo morir luego de 10 años de la
contaminación con VIH, pues me nutrí mal y viví en la abulia y que
estas son condiciones malas de vida.”
Pero
para Gisèle, lo más dificil de sobrellevar, es la estigmatización y la
discriminación hacia las persona que viven con el virus en Chad. “Los
parientes se apartan, algunos se niegan a abrazarme cuando lo necesito. Es
duro. Ocasionalmente, cuando invito gente a mi mesa, se niegan a comer
conmigo. De hecho, no comprenden cómo se propaga el VIH-SIDA.”
Gisèle
ha ensayado bien, por tanto, para sensibilizarlos sobre los modos de
transmisión y de prevención del VIH. Desde hace cuatro años, entre 2001
y 2005, cuando realizó sesiones de sensibilización que realizaba en la
noche, en su habitación, donde sus amigas seropositivas recibieron
consejos e información para vivir con el virus. Pero ella decidió acabar
con ellas luego de la muerte de cuatro de ellas.
“Muchas
amigas que se saben infectadas vienen a verme a casa. Ellas desean obtener
indicaciones sobre la manera en que yo vivo mi seropositividad. Ellas
vienen en la noche, pues para ellas, el sida es una enfermedad de la
deshonra pues está ligada al sexo [une maladie de la honte car elle est liée au sexe].
“Yo
les doy consejos, pero ellas no pueden mantener su situación. Desde 2001,
Ndolassoum, Caroline, Juliette y Germaine han muerto, ellas se negaron a
comer para morir rápido [elles ont refusé de s’alimenter pour vite mourir]. Yo las entiendo y luego,
cesé todas las campañas.”
En
2004, Malagné, hermana menor de Gisèle, ella también, hizo el
descubrimiento. Ella es seropositiva. “Malagné siempre ha tenido miedo
de estar cerca de mí. Es porque se dice que cuando se me acercan, mueren,”
concluye Gisèle.
TCHAD: «Beaucoup de moral, mademoiselle !,» © IRIN, 13 mars de 2005, Traducción
al castellano © Enkidu.
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