Un filme acerca a civiles y
militares
María Cecilia Espinosa
SANTIAGO, 15/3/2005 (IPS) - El ejército de
Chile apoyó la realización de una película sobre el conflicto con
Argentina de 1978 por la soberanía del canal de Beagle, en el marco de
una aproximación a la sociedad civil que busca dejar atrás conflictos
relacionados con la dictadura de 1973-1990 y sus violaciones a los
derechos humanos.
El hermetismo con que la fuerza armada había
manejado hasta ahora esa crisis, que estuvo a punto de desatar una guerra,
cedió ante el énfasis en recoger historias humanas por parte del
cineasta chileno Alex Bowen, quien apeló con éxito al ejército para
conseguir el apoyo logístico necesario en el rodaje del filme”Mi mejor
enemigo”, cuyo estreno está previsto para el 5 de mayo.
Con la experiencia de su ópera prima, ”Campo Minado” (2000), a Bowen
le interesaba develar el misterio del conflicto por ese canal situado al
sur del Estrecho de Magallanes, que conecta a los océanos Atlántico y
Pacífico, y descubierto en 1830 por la expedición inglesa de Parker King
y Fitz Roy.
”Mi mejor enemigo”, narra los días de tensa guardia de una patrulla
militar chilena que, en medio de la pampa, interactúa y forma vínculos
de solidaridad con una patrulla argentina.
En 1978, bajo las dictaduras de los generales Augusto Pinochet en Chile y
Jorge Rafael Videla (1976-1981) en Argentina, se llegó al borde de la
guerra por la soberanía sobre tres islotes en el extremo oriental del
Beagle. La mediación del Vaticano evitó el conflicto.
Punta Arenas, 2.300 kilómetros al sur de Santiago, fue la ciudad chilena
que con mayor intensidad vivió la tensión de esos días, y en ella
”quedan las trincheras, campos minados, las autopistas preparadas como (pistas
de) aterrizaje y las cruces pintadas en los hospitales”, dijo Bowen a
IPS.
La dictadura de Pinochet manejó en silencio la crisis de 1978, la prensa
apenas informó a la población de los acontecimientos, y muy pocos se
enteraron de que se estuvo a sólo horas de un enfrentamiento en el
extremo sur de la Patagonia.
Chile y Argentina comparten una frontera de más de 5.000 kilómetros. En
julio de 1881, un tratado estableció como límite entre ambos países la
línea de mayor altitud de la cordillera de Los Andes, que divide las
aguas, y reconoció soberanía chilena sobre el estrecho de Magallanes, la
parte occidental de la Tierra del Fuego y las islas al sur del Beagle.
Luego de numerosos incidentes limítrofes en ese canal, en mayo de 1977 la
reina de Inglaterra y un tribunal británico convocados como árbitros
declararon que las islas Picton, Lennox y Nueva, al este del Beagle, eran
indiscutiblemente chilenas, pero Argentina desconoció el fallo.
Se desató la crisis. En vísperas de la Navidad de 1978, del 21 al 22 de
diciembre, las flotas chilenas y argentinas planeaban enfrentarse en las
aguas disputadas, pero condiciones climáticas desfavorables impidieron el
avance de los buques, el despegue de helicópteros y la realización de
desembarcos.
El 22 de diciembre, el papa Juan Pablo II intervino como mediador y nombró
al cardenal Antonio Samoré como su representante. Las gestiones de ese
prelado culminaron exitosamente el 29 de noviembre de 1984 con la firma de
un Tratado de Paz y Amistad entre ambos países en El Vaticano, luego de
que se reconociera la soberanía chilena sobre las islas y el control
argentino de las aguas orientales del Beagle.
A 26 años de aquel conflicto, el ejército chileno depuso anteriores
negativas y aprobó el proyecto fílmico de Bowen, comprometiéndose a
colaborar con logística, vestuario, infraestructura, vehículos,
instrucción y personal.
”Es la primera película filmada bajo la línea del ejército de Chile
en cuanto a su formación, contextura, orgánica y presentación. Es un
producto completamente nacional”, señaló a un medio local Iván de la
Fuente, jefe de Proyectos del Departamento de Historia Militar, asesor del
proyecto.
La Fuerza Aérea facilitó aviones de combate de la época y recreó un
puesto de mando, y el cuerpo de Carabineros (policía militarizada)
adiestró un perro que destaca en la película.
Esa apertura castrense se enmarca en un proceso de modernización que
busca dejar atrás visiones del ejército que los mandos consideran
anticuadas, y adecuarse a los nuevos tiempos al tiempo que se recupera y
conserva el patrimonio histórico militar.
Bowen asocia el cambio de actitud a que ”lo que más nos convenía a
ambos era trabajar en conjunto y fue lo que hicimos”.
”Les dimos todas las posibilidades: lectura del guión, recibir sus
comentarios y conversar abiertamente, lo que favoreció las confianzas
mutuas”, explicó.
Según el director, lo que más gustó a los oficiales tras leer el guión
fue ”el relato de una historia profundamente humana, que habla de
amistad y reconciliación, de seres humanos perdidos en unas
circunstancias terriblemente feroces”.
El proyecto ha demorado cuatro años desde que Bowe comenzó la
investigación, entrevistó a los protagonistas y construyó el guión. El
rodaje en la Patagonia tomó seis semanas y la post producción un año.
La película, ”basada en hechos reales, tiene dos o tres elementos de
ficción que permitieron novelar la historia”.
La coproducción chileno-argentino-española contó con financiamiento del
Fondo para el Desarrollo de las Artes y la Corporación de Fomento de la
Producción de Chile, además de apoyo del consorcio hispano Ibermedia y
de inversiones privadas.
”Mi mejor enemigo”, seleccionada para los festivales de cine de Mar
del Plata, Toulouse y Buenos Aires, aspira presentarse en Cannes.
Cristián Parker, doctor en sociología del Instituto de Estudios
Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile, dijo a IPS que ”hay
una voluntad explícita, de parte del ejército y de las Fuerzas Armadas
en general, de acercarse a la sociedad civil”, y que ”el apoyo a la
película, entre otros acontecimientos, va en esa dirección”.
Eso es ”un signo de la incorporación de las Fuerzas Armadas a una
redefinición de las labores de defensa y seguridad, en que se entiende
con mayor claridad que la seguridad se vincula con las temáticas de la
integración y el desarrollo”, alegó.
Según el académico, en los últimos 15 años las relaciones cívico-militares
han mejorado en forma progresiva con el avance del proceso democrático y
la modernización y profesionalización de las fuerzas armadas, y los
progresos en los juicios por violaciones de derechos humanos durante la
dictadura fueron un importante factor.
Desde 1990 ”las Fuerzas Armadas han jugado un rol interesante al
reperfilarse para incorporar los temas de defensa y de seguridad en la
agenda de reinserción de Chile en el escenario mundial”, subrayó.
De mantenerse esa tendencia, la aproximación del ejército a la sociedad
civil se profundizará, permitiendo también mayor colaboración en el
sentido inverso, pronosticó Parker, que ha sido profesor de altos
oficiales del ejército doctorados en su universidad, y enseña además en
la Academia de Guerra, lo que en su opinión ha creado un ”espacio de
convivencia muy interesante”.
”Hay una mayor apertura de parte de sectores civiles, incluso
antimilitares o perseguidos por la dictadura, hacia la contribución de
las Fuerzas Armadas a las tareas del desarrollo, la integración y la paz”,
sostuvo.( (FIN/2005)
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