La solidaridad y el orgullo
Por
José F. Colon
“En el 2005 tenemos ante nosotros una
responsabilidad intransferible e impostergable: tratar de lograr
minimizar nuestros egos y resaltar el concepto de solidaridad y compañerismo.”
“El tiempo pasa, y
nos vamos poniendo viejos…”, una canción de Mercedes Sosa es
precisa ante un dilema que confronta nuestra comunidad GLBTT: no le
estamos dando la debida importancia a aquellos que nos han antecedido en
la lucha por nuestros derechos, dando por descontado su sacrificio,
entrega y dedicación. Esto además de ser injusto demuestra una
debilidad que tenemos que superar: tenemos que aprender a lograr que las
nuevas generaciones entiendan que no están inventando la rueda, si no
que ya, en las crónicas de nuestra lucha ha habido mucho trabajo hecho,
a fuerza de sudor y lágrimas…
En el 2005 tenemos
ante nosotros una responsabilidad intransferible e impostergable: tratar
de lograr minimizar nuestros egos y resaltar el concepto de solidaridad
y compañerismo.
Si logramos soldar
estas condiciones sin duda lograremos que se nos reconozca con mucho mas
respeto, admiración y camaradería en todo ámbito. Si seguimos
divididos por nuestras respectivas maneras de ver as cosas o por
nuestras preferencias sexuales y las características que cada una se ha
auto-impuesto todo lo que vamos a hacer es que tendremos que hacer como
Job, pulir la paciencia y esperar por mucho mas tiempo lo que ya debe
ser sentido común.
Si hacemos una
reflexión veremos que nosotros mismos discriminamos en contra de
miembros de nuestra propia comunidad. Por años se ha hablado de las diferencias entre
las lesbianas y los hombres homosexuales, o el desparpajo con que a
veces se habla de los transexuales, la exclusión de los travestís
o la incomprensión de los bisexuales…
Mientras tratamos de
insertarnos en la sociedad común esperando se nos acepte como iguales,
cuando en realidad nosotros mismos no lo hacemos. Tenemos entonces que
empezar a detectar con minuciosidad nuestras diferencias para zanjarlas,
estudiando con mucho amor y con todo el espacio necesario lo que nos une
para subsanar nuestras diferencias al abonarlo e incrementarlo. Dejar
las cosas como están es remar todos con un ritmo diferente, permitiendo
que nuestra barca de vueltas en un remolino que nos traga y del cual no
podemos salir…
Este deber no es
solamente un ejercicio anual, cuando se acerca nuestra semana de orgullo.
Es un esfuerzo diario que tenemos que abrazar con disciplina.
Creo que debemos
darle unas vacaciones a la constante búsqueda de placer pasajero y
dedicarnos de lleno a todo lo que represente la felicidad duradera,
eterna…
Para lograr esta meta
debemos hacer una introspección personal. Tenemos que analizarnos para
poner en el fiel de la balanza nuestras acciones, las aportaciones que
hacemos para mejorar nuestra vida colectiva y defender lo que se nos
niega por causa del discrimen que hemos vivido por demasiado tiempo.
Tenemos que identificar metas a corto y largo plazo para que llegado el
momento de nuestro cambio al mundo espiritual sintamos que no hemos
vivido en balde.
La responsabilidad con la comunidad
tiene que empezar por casa. Por eso ya es hora de que todos empecemos a
afianzar sus bases, creando, a través de nuestros esfuerzos la casa
grande que nos corresponde como comunidad y entonces podamos sentir
realmente lo que defendemos: nuestro orgullo…
Muchas gracias.
Nota: El autor es
miembro de Pacientes de SIDA pro Política Sana, organización con base
en San Juan, Puerto Rico. Defiende los derechos de las PVVIH/SIDA, la
comunidad GLBTT y los derechos humanos en general. Para comentarios
puede escribirle a: jfcolon062@aol.com