Maltrato sistemático a
embarazadas
Marcela Valente
BUENOS AIRES, enero 2005 (IPS) - La imagen naíf
de la mujer embarazada que reposa en un sillón hamaca junto a la ventana,
ante un paisaje bucólico, es la contracara del "trato cruel,
inhumano y degradante" que reciben miles de parturientas argentinas
en los servicios públicos de salud sexual y reproductiva.

Foto: © Kevin Thom
Así se señala en el informe "Con todo al
aire", realizado por dos organizaciones no gubernamentales de
Argentina, con base en testimonios de mujeres de barrios pobres que se
atienden en hospitales, maternidades y centros de salud públicos de la
nororiental provincia de Santa Fe, y soportan toda clase de malos tratos
por parte del personal.
"Si te gustó lo dulce, ahora aguantá" y "no grites,
ponete una almohada", son los comentarios más suaves al momento de
parir. El informe recoge otros, irreproducibles por obscenos. "Son
frases que denigran incluso hasta la humanidad de quien las dice, en su
mayoría obstétricas, enfermeras y médicas", reza el documento.
"Con todo al aire" tomó el título de los relatos de mujeres
que aseguran ser obligadas a permanecer desnudas en el parto o en
consultas ginecológicas donde no se respeta su intimidad ni su privacidad.
"Me metieron la mano más o menos 13 estudiantes", "sentí
rabia, vergüenza", "me metían el dedo como a un fenómeno",
cuentan.
Como los hospitales públicos son escuela para practicantes de la carrera
de medicina, las mujeres son "cobayas" a las que no se consulta
ni se pide permiso. En algunos casos, además de desnudas, las pacientes
están destapadas porque no hay suficientes sábanas, según argumenta el
personal médico en su descargo.
El resultado del informe obligó a las autoridades sanitarias de la
provincia a adoptar medidas para cambiar el estado de cosas en centros de
salud y de formación profesional, a riesgo de ser denunciados ante el
Comité contra la Tortura, Tratos y Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes,
con sede en Ginebra.
El estudio, realizado por profesionales del Comité de América Latina y
el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem) y el
Instituto de Género, Derecho y Desarrollo, coincidió con otro similar
realizado meses antes en la noroccidental provincia de Tucumán, y tuvo
gran repercusión en otras provincias.
"Supimos por otras compañeras que el mismo maltrato ocurre en Tucumán,
Santiago del Estero, Salta, Jujuy, Chaco, Formosa (todas norteñas) y
otras provincias, y por eso planeamos lanzar este año una campaña para
trabajar en seis" de ellas, anticipó a IPS la abogada Susana
Chiarotti, coordinadora regional de Cladem.
La campaña se realizará en Tucumán y Santiago del Estero, consideradas
por Chiarotti como "las provincias más atrasadas en legislación y
trato feudal". También en dos "más avanzadas" en materia
sanitaria, Neuquén y Mendoza (oeste), y en dos "intermedias"
como son Misiones (noreste) y Santa Fe.
También en la ciudad de Buenos Aires IPS conoció denuncias de malos
tratos. Una mujer de clase media que se atendió en un hospital público
dijo haber escuchado a su obstetra quejarse en forma constante de las
embarazadas pobres, porque tenían muchos hijos ("son conejas",
decía), o porque corrían mayor riesgo al ser obesas.
"A vos te hago la cesárea, pero a ella le dije que no para que
tuviera miedo y se cuidara, porque es un cerdo, tiene diabetes y otros
problemas y sigue comiendo", dijo esa médica a la fuente, embarazada
también pero con mayores recursos, que se atendió hace dos años en el
Hospital Rivadavia de Buenos Aires.
La asociación que coordina Chiarotti en la región fue una de las que
presentó en 1999 una denuncia ante la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos, sobre el caso
de una mujer peruana, María Mamérita Mestanza Chávez, que falleció
tras ser sometida a una esterilización cuyo consentimiento se obtuvo bajo
coacción.
En 2002 los familiares de Mestanza consiguieron que el Estado peruano
reconociera la violación a los derechos humanos perpetrada por agentes públicos
de ese país contra la mujer, que se comprometiera a otorgar un
resarcimiento económico a sus deudos, y que se obligara a cambiar sus prácticas
en materia de atención a la salud de las mujeres.
En el caso de Santa Fe, la pesquisa comenzó con el caso de una
adolescente de 16 años que ingresó en 2001 a un sanatorio tras haberse
disparado un tiro en el abdomen para interrumpir su embarazo de siete
meses. La joven sobrevivió, pero recibió un trato extremadamente cruel
en el centro de salud, según constató el reporte.
La paciente debió permanecer en terapia intensiva por algunos días tras
ser operada y no podía moverse, pero las enfermeras la ignoraban cuando
pedía un orinal o un calmante o un orinal ("¡Ponételo solita, nena!",
le gritaba una enfermera), y no le curaron adecuadamente las heridas.
Ante esos datos, las investigadoras contactaron a mujeres de barrios
pobres que se atendían en los mismos servicios, y que tras superar la
barrera de la vergüenza brindaron testimonios de "tratos crueles,
inhumanos y degradantes", según sintetiza el informe.
Las entrevistadas coincidieron en considerar "natural" o
"normal" el maltrato, y en razonar que el acceso a un servicio
gratuito les quitaba el derecho a protestar.
Además, muchas admitieron temer que, si protestaban, serían tratadas aun
peor en el caso de que debieran recurrir otra vez al mismo servicio.
Cladem iba a presentar el informe en Ginebra, ante el Comité contra la
Tortura, pero cuando se difundió, tomó cartas en el asunto la Defensoría
del Pueblo, las autoridades sanitarias mostraron voluntad de cambiar, y el
grupo abandonó su propósito inicial.
"El efecto que estábamos buscando lo habíamos logrado", explicó
Chiarotti. Se refería a nuevos servicios de acompañamiento a las
parturientas y seminarios de sensibilización y capacitación para el
personal que se mostró dispuesto a cambiar.
"Al principio el personal argumentaba que no tiene medios económicos
para atender mejor, pero nosotros insistimos en que respetar no cuesta
nada", remarcó.
De todos modos, Chiarotti está convencida de que el maltrato a las
parturientas de sectores pobres ha llegado a ser "tan masivo"
que no es considerado como tal, y por considera válida la estrategia de
denuncia de violación de los derechos humanos para hacer visibles estos
casos.
El maltrato se suele tornar ensañamiento si una mujer ingresa al servicio
por haber interrumpido en forma voluntaria su embarazo, una práctica
ilegal en Argentina. "Si saben que te hiciste un aborto te hacen el
raspaje en carne viva", reveló una fuente. La práctica del legrado
sin anestesia fue confirmada por personal entrevistado para el informe.
Los testimonios también dan cuenta de la desvalorización de la palabra
de las mujeres pobres, por ejemplo en el caso de una paciente ignorada
cuando avisó que tenía problemas de coagulación.
"Tenés que firmar acá", le dijeron a una mujer casi
desvanecida a la que habían decidido someter a una ligadura de trompas
para esterilizarla. "Si te hacés atender acá es porque yo soy la
doctora. (...) Si vos sabés más que yo, quedate en tu casa y atendete
sola", respondió una médica a otra doliente que hizo una sugerencia.
Los datos son muy similares a los testimonios recogidos por la organización
Nueva Ciudadanía en un estudio realizado en 2003 en la Maternidad Nuestra
Señora de las Mercedes de Tucumán, la más grande del país por cantidad
de partos. Allí se reportan unos 14.000 alumbramientos por año y casi
otras tantas historias de horror.
Las mujeres deben compartir cama. "Una noche al volver del baño había
entrado de urgencia una chica que volaba de fiebre. La pusieron en mi cama.
Me enojé, llamé a la enfermera pero nadie vino, y por conciencia y
humanidad le dejé mi cama y pasé la noche sentada", relata una
parturienta en el informe tucumano.
El reporte señalaba asimismo que es corriente también allí escuchar
frases como "Abrí las piernas y callate, bien que te gustó hacerlo",
"Lo hubieras pensado antes" o "¡Sucia! andá a bañarte
que tenés olor!".
Una mujer que ingresó embarazada a ese centro recordó para el estudio
que tuvo a su hijo sola en la cama, sin entrar a sala de partos. "Espere
que estoy merendando", le había dicho la enfermera cuando pidió
ayuda porque tenía contracciones. Cuando el niño nació, otra enfermera
llegó a reprenderla por "no avisar" y "ensuciar la cama".
¿Qué es lo que lleva al personal, en su mayoría mujeres, a brindar un
trato tan cruel a sus congéneres que atraviesan uno de los momentos de
mayor sensibilidad y vulnerabilidad de sus vidas? ¿Acaso ninguna de ellas
pasó por esa experiencia para saber cuánto se necesita de contención y
cordialidad?
"El maltrato es una forma de manifestación del desprecio y la
discriminación hacia las mujeres que persiste en la sociedad argentina, y
que se agrava cuando las mujeres sufren otras de las causas de la opresión,
como por ejemplo cuestiones de clase, de etnia o raza", interpretó
Chiarotti.
"Es sintomático que los reproches que les disparan vayan cargados de
valoraciones morales", avanzó la abogada. "Esa idea de que 'primero
te gustó…' es como si se las castigara por haber 'pecado'", con
una visión que no podría ser más opuesta a la de la mujer en su sillón
hamaca, soñando con el niño por venir. (FIN/2005)
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