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Gays debaten sobre pasos radicales para disminuir el Sexo Sin
Protección
Tras
los miles de muertos por complicaciones relacionadas con el SIDA, y luego
de todos los años de los mensajes de prevención que indican que “El
Sexo Seguro es Sexo Cachondo” [”Safe Sex Is Hot Sex”], se ha
llegado a esto: muchos hombres gay conocen las reglas de compromiso [engagement]
en la época del SIDA y no están utilizando condones. Mientras se conocen
las noticias de una cepa potencialmente más agresiva del VIH, los
activistas gay y trabajadores de prevención contra el SIDA manifiestan su
tristeza y enojo luego de que una batalla que ha llevado 25 años contra
este síndrome podría re-iniciar de nuevo.
Mientras
que muchos instan por un compromiso renovado para llevar a cabo esfuerzos
de prevención y condones gratuitos, algunos veteranos en la guerra contra
el SIDA están promoviendo un acercamiento enteramente nuevo para la
multiplicación del sexo sin protección, mucho del cual está siendo
promovido por el abuso de las metanfetaminas [methamphetamine abuse].
Ellos desean localizar a quienes, sabiendo, llevan a cabo conductas
sexuales de riesgo e intentar detenerlos antes de que puedan infectar a
otros.
Es
una idea radical, nacida de la desesperación, que ha ganado terreno en
los meses recientes mientras un número creciente de hombres gay se
infectan con el virus a pesar de las advertencias sobre el sexo sin
protección. Aunque muchos activistas gay y trabajadores del cuidado a la
salud apenas empiezan a hablar sobre cómo esto podría hacerse, podría
tratarse de mostrarse en lugares donde fiestas sexuales sin planear
suceden y confrontarse con los participantes. O podría hacerse por medio
de la infiltración de los sitios web que promueven los encuentros gay [gay
hookups] y los lazos incómodos relacionados con el uso de crystal
meth. Otras ideas incluyen colaborar con oficiales de salud para detectar
las parejas sexuales de aquellos que sean infectados de manera reciente,
con VIH. Al menos, estos promotores dicen, los hombres gay deben empezar a
tomar responsabilidad por sí mismos, antes de que una epidemia resurgente
lleve a los oficiales del gobierno a utilizar incluso tácticas más
agresivas.
“Los
hombres gay no tienen el derecho de esparcir una enfermedad debilitante y
con frecuencia fatal. Una persona que es VIH—positiva no tiene más
derecho a tener relaciones sexuales sin protección del derecho que tiene
a poner una bala en la cabeza de otra persona,” declaró Charles Kaiser,
historiador y autor de “The Gay Metropolis” [La Metrópolis Gay].
Mientras
que no se adhieren a estrategias específicas, incluso las organizaciones
más importantes como el grupo Gay Men’s Health Crisis [Crisis de
Salud de los Hombres Gay] apoyan la idea de intentar métodos que habrían
sido anatema hace unos pocos años. “Hace a una comunidad más fuerte
cuando nos cuidamos por nosotros mismos,” dijo Ana Oliveira, la
directora ejecutiva de la organización, “y si esto significa que
tenemos que estar mucho más presentes e intervenir con la gente que está
haciendo esto a sí mismos y a otros, entonces que así sea.”
Sin
embargo, para muchos otros incluso hablar de tales pasos provoca manos
sudando. “No queremos que los vigilantes de salud pública salgan y
tomen el asunto en sus propias manos, en particular si esto significa
violar la confidencialidad y los derechos civiles de las personas con VIH.
Francamente, encuentro esto muy intimidante,” dijo Jon Givner, director
del Proyecto VIH del grupo Lambda Legal Defense and Education Fund [Fondo
de Educación y Defensa Legal Lambda].
Para
que tales ideas ganen aceptación, el hecho de que los activistas están
incluso pensando en disminuir la libertad sexual gay [curbing gay
sexual freedom] es un cambio impresionante. En los primeros años de
la epidemia del SIDA, los hombres gay protestaron ante los intentos de
cerrar los baños públicos [bathhouses] y de manera vigorosa se
opusieron a los esfuerzos de los oficiales de salud para rastrear aquellos
infectados por el virus. Hasta ahora, aquellos activistas, impulsados por
las preocupaciones sobre la privacidad y el estigma asociadas con la
enfermedad, han combatido con éxito los esfuerzos para imponer un modelo
tradicional de salud pública para combatir la propagación del virus.
“Tienes
que recordar que esa era la era cuando Jesse Helms y otros estuvieron
diciendo que la gente gay obtenía lo que merecía, y que el gobierno no
debería gastar ningún dinero para ayudarles. Hubo un tiempo cuando la
gente pensó, ‘Oh, Dios Mío, nos van a poner en campos [de
concentración],” declaró David Evans, un promotor del tratamiento
del VIH que escribe sobre prevención.
Tales
temores se han disuelto con los años, gracias en parte a las leyes que
protegen contra la discriminación a las personas con SIDA. Aunque el número
de muertes relacionadas con SIDA ha decrecido considerablemente desde el
advenimiento de drogas más potentes a mediados de los 90’s, la tasa de
infecciones nuevas se ha mantenido sin cambio en unos 40,000 casos anuales,
frustrando a muchos activistas.
Esa
frustración se ha incrementado por la gran popularidad de crystal meth en
Nueva York, que muchos dicen ha llevado a un aumento impresionante en la
conducta sexual insegura y una ola de nuevas infecciones. Aunque las
cifras exactas son difíciles de determinar, una encuesta reciente entre
hombres gay encontró que 25 % han intentado el uso de crystal meth en los
últimos meses.
Aquellas
frustraciones fueron escuchadas en noviembre pasado por Larry Kramer, el
dramaturgo y activista que es portador de VIH, en un discurso
controversial en Cooper Union donde criticó a los hombres gay por su
conducta. “Aún se están asesinando unos a otros. Por favor deténganse
con todas las generalizaciones y eviten las excusas gays que han sido
utilizadas desde el inicio para canalizar esta responsabilidad por este
hecho,” dijo Kramer. [”You are still murdering each other.
Please stop with all the generalizations and avoidance excuses gays have
used since the beginning to ditch this responsibility for this fact.”]
En
una entrevista, Larry dijo que la advertencia de una cepa nueva,
posiblemente más agresiva de VIH confirmaba sus temores y lo llenaba con
un sentimiento de desesperanza. “Incluso en los días de las peores
infecciones, ninguna cantidad de prevención pareció funcionar, y eso es
probablemente lo que más espanta de todo,” dijo el activista.
Incluso
si la advertencia resulta ser una falsa alarma, muchos expertos en SIDA
aseguran que sólo es cuestión de tiempo antes de que surja un súpervirus.
“No puedes tener un grupo nuclear [core group] de personas que
tienen sexo con gran cantidad de gente sin amplificar cualquier enfermedad
sexualmente transmisible que entre al sistema,” dijo Gabriel Rotello,
autor de “Sexual Ecology: AIDS and the Destiny of Gay Men” [Ecología
Sexual: El SIDA y el Destino de los Hombres Gay]. “No tengo ninguna
duda en que una epidemia resurgente de VIH golpeará a la población gay
en el futuro cercano,” señaló Rotello.
Es
este temor a un virus resistente a los medicamentos, lo que ha llevado a
algunos que siguen la propagación del SIDA, a sugerir un acercamiento más
agresivo en cuanto a la prevención. Walter Armstrong, editor en jefe de
la revista mensual Poz, sobre SIDA y VIH, dijo que el acercamiento
tradicional basado en el temor para lograr la prevención es, en el mejor
de los casos, únicamente una solución temporal, especialmente si ninguna
erupción del súpervirus se materializa. Un acercamiento más efectivo,
aseguró, tendría relación con las organizaciones gay, que deberían
utilizar medidas de salud pública tradicionales, tales como exámenes más
extensos y un esfuerzo de notificar a las parejas a fin de poder localizar
a quienes utilizan crystal meth y que han resultado infectados
recientemente.
“¿Por
qué no podría ser posible reunirlos para comunicarse uno con el otro, y
entonces a sus parejas sexuales, pues existen vidas que se están poniendo
en riesgo por una conducta irresponsable?” preguntó Armstrong. “Creo
que existen maneras de hacer intervenciones de forma ética, sensible y
con compasión. Hay una ventana muy grande de oportunidad entre la
criminalización y los mensajes vacíos de prevención.”
Con
todo, otros se manifiestan suspicases de tales medidas, como Walt Odets,
un psicólogo clínico y autor de “In the Shadow of the Epidemic: Being
HIV-Negative in the Age of AIDS” [En la Sombra de la Epidemia: Ser
VIH-Negativo en la Edad del SIDA], dijo que él pensaba que tal
intervención asemejaría una cacería de brujas.
El
y otros dijeron que sería más efectivo procurar identificar las causas
subyacentes del abuso de la droga y de la conducta auto-destructiva,
incluyendo la dificultad de vivir en una sociedad que rechaza las
relaciones comprometidas gay [committed gay relationships] mientras
condena a los homosexuales por tener sexo fuera de esas relaciones. Los
hombres gay, dijo, están haciendo uso de las metanfetaminas como
antidepresivos.
Muchos
expertos de la salud sugieren un regreso más vigoroso a la prevención
convencional del VIH. Isaac Weisfuse, el vice-comisionado de salud la
ciudad [de Nueva York], dijo que su oficina está planeando colocar
posters de información en sitios web gay, así como utilizar más dinero
para colocar anuncios [hard-hitting ads] sobre el uso de
metanfetaminas. Y subrayó que los condones gratuitos han desaparecido de
lugares públicos. “Desafortunadamente, el uso del condón ha caído del
sistema de radar. Necesitamos hacer algo que hicimos bien hace 20 años,
que es proporcionar condones en cada lugar donde la gente socializa o
tiene sexo,” dijo él.
En
tanto, otros como Rotello, fueron menos optimistas. Hasta que la gente
verdaderamente crea que un virus imposible de detener existe, aseguró,
continuarán haciendo prácticas de sexo inseguro. “La gente no va a
modificar sus hábitos sexuales en formas que son difíciles o
desagradables hasta que vean de nuevo que sus amigos están muriendo. Y
para mí eso es justo un pensamiento increíblemente deprimente.”
“Gays Debate Radical Steps to Curb
Unsafe Sex,” Andrew Jacobs, The New York Times, February 15,Traducción al castellano © Agustín
Villalpando/Enkidu.
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