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Homosexuales litigan
por su derecho a ser militares
Por William Fisher
Doce personas excluidas de las Fuerzas Armadas
estadounidenses por su orientación sexual demandaron al gobierno, con la
intención declarada de socavar la política que se aplica desde 1992 para
dar de baja a gays y lesbianas.
NUEVA YORK, jul (IPS) - Los demandantes, seis varones y seis
mujeres, fueron desvinculados de las Fuerzas Armadas una vez que sus
superiores se enteraron de su orientación homosexual, y piden que se les
reincorpore.
Esas decisiones se adoptaron en el marco de la política ”No preguntar,
no decir, no perseguir, no acosar”, establecida al comienzo del gobierno
del presidente Bill Clinton (1993-2001) y a cuyo amparo se ha separado de
las Fuerzas Armadas a casi 10.000 personas.
Clinton había prometido en su campaña electoral eliminar las
restricciones al ingreso de gays y lesbianas en las Fuerzas Armadas, pero
su iniciativa en la materia desembocó en normas que prohibieron a las
autoridades militares indagar sobre la orientación sexual de sus
subordinados, pero también dispusieron que se diera de baja a quienes se
identificaran públicamente como homosexuales o bisexuales.
Los abogados del gobierno en este caso, llamado ”Cook contra Rumsfeld”
(por el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld), pidieron al juez de
distrito George A. O'Toole Junior, de la nororiental ciudad de Boston, que
rechazara la demanda, con el argumento de que ”los tribunales no deben
especular acerca de las intenciones” de una decisión del Congreso.
”No se puede litigar sobre cuestiones que fueron razonablemente
revisadas por el Poder Legislativo”, alegó el abogado gubernamental
Mark Quinlivan, quien sostuvo además que excluir a quienes declaran su
homosexualidad ayuda a mantener la cohesión entre los integrantes de las
Fuerzas Armadas, al ”reducir tensiones sexuales y promover la privacidad
personal”.
Pero Stuart Delery, representante legal de los demandantes, replicó que
la política ”No preguntar, no decir”, se apoya en prejuicios y viola
los derechos a la libertad de expresión, a la privacidad y a la igualdad
ante la ley, sin que se haya demostrado que produzca cohesión en las
unidades militares.
O'Toole no ha indicado cuándo se propone decidir si acepta el pedido del
Poder Ejecutivo
De ocho demandas previas contra la política establecida durante el
gobierno de Clinton, fracasaron seis y aún no hay fallos en las otras
dos, que incluyen la llamada ”Republicanos de Log Cabin contra (el
presidente George W.) Bush”, presentada en la sudoccidental ciudad de
Los Ángeles en otoño (boreal).
Los demandantes en ”Cook contra Rumsfeld” son los primeros que han
invocado como antecedente una decisión de la Corte Suprema en 2003 acerca
del caso ”Lawrence contra Texas”, que dejó sin efecto una sentencia
basada en leyes de ese estado sureño contra la sodomía.
Ese fallo de la Corte Suprema ”cambió el escenario”, arguyó C. Dixon
Osburn, director ejecutivo de la Red de Defensa Legal para Miembros de las
Fuerzas Armadas (SLDN, por sus siglas en inglés), una organización no
gubernamental contra la discriminación relacionada con la política ”No
preguntar, no decir”, que presentó la demanda en Boston.
Se calcula que entre los integrantes activos de las Fuerzas Armadas hay
65.000 personas homosexuales, en un total de 1,4 millones, y que gays y
lesbianas en retiro suman un millón, afirmó.
Según Osburn, excluir a las personas homosexuales es incluso
inconveniente en relación con las necesidades puramente militares de las
Fuerzas Armadas, ”que no están alcanzando sus metas de reclutamiento”.
La SLDN está dispuesta a llevar el caso hasta la Corte Suprema, que nunca
ha considerado un caso contra la política ”No preguntar, no decir”.
Megan Dresch, de 22 años, fue la única de las personas demandantes que
estuvo presente en la primera audiencia del caso en Boston. Ella se
incorporó al ejército en 2001 y fue dada de baja un año después, después
de decir a un oficial superior que era lesbiana.
Según la agencia de noticias Associated Press, Dresch dijo que cuando
servía en la Compañía 230 de Policía Militar del ejército, desplegada
en Alemania, pidió a su sargento que le permitiera hablar con un capellán
porque se sentía ”estresada”, y que cuando el sargento le preguntó
cuál era su problema, otro integrante de la compañía intervino para
decir que el problema consistía en que Dresch era homosexual.
Cuando el sargento preguntó a Dresch si eso era cierto, ella lo admitió.
”Nunca fui buena mintiendo, así que dije la verdad. Vi venir que iban a
darme de baja por eso y me sentí frustrada, porque me encantaba ser
militar”, aseguró la mujer a Associated Press.
El ejército ”era mi vida en ese momento, sostuvo Dresch, que estudia
mecánica de automóviles en la sudoccidental ciudad de Phoenix, y alegó
que preferiría estar ahora en Iraq con la Compañía de la que fue
excluida.
”Volvería al ejército sin dudar. Este es mi país, y quiero servirlo.
Quiero volver y luchar por las libertades en las que creo”, aseveró.
Según la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus
siglas en inglés), la política ”No preguntar, no decir”, es ”una
violación inconstitucional del derecho a la libre expresión de los
integrantes de las Fuerzas Armadas y una negación de la cláusula
constitucional que establece igualdad de protección” legal para todos
los ciudadanos.
”No hay base racional” para esa política, dijo a IPS la abogada Rose
Saxe, integrante de la ACLU que trabaja en el proyecto de esa organización
para defender los derechos de lesbianas y gays.
Paralelamente, aumenta el interés en el libro ”Servicio secreto:
Historias no contadas de lesbianas militares”, que compila testimonios
de integrantes de todas las ramas de las Fuerzas Armadas. Su autora es Zsa
Zsa Gershick, lesbiana que fue reservista de 1978 a 1983.
”No preguntar, no decir” es inviable y ”se basa en prejuicios”,
afirmó la investigadora en un programa de C-Span, la red estadounidense
de servicio público por televisión financiada por las compañías de
televisión por cable.
”En un hospital de campaña en Iraq, a los soldados estadounidenses
heridos no les importa en absoluto la orientación sexual de las personas
que salvan sus vidas”, señaló.
No hay evidencia de que la presencia de personas homosexuales en las
Fuerzas Armadas tenga algún efecto negativo en la cohesión o el estado
de ánimo de las unidades, y el único resultado de la política iniciada
por Clinton es ”obligar a las personas a vivir en la mentira”, opinó
Gershick.
Entre las 10.000 personas homosexuales dadas de baja hay traductores, lingüistas
y otras altamente especializadas, que recibieron entrenamiento muy costoso
y a las que las Fuerzas Armadas necesitan desesperadamente en la
actualidad, adujo.
”¿De dónde van a salir sus reemplazantes?”, preguntó la
investigadora. (FIN) |