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"Camarón que se duerme…"
Omar Baños
elfaro.net
Cuatro países han legalizado el matrimonio entre personas del mismo sexo. Entre Holanda, Bélgica, Canadá y España, éste último es el que más llama la atención. Durante la dictadura de Francisco Franco, ni pensar que dos maricas se casaran en el país de las corridas de toros. Las personas homosexuales fueron perseguidas por la policía. Más de cinco mil personas pararon en la cárcel.
Pero las cosas cambian. La movida de la década de los ochenta fue sólo el principio del destapa y la modernidad. Ahora se pueden realizar matrimonios gay reconocidos por el Estado español. Y vaya que no es una peli de Almodóvar, sino la pura realidad.
A treinta años de haber desaparecido la dictadura de Franco, el Presidente de Gobierno Español, José Luis Rodríguez Zapatero, ofrece un discurso en el que reconoce que la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo no es una legislación para extraños ni raros: "No estamos legislando, Señores y Señoras, para gentes remotas y extrañas. Estamos ampliando las oportunidades de felicidad para nuestros vecinos, para nuestros compañeros de trabajo, para nuestros amigos y para nuestros familiares, y a la vez estamos construyendo un país más decente, porque una sociedad decente es aquella que no humilla a sus miembros".
El sin sabor para muchas personas homosexuales salvadoreñas es que el logro fue al otro lado del charco. No en El Salvador. Por lo tanto, lo importante es aterrizar en tierras guanacas y analizar qué significa para los salvadoreñas y la comunidad gay, lésbica, bisexual y transgénero (GLBT) este evento histórico y cómo puede enriquecer el debate en el país o cómo puede enterrarlo sin siquiera haber empezado.
Primero lo primero. Antes de alucinar con uniones gay guanacas, tenemos que reconocer el contexto salvadoreño. Contamos con que los derechos de personas homosexuales aún están en pañales. No porque no existan líderes con trayectoria ni se hayan alcanzado algunos logros importantes (como la marcha gay o la existencia de una organización gay), sino porque el contexto social sigue siendo paupérrimo. En El Salvador, la respuesta de la gente heterosexual hacia la homosexualidad es negativa, la iglesia y grupos conservadores desprestigian a la gente homosexual y el gobierno nunca se pronuncia sobre temas de la comunidad GLBT. Existe homofobia, discriminación, violencia, falta de oportunidades (educacional, laborales, políticas), y rechazo familiar, entre otros problemas.
En cuanto a los retos internos, la gente GLBT tiene que lidiar con sus propios demonios. La comunidad GLBT no muestra unidad, no se percibe como un grupo social fuerte, está perpetuamente circunscrita al trabajo sobre derechos humanos y VIH y SIDA, tiene poca capacidad de cabildeo político y no cuenta con recursos humanos ni económicos.
Lo rescatable es que la comunidad GLBT salvadoreña tiene sus fortalezas. Cuenta con fuertes activistas, con conocimiento, con trayectoria, con diferentes capacidades que le han dado forma a diferentes grupos de trabajo canalizado hacia la misma comunidad. Entre Amigos es una de las organizaciones con experiencia, voz y poder. Durante los últimos meses también se han formado grupos de travestis, transgéneros y transexuales en el país.
Juntos o dispersos, los activistas gay en El Salvador se enfrentan a una serie de situaciones difíciles: resolver que el Estado otorgue personería jurídica a organizaciones cuya misión es trabajar en pro el bienestar y progreso de los grupos de diversidad sexual; luchar contra la homofobia; defender derechos de diversidad sexual; atender prontamente la salud de la comunidad GLBT; fortalecer el sentido de comunidad; capacitar a futuros líderes gay; promover un ambiente gay saludable; contribuir al progreso social de la gente GLBT, entre otros retos. Para esto se necesita visión, compromiso, capital humano, y recursos económicos.
Considerando todo esto, ¿a dónde queda el movimiento para presionar por una ley de matrimonio entre personas del mismo sexo en el país? ¿Vale la pena el esfuerzo? ¿Puede fortalecer el trabajo o entorpecer el proceso para lograr otras metas?
A mí me parece que es necesario poner la discusión en el campo político y ver cuál es la respuesta del presidente del país, Antonio Saca, y de los diputados, tanto de izquierda y de derecha. A estas alturas del partido, no podemos dejar de fuera la discusión en El Salvador. No hacerlo sería como comer pupusas sin curtido.
Algunos activistas y gente gay piensan que los matrimonios gay no valen la pena, que sólo son una imitación del comportamiento heterosexual para probar la "normalidad" de la gente homosexual. Mientras que entiendo que no encuentren valor en el significado del matrimonio, creo que es importante verlo desde la perspectiva de derechos ciudadanos y responsabilidades legares de todas las partes involucradas. Además, me temo que al no organizarse para cabildear a favor de una ley de matrimonio entre personas del mismo sexo, la comunidad GLBT llevará la lucha perdida ante grupos conservadores como Sí a la Vida. Estos se pueden organizar para ganarles el mandado y promover una ley que definitivamente prohíba el matrimonio entre dos hombres o dos mujeres.
Sin duda, es mejor ser proponentes. De lo contrario, será, digamos, demasiado tarde.
Aunque estoy a favor de una ley de matrimonio entre personas del mismo sexo, considero que el debate en El Salvador no debe partir como una imitación de otros países. Al contrario, debe responder a la verdadera necesidad de la comunidad GLBT salvadoreña; debe entender lo que implica que dos hombres o dos mujeres contraigan matrimonio; debe analizar las ramificaciones sociales, los costos y beneficios legales; y debe reconocer los peligros y la seguridad que pueda traer dicha ley.
Sin exagerar, me parece que una ley de matrimonio entre personas del mismo sexo ayudaría a contrarrestar la discriminación, el rechazo y la violencia contra la gente homosexual;(en teoría) la gente homosexual dejaría de ser ciudadano de segunda clase (claro, tomará mucho tiempo, trabajo y dolor); la ley podría brindar, como dijo el Presidente de Gobierno Español, Rodríguez Zapatero en su discurso, un poco de decencia para la comunidad GLBT; jugaría un rol importante en la reivindicación social de la comunidad GLBT; ayudaría a crear un medio ambiente menos hostil capaz de ofrecer felicidad y bienestar; crearía una auto percepción más positiva de la comunidad GLBT; y otorgaría derechos y responsabilidades reconocidas por el Estado.
Bien dice el dicho, "camarón que se duerme, se lo lleva la corriente".
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