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Nueva York aún es
multicultural
Por Haider Rizvi
NUEVA YORK, 23/12/2005 (IPS) - La última novela de la escritora
estadounidense Jessica Jiji intenta demostrar que, tras la campaña de
desprestigio de la comunidad musulmana tras los atentados del 11 de
septiembre de 2001, esta ciudad sigue siendo multicultural y tolerante,
pese a todo.
Después de los ataques atribuidos a extremistas árabes y musulmanes, las
librerías neoyorquinas se inundaron con estudios que intentaban explicar
el fenómeno del terrorismo, trazando vínculos con el Islam y Medio
Oriente.
A pesar de que algunos expertos advertían sobre los peligros de perpetuar
el mito del "choque de civilizaciones" y consolidar la noción
de "nosotros y ellos" en las relaciones entre Oriente y
Occidente, muchos libros procuraban enardecer los sentimientos contra los
árabes y musulmanes.
No obstante, es un hecho que la ciudad sigue siendo símbolo de respeto
mutuo y tolerancia a las diferencias culturales y religiosas.
"Muchas novelas presentan a Nueva York como si sólo fuera un lugar
donde las rubias se pasean por la Quinta Avenida, pero en realidad es una
ciudad multicultural", afirmó Jiji, autora de "Diamonds Take
Forever" ("Los diamantes no llegan nunca"), publicada por
la editorial Harper-Collins el mes pasado.
Centrada en una historia de amor, la novela explora cuestiones étnicas,
el orgullo y la individualidad, de forma simple y sincera, pero también
artística y colorida.
En el complejo escenario urbano neoyorquino, las personas se llevan bien
entre sí, sin importar las diferencias de religión y de tradiciones.
La protagonista es Michelle, una joven de unos 30 años que nació y fue
criada en Nueva York por una madre atea y un padre judío procedente de
Marruecos.
El padre tiene una tienda de alimentos exóticos en Manhattan para
satisfacer el insaciable apetito de los neoyorquinos por los deliciosos
platos árabes.
La protagonista tiene un novio llamado Joe, de origen hispano y ex infante
de marina.
Otros personajes de la historia son el mejor amigo de Joe, procedente de
África, y el confidente de Michelle, un joven gay.
Michelle es un ser abrumado por las dificultades de la vida diaria.
Preocupada por encontrar un esposo ideal antes de que sea "demasiado
vieja", y de un lugar decente donde vivir en la ciudad que ama.
La joven está siempre obsesionada por conservar su trabajo de periodista
radial para la Canadian Broadcasting Corporation.
"Es mucho más representativa de la ciudad real en la que vivimos",
dijo Jiji sobre su novela, en la que destina muchas páginas a destacar la
generosidad y riqueza de la cultura árabe, en especial a través de los
diálogos entre Michelle y su padre judío, cuyo principal amigo resulta
ser musulmán.
En la historia, ambos hombres se refieren a Jerusalén como "tierra
santa", en un intento deliberado de la escritora para subrayar los
puntos de igualdad entre las personas, aun cuando se consideren rivales.
Jiji, una neoyorquina de madre húngara y padre iraquí, lamenta la forma
en que los medios de comunicación estadounidenses presentan la cultura árabe,
"simplista y limitada", pero además "injusta".
En la novela, la forma de condenar estos estereotipos es sutil, pero
reveladora.
"La mejor boda en la que he estado fue en una cabaña de madera al
final de una sucia y desconocida carretera en la Alabama rural", dice
en una ocasión el futuro esposo de Michelle.
El narrador nos revela que, en ese momento, ella se dice a sí misma:
"Me imagino a mi tío Saleh intentando llegar allí sin ser
confundido con un terrorista y detenido".
Jiji señaló que su padre le enseñó a respetar los valores y la riqueza
de la cultura árabe.
"Cuando mi padre se refería a árabes 'típicos' no lo hacía en una
forma despectiva. Para él, los árabes 'típicos' eran los generosos,
afectuosos y humanistas. Ésa ha sido siempre mi visión del mundo árabe",
explicó.
Además de la dimensión multicultural, la novela de Jiji también ofrece
un examen crítico a las políticas de género de la sociedad contemporánea
estadounidense, mostrando que, a pesar de las varias leyes, la dominación
masculina sigue siendo aceptable.
Esto se refleja en el novio de Michelle, un ex soldado que se muestra
cruel con las mujeres, ama las armas y aspira a convertirse en policía
antinarcóticos.
Michelle espera que algún día su novio le regale un diamante, pero en
cambio él le rompe el corazón.
Según Jiji, el personaje de Joe representa la dominación militar
estadounidense sobre un mundo débil.
"Creo que la realidad es que vivimos en un país muy militarizado, y
que hay un trasfondo bélico en todo lo que hacemos (los estadounidenses).
Toda obra de arte honesta reflejará eso", señaló la novelista.
Jiji afirma que su obra es una metáfora sobre las dificultades y luchas
que uno debe atravesar para obtener fuerza de carácter y madurez, como
sucede a la protagonista.
"Para volverse fuerte como el diamante hay que luchar mucho", señaló...
( (FIN/2005)
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