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Francia : Cinco años para instaurar la igualdad salarial
hombre-mujer
Es
la historia del señor Gagne-Pain y de la Señora Gagne-Petit. A pesar del éxito escolar de las
mujeres y su entrada masiva en el mercado laboral, esta pareja de ancianos
ha sobrevivido a los combates feministas, a muchas directivas europeas, a
dos leyes sucesivas sobre la igualdad salarial. Hoy, el salario promedio
de los hombres es siempre un 25% superior al de las mujeres. Y si tenemos
en cuenta las consecuencias salariales del nivel de formación, de la
vejez, del volúmen horario y de las responsabilidades, la distancia es de
alrededor del 6% sin ninguna razón objetiva que permita explicarlo – sólo
el sexo.
Según
la Comisión de Derechos de la Mujer del Parlamento Europeo, las
distancias de remuneración se elevan en la Unión Europea, en un 27%. ¡Una
vez neutralizados los efectos! De la edad, la formación, la profesión, y
la evolución de la carrera, resta una diferencia del 15% que “resulta
necesariamente de mecanismos de depreciación discriminatorios,”
que la comisión juzga como “inadmisibles”. Francia se sitúa en el
medio de la tabla, entre los malos alumnos, Reino Unido, Grecia o los Países
Bajos, y los buenos, Suecia, Bélgica y Luxemburgo.
Movimiento de Recuperación-Reconquista
En
Francia, en los años 1960, la situación fue horrible: la diferencia era
superior al 50%. “La distancia salarial entre las mujeres y los hombres
se redujo en promedio la mitad en comparación con los años 60,
subrayaron Dominique Meurs y Sophie Ponthieux en Femmes, género y
sociedad, el estado del saber [Femmes, genre et sociétés, l’état des
savoirs] (La
Découverte, 480 p., 25 euros). El movimiento de recuperación es ahora
inegable. Pero esta ha sido más rápido sólo hasta mediados de los años
1980 que posteriormente, y parece interrumpido desde mediados de los años
1990”
A fin de avanzar el tema de la igualdad
profesional, Jacques Chirac solicitó al gobierno, el 4 de enero pasado,
presentar un proyecto de ley, “a fin de lograr la igualdad salarial en
un periodo máximo de cinco años” [en vue de parvenir à l’égalité
salariale dans un délai maximum de cinq ans]. Dos meses más tarde,
el texto está listo: Presentado al consejo de ministros el 24 de marzo,
por Nicole Ameline, ministra de la paridad y la igualdad profesional [ministre de la parité et de l’égalité professionnelle], “Esta vez, no se trata más
de un compromiso de medios, sino de un compromiso de resultados. Tenemos cinco años para demostrar
que las mujeres no son una fuerza de apoyo, sino un verdadero motor para
nuestra economía.”
Se
trata del tercer texto sobre equidad entre hombres y mujeres desde el
inicio de los años 1980. Presentado por Yvette Roudy, entonces Ministra
socialista de la Condición Femenina, la primera ley, en 1983, era
estimulante: las empresas deberían realizar todos los años un reporte
sobre la situación de los hombres y las mujeres. Pero esta obligación no
consideraba ninguna sanción. En 1999, apenas una empresa de cada dos
aplicaban la ley.
Adoptada
a iniciativa de Catherine Génisson, diputada socialista, la segunda ley,
de 2001, preveía sanciones penales: un año de prisión y 3,750 euros de
compensación si la empresa no llevaba a cabo el famoso reporte o si se
abstenía de hacer todos los años, una negociación sobre la igualdad
entre hombres y mujeres. “A partir de lo que me dicen las organizaciones
sindicales, jamás se ha pronunciado ninguna condena penal. La igualdad
profesional es raramente considerada como una prioridad,” se lamenta Génisson,
diputada socialista por Pas-de-Calais.
La Tradición del Secreto
Ameline
escogió, en su texto, un aspecto voluntario: para que los acuerdos
salariales, firmados entre los sindicatos y los patrones sean aplicados,
deberán haber existido negociaciones sobre la igualdad de hombres y
mujeres. “Es un formidable llamado al diálogo social. ¿Qué empresa o
qué sindicato tendrán interés en paralizar un acuerdo salarial para
evitar abrir las discusiones sobre las discriminaciones entre hombres y
mujeres?” [C’est un formidable appel au
dialogue social, aff! irme la ministre. Quelle entreprise ou quel syndicat
aurait! intérêt à geler un accord salarial pour éviter d’ouvrir des
discussions sur les discriminations hommes-femmes?], afirmó la ministra.
En
tres años, una conferencia nacional establecerá un balance : se es
poco satisfactorio, un texto de ley nuevo podrá preveer una taza
financiera con base en la masa salarial para las empresas que se hayan
negado a negociar.
Para
“reconciliar” la maternidad y el empleo, el texto propone igualmente
“neutralizar” el efecto de las licencias de maternidad sobre los
salarios: inmediatamente de su regreso al trabajo, las mujeres se
beneficiarán automáticamente de un aumento igual a la media de los
aumentos individuales acordados desde su ausencia a los salarios de su
categoría. “Hace falta sacar de nuestra cultura esta idea de que los niños
y el trabajo son incompatibles. Es una alternativa errónea que frena la
inversión profesional de las mujeres. Un niño no es un obstáculo,”
declaró Ameline.
Al
igual que Yvette Roudy y Catherine Génisson, Nicole Ameline ha decidido
mostrar confianza en la negociación colectiva, ya bien avanzada : en
2003, le ministerio evaluó 24 acuerdos sobre la igualdad hombres-mujeres.
Porque si las
discriminaciones salariales saltan a la vista tan pronto como se miran las
estadísticas, son extremadamente difíciles de probar en una situación
caso por caso: Las asalariadas que denuncian son raras. “En los dos últimos
años, vi pasar menos de una decena de expedientes”, constata el presidente de la cámara social [chambre
social] del
Tribunal Supremo, Pierre Sargos.
En
virtud de la “interrupción Ponsolle” [”arrêt Ponsolle”] de 1996, el empleador debe
garantizar la igualdad de remuneración entre los asalariados “para que
estén colocados en una situación idéntica”. Gracias a la aplicación
por el Tribunal Supremo de una directiva europea de 1997, el asalariado no
debe probar la discriminación: Basta con establecer una desigualdad de
trato, donde el empleador debe luego mostrar que está vinculado a los
hechos! “objetivos”. “A pesar de este desarrollo, el
procedimiento aún es muy difícil. El asalariado a menudo, se topa con la
tradición del secreto sobre las remuneraciones, que reina en el mundo del
trabajo,” apunta Sargos.
Las
mujeres deben saber afrontar años de procedimiento para demostrar que sus
vecinos son, en formación, responsabilidad y horarios eguales, pagados
mejor. “Cuando una mujer inicia un proceso en su empresa, su futuro está
evidentemente comprometido en esa empresa, pero de igual modo en las
otras. Ya sea que las inigualdades salariales sean patentes, las quejas
son raras. En el fondo, en nuestra cultura, el salario de las mujeres aún
es considerado como un salario suplementario [salaire d’appoint],” concluyó Gisèle Halimi, abogada y
presidenta de la asociación Choisir la Cause des Femmes.
« Cinq ans pour instaurer l’égalité
salariale hommes-femmes, » Anne Chemin, Le Monde, 25.03.05, Traducción
al castellano © ENKIDU
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