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Escuela: gays y lesbianas en terreno hostil; una investigación
realizada en Montreal verifica las conclusiones de un estudio amplio
llevado a cabo en Estados Unidos
Montreal:
Canadá goza de una reputación envidiable en relación con los
homosexuales de todo el mundo, pero la maravillosa obertura de aquellos
que celebran se encuentra aún lejos de ser la norma en nuestras escuelas
secundarias, ha descubierto una investigadora en Montreal. En efecto, la
confrontación es tan cotidiana en las clases que tres cuartos de los jóvenes
gays, lesbianas, transgéneros y bisexuales tienen un vivo sentimiento de
inseguridad. Una situación que la investigadora atribuye en principio a
la actitud indulgente del personal de enseñanza, que, según ella,
persiste en dirigirse contracorriente en “minimizar” lo que amerita
ser “condenado.”
En
entrevista, Elizabeth Meyer denuncia una situación que perdura,
decepcionando todas las campañas de sensibilización: “Tenemos la
sensación de que somos progresistas en Canadá, pero los prejuicios, la
violencia y el acoso son siempre la regla en la escuela secundaria tanto
para los homosexuales como para los transgénero y los bisexuales,”
asegura la estudiante del doctorado en el Departamento de Estudios
Integrales en Educación [Département
d’études intégrées en éducation], de la Universidad McGill.
Invitada
al medio día a presentar los resultados preliminares de su estudio sobre
la forma en que los profesores [enseignants] responden a las
confrontaciones hechas al encuentro de los jóvenes homosexuales,
Elizabeth Meyer pretende, sobre todo, concientizar al personal de enseñanza
sobre las consecuencias de sus actos. “Si las escuelas secundarias aún
son medios no seguros para los jóvenes homosexuales, es porque sus
profesores y sus administradores no son pro-activos y toleran que vivan
atrapados en el ostracismo.”
Luego
de entrevistas realizadas en muchos establecimientos escolares del país,
la investigadora en efecto, notó que los profesores tienen la tendencia a
minimizar las consecuencias de las confrontaciones, ya sean físicas o
psicológicas, en el desempeño académico de sus estudiantes. Su
perspectiva, puramente cualitativa, se une a la realidad cruda de las
estadísticas. En Canadá, ningún estudio de envergadura ha sido llevado
a cabo sobre este fenómeno.
He
aquí la razón por la cual los casi 80 científicos de norteamérica se
reunieron en Montreal esta semana en ocasión de la asamblea anual de la
Asociación Estadounidense de Investigación en Educaciones [American
Educations Research Association], quienes adoptaron por unanimidad el estudio [portrait brossé] realizado en 48 estados de la Unión Americana por la Gay, Lesbian and
Straight Education Network (GLSEN) [Red
de Educación Gay, Lesbiana y Buga (Heterosexual)] en su última edición de
la Investigación Nacional del Clima Escolar [National School Climate
Survey].
Además, como los científicos juzgan que las poblaciones estadounidense y
canadiense son similares, esos resultados se pueden convertir
perfectamente a la realidad canadiense.
Las
cifras muestran que, de un lado y otro de la frontera, no es fácil ser
homosexual en una escuela secundaria. Las cifras en este caso son
impresionantes: en 2003, 90 % de los jóvenes fueron objeto de comentarios
viperinos respecto a su sexualidad, un tercio ha soportado al menos un
episodio de acoso físico en el último año y un de cada cinco ha
recibido al menos una agresión física en este mismo periodo. Según Myer,
corresponde a los educadores proteger a sus pupilos de toda forma de
agresiones físicas o verbales. “Aceptando que perduran tales
comportamientos antisociales, los educadores transmiten el mensaje según
el cual los prejuicios son tolerados en nuestra cultura.” A partir de
fallos judiciales recientes, tanto en Estados Unidos como en Canadá, ella
tiene toda la razón, tal es el caso muy mediatizado del joven Azmi Jubran, un estudiante
que fue objeto de acoso anti-gay en la secundaria Handsworth de Vancouver
del Norte [North Vancouver] desde hace cinco años.
El
pasado 6 de abril, la Corte Suprema de la Columbia-Británica finalmente
sancionó una decisión en el sentido de que Azmi tiene el derecho de
exigir “un medio de aprendizaje seguro y libre de todo acoso” [«un
environnement d’apprentissage sécuritaire et libre de tout harcèlement».]. Es la primera vez que un
estudiante demanda a una escuela por haber fallado en este compromiso en
Canadá. Esta última deberá dar $4,500 en indemnización, pero también
deberán formar a los educadores y establecer políticas de acción y
sensibilización.
Para
Elizabeth Meyer, esta sentencia muestra la justicia en un mundo que
predica la tolerancia, pero que no interviene para castigar a quienes
hacen no la respetan. “Es el precio elevado de estas regulaciones lo que
ha forzado a las comisiones escolares a tener en cuenta los derechos de
los miembros de las minorías sexuales de sus escuelas,” dice ella.
Al
respecto, falta mucho por hacer. Sólo diez estados de la Unión Americana
cuentan con políticas de no discriminación que consideran el respeto a
la orientación sexual. En el conjunto de las provincias canadienses, a
excepción de Alberta y Nunavut, el respecto a la orientación sexual está
escrito claramente en la Carta de Derechos de la Persona [charte
des droits de la personne] al igual que en la Carta Canadiense de Derechos y Libertades [Charte canadienne des droits et libertés]. Lo que no garantiza nada, afirma la
investigadora: “Toda política es inútil si no es aplicada.” [«Toute politique est inutile si elle n’est pas appliquée.»].
En
los corredores y en las clases de la mayoría de las escuelas, la
intimidación verbal continúa siendo en efecto, un comportamiento
habitual, mientras que se insulta a homosexuales, y se les hacen señas
obscenas con los dedos sin que nadie reaccione. También hay mucha
violencia directa o indirecta y vandalismo. Cuando los jóvenes no son
golpeados o violados.
Todas
las agresiones físicas y mentales hacen de las escuelas medios hostiles
para los homosexuales. “Son numerosos los que dejan los cursos, se
retiran más fácilmente, tienen menos resultados escolares buenos y son
dos veces más numerosos en pensar poner fin a sus estudios luego de la
secundaria, a fin de no estar inmersos de nuevo en un clima similar. Son
igualmente más vulnerables en los pensamientos suicidas y en el de las
drogas,” continúa Meyer.
En
este trabajo, Elizabeth Meyer también enfatizó la importancia que puede
haber en el medio escolar cuando el medio familiar es deficiente. “Hay
padres que ellos mismos tienen actitudes de homofobia y es primordial que
los educadores puedan revertir esta situación.”
Para
Laurent McCutcheon, presidente de la Fondation Émergence [Fundación Emergencia], que lucha contra la homofobia, este aspecto es capital. Si la familia es el primer
lugar de socialización del infante, es también con frecuencia el primer
lugar de manifestaciones homófobas ante las cuales el menor homosexuals
será confrontado, explica McCutcheon.
Asimismo,
la Fundación dio a conocer el tema escogido para su campaña anual. Bajo
el título: “Presuntamente heterosexual” [«Présumé
hétérosexuel»], la campaña pretende sensibilizar a la
población del hecho de que preconcibe que un menor más tarde será
heterosexual, y esto es un error una vez de cada diez. De ahí la
importancia de permitirle abordar su sexualidad a su propio ritmo, mostrándole
“un amor incondicional,” precisa aún McCutcheon. Una lección que
aprueba perfectamente Elizabeth Meyer.
“École: gais et lesbiennes en terrain hostile
Accueil; Une chercheuse montréalaise vérifie les conclusions d’une
vaste étude américaine,” Louise-Maude Rioux Soucy, 12 avril, Traducción al castellano © ENKIDU
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