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Destruyendo las
huellas de la destrucción
Por Ferry Biedermann
BEIRUT, 25/07/2005 (IPS) - La capital de Líbano conserva de la guerra
civil (1975-1990) algunas huellas físicas y divisiones que marcaron para
siempre su trama social. Mucho se ha hecho por reparar la infraestructura,
pero más aún para encubrir los problemas que dieron origen al conflicto.
Los libaneses se aferran a su imagen de comerciantes libres y amantes de
la buena vida, y Beirut es su vidriera.
Donde volaban las balas, surgieron modernos centros de compra. El centro
de la ciudad está ahora dominado por tiendas de marcas exclusivas, no por
edificios en ruinas rodeados de sacos de arena.
Y la buena comida, no los secuestros ni los bombardeos, comenzó otra vez
a asociarse con la capital libanesa en la mente de quienes la conocen.
Cerca de 1,4 millones de personas viven en Beirut y sus cercanías. Si se
cuentan también los barrios periféricos un poco más alejados, la ciudad
tiene más de dos millones de habitantes, en una población nacional de
poco más de cuatro millones.
Gran parte del renacimiento de Beirut se atribuye al asesinado ex primer
ministro Rafiq Hariri, asesinado el pasado 14 de febrero.
Hariri dirigió la vida política y comercial de Líbano tras la guerra
civil, y fue para muchos la clave de la reconstrucción y modernización
del país, y en especial de su capital.
Paradójicamente, fue asesinado en frente a uno de los pocos edificios que
no llegó a remodelar: el exclusivo hotel St. George.
Hariri y su empresa Solidère levantaron un nuevo aeropuerto, construyeron
autopistas a través de barrios precarios que surgieron durante la guerra,
y le devolvieron su centro a Beirut.
Pero el proyecto del centro tuvo muchos críticos desde un principio. La
principal objeción fue que, con la lujosa renovación de antiguos
edificios, el alma del lugar se perdió y sus habitantes originales no
pudieron regresar.
Los alquileres de oficinas y espacios comerciales eran al principio tan
altos que pocos podían pagarlos, y a fines de los años 90 el centro de
la capital parecía un museo al aire libre.
Michael Stanton, director del departamento de arquitectura de la
Universidad Americana en Beirut, reconoció que el concepto original fue
equivocado, pero señaló que se ha aprendido de los errores.
”El potencial es enorme, y parece que se ha desarrollado un plan para la
zona”, dijo.
La universidad es una de las principales características de la ciudad. Su
campus ocupa terrenos de alto valor en una zona costera del oeste de
Beirut y es la única área verde en la parte central de la ciudad.
En la década de 1990, surgieron varios distritos a ambos lados de la ”línea
verde” que separaba a cristianos y musulmanes durante la guerra civil.
Esos barrios todavía atraen a oficinas, tiendas y actividades nocturnas
antes ubicados en el centro.
La gente cruza la línea verde con facilidad, pero la línea todavía
existe. A medida que uno se aproxima a ella, aumenta el número de
agujeros de balas en los muros de los edificios que aún no han sido
renovados.
En general, las divisiones urbanas de la preguerra por grupos religiosos
todavía se conservan. Puede que los cristianos hagan compras en el oeste
de Beirut, en especial en el barrio Verdún, pero pocos se mudan allí.
Los musulmanes disfrutan de la vida nocturna sobre la calle Monot, en el
barrio cristiano Ashrafiye, pero viven en otro lado.
Las divisiones son todavía más evidentes más al sur y al norte, sobre
la costa. El barrio chiita del sur de Beirut goza prácticamente de
autonomía, dado que el grupo extremista islámico Hizbolá reemplaza de
hecho la autoridad del gobierno central.
También el norte de la capital, cerca de la ciudad portuaria de Jounieh,
tiene un carácter propio. Allí, todavía dominan las fuerzas cristianas
libanesas y la Falange, un grupo paramilitar cristiano.
Muchas dificultades con los servicios básicos persisten 15 años después
de la guerra.
La mayoría de los edificios de Beirut tienen generadores de electricidad,
porque los cortes de energía son frecuentes y duran más de una hora.
Además, las tarifas son muy altas.
El agua es otro problema. En verano el suministro disminuye, y la presión
en general no es suficiente para hacerla llegar hasta los pisos superiores
de los edificios.
Una empresa manejada por una firma perteneciente a Hariri opera la red
telefónica, pero las tarifas, en especial para llamadas internacionales,
son tan altas que colocan a Beirut fuera del mercado mundial.
Internet sólo está disponible a través de líneas exclusivas y no por
las líneas telefónicas regulares, y funciona con imperfecciones. Muchos
sospechan que los servicios de seguridad controlan el tráfico de
Internet.
A todo esto se agrega la contaminación, el tránsito caótico y el
aumento de la violencia.
Por otra parte, la ciudad está rodeada de montañas y centros de ski.
Esto sumado a la buena comida, la música, los centros de compra y una
población dinámica hacen que Beirut siga siendo una de las ciudades más
atractivas que Medio Oriente puede ofrecer. (FIN/2005)
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