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Un loco
experimento
©
Gilda Alexandra Jara/Enkidu
Alguna vez consideré el
volver a ser un hombre, dejar de lado la transexualidad, casarme y tener
hijos; vivir la vida como lo deseaba mi mami: una esposa, un hijo, un
auto, un perro y un super trabajo para mantener todo el asunto; debo
admitir que algunas de esas premisas si las cumplo (jijijijijiji), pero no
todas; no diré cuales o va a haber muchos apuntados.
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Nicolaes Maes.
The Listening Housewife. 1655. Oil on panel. Royal
Collection, UK. |
Bueno, el punto es que mi
amiga Mrs. A, me invitó a una reunión sobre mercadotecnia, de una firma
de super mercados para saber que es lo que el hombre casado y con hijos,
compra en sus tiendas y si lo encuentra rápidamente; pues bien, al entrar
a la sala donde nos van a presentar a todos los “machos” (para ir
rompiendo el hielo), me encuentro rodeada de hombres (Oh my God!!!) todos
casados, muy serios y formales, algunos muy guapos y otros, solo una muy
ciega los querría (¿o será por otra cosa?), en fin, no entraré en
especulaciones; hicimos todo lo que nos pidieron y todo el rollo,
sorprendentemente, nunca entramos en una discusión feroz y no se
agredieron los presentes entre sí (señal de que sus esposas los tienen
bien educados ¿o será amaestrados?), en todo caso todo transcurrió sin
pena ni gloria, a lo que voy es a lo siguiente Mrs.
A me pidió que solo le
faltaba un hombre casado para la entrevista y que si le podía hacer el
favor de hacerme pasar por hombre y además casado
(jajajajajajajajajajaja), la idea me divirtió y con cierta reticencia
(pues tenía una cita con mi marido), acepte. Al entrar y ver tantos
hombres me sentí en el cielo y a la vez en el infierno, en el cielo por
la cantidad y variedad de los especimenes; en el infierno porque no podía
dejar que se me notara nada de mujer, absolutamente nada, así que usando
la magia de mis cambios de voz, improvisé una voz tan masculina, que creo
que fui la envidia de varios de los presentes, ¿cómo me sentí? Pues
como un gatita en una enorme perrera, con todos los pelos erizados; sí,
me dí cuenta que ya no encajo en el mundo de los hombres heterosexuales;
desde mi óptica solo pude ver las diferentes poses de cada uno de los
participantes, cada uno tratando de demostrar que tan hombre es tan solo
con la actitud, con los modales y con la forma de sentarse, desde luego
siempre tuvieron presente la idea que jamás entrarían al departamento de
mujeres a comprarse una crema o un rastrillo, pues su hombría entraría
en detrimento, lo que ellos necesitan es que todos los artículos sean
bien definidos nada de esos rollos de “artículos unisex”.
Sí, la sociedad hetero les
dota a los hombres de un instrumento llamado “machometro” (esa es la
teoría de un sexólogo y me encantaría que me hicieran el favor de
iluminarme diciendome ¿cual es su nombre?), este artefacto virtual que
todos los hombres hetero cargan todos los días, les va indicando cuando
tienen que demostrar que tan machos son y cuando romper craneos; si
alguien les llama homosexuales, es hora de romper ocicos (sea hombre o
mujer), pues les manda al sótano el nivel de machismo y tienen que
comenzar de nuevo de cero (que flojera). ¿Y las mujeres estan excentas de
un artilugio similar? Pues no, solo que el sistema de ellas es algo
diferente, si llegan vírgenes al matrimonio, son virtuosas, de lo
contrario son unas golfas y un gran peligro para la propiedad (las que
tienen novio); las que tienen novio son las que están “estudiando” la
carrera de esposas; las solteras sin compromiso, son las desertoras de la
carrera; las que ya se casaron están en el nivel de licenciatura; las que
ya tienen un hijo varón son doctoras; las que tienen una hija, solo
maestra, las que tiene ambos (hijo o hija) son doctoras sumacumlaude; las
divorciadas son muy peligrosas para las casadas, pues piensan que ya no
tienen nada que perder al andar de “coscolinas” con los hombres. Ahora
entiendo el porque de la discriminación.
Pero para que quejarnos,
nosotr@s l@s divers@s también tenemos clasificaciones, también estamos
tratando de demostrar algo a nuestr@s iguales, también somos
intolerantes, también discriminamos, también tenemos nuestro
“diversometro” para saber que tan diversos o no somos, así que
tampoco estamos libres de estas estructuras, pues crecimos inmersos en
ellas, solo que ahora les damos un enfoque diferente. ¿Pesado? Sumamente
¿Complejo? También, las benditas etiquetas que tod@s portamos, en fin
para que hechar pestes de nuestras estructuras; les dejo esto para que
reflexionen, por lo pronto Yo me voy con mis etiquetas, mis grados académicos,
mi intolerancia (hacia los heterosexuales y uno que otro aborto del
infierno) y mi diversidad, hasta pronto.
Este artículo se lo dedico a Mrs A por ayudarme en esta
experiencia tan reveladora.
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