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Mejor que en 2003,
igual a 2001
Por Daniela Estrada
SANTIAGO, 25/11/2005 (IPS) - Entre 2003 y este año, 13 millones de
personas salieron de la pobreza en América Latina y el Caribe, pero
ahora hay 213 millones de pobres, una magra reducción respecto de los
214 millones de 2001, sostuvo este viernes la Cepal.
Con los actuales ritmos de crecimiento y gasto social no se cumplirá la
meta del milenio de reducción de la pobreza en 2015, afirma el Panorama
Social de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
El informe consigna que todavía 213 millones, 40,6 por ciento de la
población regional, viven en esa condición de pobreza, 88 millones de
los cuales son indigentes.
Además, la disminución de la proporción de pobres solo ha
contrarrestado el crecimiento poblacional, lo cual explica que en 2005
la cantidad de habitantes en condición de pobreza sea similar a la del
año 2001, cuando eran 214 millones.
El déficit habitacional es la principal carencia, lo que se refleja en
altos porcentajes de la población residiendo en hogares hacinados, con
inadecuados sistemas de eliminación de excretas, señaló la agencia
regional de la Organización de Naciones Unidas con sede en Santiago de
Chile.
El secretario ejecutivo de la Cepal, José Luis Machinea, apuntó que
los favorables indicadores de crecimiento y gasto social de los últimos
dos años, no significan un avance sustantivo en materia de equidad
social, dado que hay aún un tremendo "stock" de problemas
acumulados.
El informe aborda cinco grandes temas: perspectivas de pobreza de la
región, tendencias del gasto social, expresiones demográficas de la
desigualdad social, incremento de la tasa de prevalencia del sida en el
Caribe y equidad de género y, por último, las políticas y programas
nacionales de salud.
En Argentina la pobreza descendió 16 puntos porcentuales en las áreas
urbanas, y la indigencia 9,8 respecto de 2002. En México, la pobreza se
redujo 2,4 por ciento y la indigencia en 0,9 entre 2002 y 2004, y en Perú,
esta última cayó en 2,8 puntos.
Las cifras muestran, según la Cepal, que la región avanzó en 51 por
ciento hacia el cumplimiento de la primera meta del milenio, que
consiste en reducir a la mitad el porcentaje de pobreza registrado en
1990, hacia 2015.
Los Objetivos de Desarrollo del Milenio fueron adoptados en 2000 por los
países de la ONU como una plataforma para reducir la pobreza y la
desigualdad en todo el mundo, mejorar la salud y la educación y adoptar
un modelo de desarrollo respetuoso del ambiente.
Sin embargo, "el progreso es todavía insuficiente en relación con
el tiempo transcurrido para alcanzar la meta, que equivale a 60 por
ciento (15 años de un total de 25)", advierte el estudio.
Se constata asimismo que el gasto público social aumentó
sostenidamente en los 21 países de América Latina y el Caribe. Su
participación en el producto interno bruto (PIB) pasó de un promedio
de 12,8 por ciento en 1990-1991 a 15,1 por ciento en 2002-2003.
Mientras Argentina, Brasil, Costa Rica, Cuba y Uruguay destinan más de
18 por ciento de su PIB al gasto social, países más pobres como
Ecuador, El Salvador, Guatemala y República Dominicana le asignan menos
de 7,5 por ciento.
De igual forma, el gasto público social tiene un impacto muy
significativo en el ingreso de los hogares más pobres. "Mientras
en promedio para el conjunto de los hogares el monto de gasto social
incrementa el ingreso primario en un 17 por ciento, el quintil más
pobre aumenta sus ingresos en un 86 por ciento", establece el
informe.
La Cepal también analizó las remesas de dinero de los emigrantes a sus
países de origen, las que habrían permitido que 2,5 millones de
latinoamericanos salieran de la pobreza en los últimos años.
América Latina y el Caribe es una de las regiones que recibe más
remesas. En 2004 éstas se estimaron en 45.000 millones de dólares,
cifra similar a la inversión extranjera directa, y superior a la ayuda
oficial al desarrollo dirigida a este lugar del mundo.
La mortalidad infantil bajó de 43 a 25 por cada mil nacidos vivos entre
1990 y 2003, y la fecundidad descendió de 3,0 a 2,6 hijos por mujer
entre los periodos de 1990-1995 y 2000-2005.
Sin embargo, la otra cara de la moneda muestra que la mortalidad
infantil y la fecundidad (sobre todo la temprana y no deseada) registran
tasas más altas en los grupos y en las regiones donde predomina la
pobreza.
La fecundidad adolescente aumentó entre los estratos socioeconómicos
bajos y medios de casi todos los países estudiados, situación inversa
a lo ocurrido en los sectores de mayor nivel socioeconómico.
La Cepal establece asimismo un panorama bastante heterogéneo en la región,
en cuanto a la capacidad de los gobiernos para afrontar los problemas de
salud de sus poblaciones.
La inequidad tiene su origen principalmente en los desiguales ingresos
de las personas, que no permiten prevenir y cubrir adecuadamente las
necesidades sanitarias.
El informe también abordó el aumento de los contagios de VIH (virus de
inmunodeficiencia humana, causante del sida), particularmente de mujeres
en los países caribeños.
De acuerdo con estimaciones de las Naciones Unidas, a fines de 2003,
470.000 hombres, mujeres y niños vivían con VIH/sida en el Caribe,
subregión que presenta una de las tasas de incidencia del virus en
adultos más altas del mundo, solo superada por África subsahariana.
Según el informe del Programa Conjunto de las Naciones Unidas para el
VIH/Sida (Onusida) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS), dado
a conocer el lunes, hay 40,3 millones de personas contagiadas en el
mundo, lo que constituye un incremento de 2,8 millones en comparación
con 2003.
Pero la región caribeña mostró en este último informe un avance al
haber logrado revertir en varios casos el progreso de la epidemia.
En América Latina hay 1,8 millones de portadores del virus, 200.000 de
los cuales se han infectado durante 2005. Las muertes por sida ascienden
a 66.000.
El principal medio de transmisión en el Caribe es el de las relaciones
sexuales heterosexuales (64 por ciento), afectando crecientemente a
mujeres, con lo cual se ha acortado la brecha de nuevas infecciones con
respecto de los hombres.
Las mujeres pobres o económicamente dependientes, advierte el informe,
tienen menores posibilidades de negociar cuestiones de sexualidad, una
de las principales causas de la expansión de la epidemia.
"Las tasas crecientes de infección entre las mujeres tienen dramáticas
consecuencias en términos de morbilidad y mortalidad, para la salud y
el bienestar de la familia y la comunidad en general, además del riesgo
de transmisión perinatal (madre a hijo)", advierte la Cepal.
Machinea dijo a IPS que a pesar de que América Latina no presenta una
epidemia tan marcada como la del Caribe, las características de la
enfermedad son similares en toda la región.
Coincidiendo con el diagnóstico del informe, la subdirectora del
chileno Centro de Desarrollo de la Mujer, Domos, Ximena Rojas, dijo a
IPS que las mujeres viven en constante situación de riesgo frente al
sida debido a la desigualdad existente en las relaciones de pareja.
"Hoy los grupos de riesgo no son sólo las trabajadoras sexuales y
los homosexuales, sino las mujeres heterosexuales, amas de casa, debido
a que éstas tienen poca posibilidad de negociar el uso del preservativo
con su pareja, aun sabiendo que ésta mantiene relaciones sexuales con
otras personas", afirmó Rojas.
Camilia Maturana, abogada de la no gubernamental Corporación Humanas,
que ha trabajado con mujeres portadoras de VIH, advirtió que los
derechos sexuales y reproductivos de las mujeres no son siempre
respetados.
"En Chile existen servicios de salud que realizan esterilizaciones
sin consentimiento a mujeres con sida, tal como constató una completa
investigación realizada este año", dijo Maturana a IPS.
El problema de las campañas de prevención, según Maturana, es que no
transmiten con claridad y naturalidad los mensajes, sobre todo con
relación al uso del preservativo, presionadas, en la mayoría de los
casos, por los sectores conservadores ligados a la Iglesia Católica,
contrarios a este método de protección.
El informe de la Cepal, en tanto, propone incorporar explícitamente la
dimensión de género en las políticas y programas de prevención del
sida, con el fin de detener y revertir la epidemia. (FIN/2005)
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