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Buenos Aires,
capital de la creatividad
Por Marcela Valente
BUENOS AIRES, 25/11/2005 (IPS) - Una cantidad extraordinaria de jóvenes
protagonizan una explosión creativa en la capital argentina. Superada
la depresión económica de varios años, miles de egresados de carreras
de diseño encontraron todo por hacer y pusieron manos a la obra.
Así lo explicó a IPS Adrián Lebendiker, el director del Centro
Metropolitano de Diseño (CMD) que depende de la Secretaría de Cultura
del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. "Fue una increíble
paradoja, porque el auge de las carreras en esta área coincidió con la
etapa de mayor caída de la producción manufacturera", destacó.
En poco tiempo, las carreras vinculadas al diseño se transformaron en
las más atractivas para los estudiantes que comenzaron a trabajar por
su cuenta, o a asesorar a las pequeñas empresas que en la década del
90 se habían volcado a importar y luego, tras la devaluación de la
moneda, buscaban modernizar sus matrices abandonadas.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y
la Cultura (Unesco) puso la lupa sobre este fenómeno que está
modificando la vida cultural y hasta la fisonomía de Buenos Aires.
En agosto, la capital argentina fue distinguida por la agencia de la
Organización de las Naciones Unidas (ONU) como "ciudad del diseño"
y se sumó así a la Red de Ciudades Creativas de la Alianza Global para
la Diversidad Cultural. La distinción fue entregada a inicios de este
mes.
"Buenos Aires ha sido capaz de aprovechar la energía y la innovación
del diseño para el desarrollo de iniciativas a nivel local, regional e
internacional", celebró la Unesco. La ciudad desarrolló "una
de las industrias de diseño más viables en América del Sur en
arquitectura, moda, industria y diseño urbano", reafirmó.
De esa manera, la ciudad del tango "no sólo diversificó su
crecimiento económico potencial sino que ocupó un amplio surtido de
actores en la construcción de uno de los más vibrantes y dinámicos
escenarios del diseño en América Latina", subrayó.
Además de la arquitectura y la tradición de diseño que se remonta a
los años 30, el fenómeno surgió tímidamente hace 20 años con la
creación de carreras de diseño gráfico e industrial en universidades
estatales de ingreso libre y gratuito. Después se sumaron las escuelas
privadas y se abrió la oferta al sector de la indumentaria y de imagen
y sonido.
Sólo la Universidad de Buenos Aires tiene hoy 14.000 estudiantes de
diseño.
No obstante, no fue solamente una cuestión de número. La crisis de los
años 90 y el colapsó económico de 2001 generaron una oportunidad. Con
la recesión, los diseñadores que trabajaban en empresas se quedaron
sin empleo y se lanzaron a desarrollar sus propios proyectos "sólo
para su subsistencia", precisó Lebendiker. Es decir, sin escala y
sin financiamiento.
Los jóvenes profesionales comenzaron a producir objetos que cautivaron
a la franja del mercado porteño más atenta a la novedad, y con un
poder adquisitivo entre medio y alto. Para colocar sus productos, los
diseñadores apelaron a ferias que comenzaron a surgir como un efecto
colateral del movimiento.
En 2001, productores de ferias lanzaron las propuestas de "Puro
Diseño" y "Fashion Week" (semana de la moda, destinada a
la venta de indumentaria). Estas muestras se repitieron desde entonces
cada año con competencia gubernamental y privada y la presencia de una
gran cantidad de público local y de turistas extranjeros.
El CMD, que se inauguró ese mismo año, sumó la idea de "El
Dorrego", un mercado que sesiona periódicamente con más de un
centenar de puestos de distintos objetos de decoración, mobiliario,
indumentaria, mantelería, accesorios, juguetes y artefactos de
iluminación, entre otros rubros.
"El CMD surgió cuando el Estado percibió que había muchos diseñadores
dispuestos a producir, pero que les faltaba capacidad financiera y
estrategias para mejorar los productos y producirlos a gran escala",
puntualizó Lebendiker. Además, tenían dificultades para ingresar en
la cadena de comercialización.
Para que las ideas despegaran, las herramientas fueron principalmente
dos. Por un lado trabajar con empresas para la incorporación del diseño
profesional a sus procesos productivos y asistir a diseñadores que
pudieran convertirse en proveedores de esas empresas. Y por el otro,
ayudar al desarrollo de iniciativas individuales con potencial.
Actualmente, el CMD trabaja con numerosas empresas chicas pero también
con la cadena francesa de hipermercados Carrefour y con la firma chilena
Easy, dedicada al comercio de herramientas, objetos y mobiliario para la
vivienda. "Ellos tienen 16 por ciento del mercado de muebles de
Argentina y queremos estar allí", aseguró Lebendiker.
Paralelamente, el centro tiene en su sede unas 15 incubadoras de
empresas. "Incuba es una herramienta de asistencia en un lugar físico
para apuntalar a diseñadores que tienen buenos proyectos pero que
carecen de capacidad financiera y de formación en el área de negocios",
indicó el funcionario.
El CMD selecciona los proyectos y luego les brinda un local con línea
telefónica durante un año, prorrogable a tres. También les da
asesoramiento legal y contable, y un equipo de gerentes que los controla,
además de capacitación en administración del negocio y contactos con
redes de proveedores y de clientes.
"Muchos emprendimientos se revelan inviables al poco tiempo, pero
hay al menos un tercio que prospera", aseguró el director.
Uno de ellos es "Replicante", una iniciativa de dos diseñadores
industriales, que se dedica a desarrollar prototipos impresos en volumen
para empresas pequeñas y medianas. Se trata de piezas tangibles, de
material durable, que son diseñadas desde una computadora.
Daniel Arroyo, uno de los dueños de Replicante, dijo a IPS que con su
socio habían trabajado para la empresa de motos Zanella hasta que la
crisis los decidió a ponerse por su cuenta. "Pero en general, el
tema de diseño de producción cayó mucho en los 90 y cerramos",
sostuvo.
Entonces elaboraron este proyecto y lo llevaron a Incuba. Pasaron por
los seminarios previos para interiorizarse en el manejo de empresas y
concursaron con otros 54 proyectos. El CMD los eligió junto a otros
ocho para que brindaran servicios a diseñadores y a empresas.
Las máquinas, que según Arroyo trabajan "día y noche" a un
año de comenzar, transforman los diseños en piezas tridimensionales.
La empresa también brinda servicio de digitalización de objetos en
tres dimensiones, para trabajar luego en su mejora.
El diseñador consideró importante mantenerse bajo el paraguas de
Incuba otros dos años porque la capacitación es constante, y porque
quienes participan de talleres y seminarios en el CMD son "potenciales
clientes nuestros". (FIN) (FIN/2005)
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