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Paquistán:
Aún con el invierno, los sobrevivientes del
terremoto mantienen vivos sus sueños
Valle de Neelum, 1° de diciembre (IRIN/Traducción al castellano de ©
Enkidu): Hameeda Bibi, de 37 años de edad, tararéa animada mientras
peina con cuidado el cabello de sus hijas, Aziza, de 11, y Kulsoom, de
cinco.
Las niñas se preparan para ir a la escuela en campo libre [outdoor
school], instalada para las víctimas del terremoto en Punjgara, un pueblo
de unas 7,500 personas, localizado a unos 30 kms. de Muzaffarabad, la
capital del Cashmir administrado por Paquistán, en el devastado Valle
Neelum.
Punjgara se encuentra a menos de 20 km del epicentro del terremoto del
8 de octubre y la evidencia de escombros que causó aún es visible en
todos lados, incluso a siete semanas del meteoro.Un total de 450 personas
murieron en Punjgara y casi todos han perdido familiares. Los restos de
las casas se encuentran por todos lados, y los derrumbes en las barrancas,
provenientes de poblados enteros se encuentran por todas las aguas de Río
Neelum, que corre por el valle.
Lo que es de subrayar en estas circunstancias es el espírituo de la
gente misma. El invierno está por arreciar y esto limitará el trabajo de
ayuda en lugares como el Valle de Neelum. El ejército paquistaní ha
dicho que los caminos pueden ser demasiado difíciles para permitir que
los trabajadores de ayuda viajen en ellos. A pesar de esto, los
sobrevivientes están determinados no sólo ha sobrevivir el invierno,
sino a continuar sus vidas y sus sueños.
Hameeda, quien perdió a su esposo en el terremoto, dijo que no
permitirá que esta calamidad afecte el futuro de sus dos hijas o de su
hijo mas joven, quien apenas cumplió tres años de edad. "Me
aseguraré de que mis hijas reciban educación y se conviertan en
profesoras o doctoras, de forma que puedan ayudar a la gente en esta area.
Nosotros somos muy pobres, pero nos damos cuenta del valor de la
educación," dijo Hameeda a IRIN, en traducción al castellano de
Enkidu.
Hameeda inició enviando a sus hijas a la escuela que instaló
Jamaat-e-Islami (JI), un partido político y organización religiosa hace
una semana, desde el momento en que ella supo que ya estaba funcionando.
"No es una buena escuela y los niños que asisten son de todas las
edades. La mayoría no tiene libros ni papelería adecuados, pero al menos
estas dos aprenderán algo," dijo ella, mientras sus dos hijas salen
de la pequeña casa hacia la escuela, frotando sus manos para mantenerlas
calientes.
Los índices de alfabetismo en la Cachemira administrada por Paquistán,
se encuentran en 60%, y son entre las más altas del país. Más del 50%
de las mujeres jóvenes de Cachemira son alfabetas y la mayoría de los
menores, niños y niñas, se encuentran inscritos en las escuelas. "Yo
se que no debo perder más días de estudio, pues deseo ser un doctor
cuando sea grande, y por eso es que debo estudiar más duro y aprobar cada
examen," dijo Aziza a IRIN, en traducción de Enkidu.
Muchas de las personas que tienen relación con los trabajos de alivio
creen que esta resistencia [€€€resilience€€€] de la gente
local, acostumbrada al trabajo duro, es lo que les ayuda a superar el
desastre. "Nunca he visto tal fortaleza, tal paciencia. La gente es
increíble. Mira los esfuerzos para reconstruir sus vidas, incluso en
estas circunstancias," dijo Shamir Kareem, un doctor egipcio que
trabaja en el area del Valle de Neelum.
Han destacado los esfuerzos de las mujeres en particular. En un area
donde miles de hombres trabajan fuera de la Cachemira administrada por
Paquistán, en Paquistán o en otros países, fueron las mujeres quienes
se encontraron a sí mismas solas cuando ocurrió el terremoto. "Muchas
sacaron cuerpo de los escombros, los enterraron, condujeron a los heridos
a los hospitales y ahora están construyendo sus casas nuevas, trabajando
en equipo o con la ayuda de sus hijos mayores," dijo Kareem.
"Estamos acostumbradas a vérnolas por nosotras mismas. Muchos
hombres visitan sus casas sólo unas pocas veces al año, y somos nosotras,
las mujees, quienes llevamos nuestras vidas, proveemos de agua, retiramos
la nieve de nuestros techos, cuidamos de los alimentos y de los niños y
de cultivar la tierra que tenemos," concluyó Gulnar, de 28 años de
edad, una de las sobrinas de Hameeda.
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