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Villa Grimaldi, la
memoria del infierno
Por Carolina Avendaño
Villa Grimaldi, la otrora fastuosa mansión
transformada en los años 70 en el más emblemático centro de torturas y
desapariciones de la dictadura de Chile, pasará a ser finalmente el
primer Museo de los Derechos Humanos del país para "la memoria y la
educación".
SANTIAGO, 30/08/2005 (IPS) - La iniciativa es impulsada por la
Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi y el municipio de Peñalolén,
con el apoyo del gobierno de Ricardo Lagos y de organizaciones
humanitarias internacionales y nacionales, además del patrocinio del Alto
Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y de varias
universidades chilenas.
"Las nuevas generaciones deben saber la verdad. Este proyecto
corresponde a un compromiso de hacer realidad una necesidad urgente que
nos involucra a todos", comentó a IPS Claudio Orrego, alcalde de Peñalolén,
uno de los municipios del área oriental de Santiago y en cuya jurisdicción
está Villa Grimaldi.
Se trata de instalar el recuerdo permanente de las más de 3.000 personas
desaparecidas y asesinadas por el régimen del general Augusto Pinochet
entre 1973 y 1990 y evitar así tanto el olvido como la aceptación de las
prácticas represivas que tuvieron lugar en Chile y otros países de América
Latina en la misma época.
El museo guardará archivos reconocidos por la Organización de las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, que incluyen
registros escritos, audiovisuales y jurídicos, recopilados entre 1974 y
1990.
Este "espacio para la memoria y educación en derechos humanos",
como lo definen sus promotores, está inspirado en experiencias similares
en el mundo, como la Casa de Ana Frank de Amsterdam, el Centro de Historia
de la Resistencia y de la Deportación de Lyon, Francia, y el memorial de
la Casa de Conferencia de Wansee en Berlín.
También se mira en lo que es el Museo del Holocausto en Jerusalén y en
Houston, Estados Unidos, así como la Fundación Memoria Histórica y
Social y el Museo de la Memoria de Rosario, en Argentina, y Recuperación
de la Memoria Sobreviviente, de El Salvador.
Luz Encina, de 75 años, milita en la Agrupación de Familiares de
Detenidos Desaparecidos (AFDD) y es madre de cinco hijos. El menor de
ellos, Mauricio Jorquera Encina, tenía 19 años y era estudiante de
sociología de la Universidad de Chile cuando fue detenido el 5 de agosto
de 1974 y hasta la fecha se ignora su destino.
Desde hace 30 años, Encina se reúne con sus compañeras de la AFDD para
exigir la verdad sobre la desaparición de Mauricio. "De alguna
manera soy afortunada", dijo a IPS, al señalar que otro de sus hijos,
Patricio, hoy de 54 años, sobrevivió a la detención en el hospital de
la Fuerza Aérea..
Mauricio, quien habría cumplido 50 años el 5 de este mes, fue uno de los
desaparecidos de Villa Grimaldi. "No se puede explicar el dolor la
angustia, los constantes allanamientos en mi casa, y la inagotable eterna
búsqueda, las enormes peticiones de justicia se topaban con la
indeferencia, la amenaza o el laberinto burocrático del régimen militar",
contó Encina.
"Nosotras, las madres, no decimos que nuestro hijo está muerto,
hasta que el Estado lo diga o encontremos su cuerpo", subrayó.
"Por eso la importancia de este museo histórico sobre los derechos
humanos. Por los que murieron, por las mujeres, por los niños, por los
sobrevivientes. Ojalá alcance a verlo ya construido. Nuestro país no
puede olvidar, es una deuda pendiente que tiene con sus desaparecidos",
agregó..
La casa-quinta Villa Grimaldi, ubicada en la precordillera de los Andes,
fue el más importante de los 221 recintos de detención y prácticas
represivas en la Región Metropolitana, según el informe emitido a
inicios de este año por la Comisión Nacional sobre Prisión Política y
Tortura, que también ubica en 30.000 la cantidad de torturados en el país
durante la dictadura.
Este centro de prisioneros estuvo a cargo de la Dirección de Inteligencia
Nacional (DINA), que lo llamó Cuartel Terranova, y cuando en 1978 esta
primera policía secreta de Pinochet fue disuelta, pasó a control de su
sucesora, la Central Nacional de Informaciones, hasta su también
desaparición en enero de 1990.
Desde la segunda mitad de los años 70 se denunciaba la existencia de este
campo de torturas y desapariciones, lo cual fue confirmado oficialmente en
abril de 1991, con el Informe de la Comisión de Verdad y Reconciliación.
Las estimaciones sobre la cantidad de personas que pasaron por ese lugar
van desde un piso de 2.000 hasta 5.000. Es que las condiciones de detención,
con la vista vendada y hacinados en cuartos cerrados, impidieron a muchos
saber dónde estaban.
Construida en la década del 30 en una antigua hacienda, Villa Grimaldi
supo tener su momento de esplendor cuando era una típica parcela de
descanso para gente acomodada. La mansión, paradójicamente, perteneció
en los años 40 a la familia de Carlos Altamirano, el secretario general
del Partido Socialista durante el gobierno de Salvador Allende
(1970-1973), del mismo sector.
En ese entonces tenía un gran muro de adobe que la separaba de la calle y
un gran portón metálico de ingreso. En su construcción se usaron
materiales finos, como mármoles y baldosas importadas, que aún se
conservan en lo que es hoy el Parque por la Paz.
Además contaba con un gran espacio verde que rodeaba con jardines toda la
casa, así como instalaciones aledañas para el servicio doméstico, que
después fueron usadas por la DINA.
A mediados de los años 50 esa propiedad fue adquirida por Emilio Vasallo,
quien instaló ahí un restaurante de lujo y, en consideración al
parecido del lugar con una casa italiana, lo bautizó Villa Grimaldi.
La casa principal está hoy demolida, pero se conservan vestigios de otras
instalaciones usadas por la DINA. Entre ellas se cuenta un lugar de
torturas que llamaron "casas Corvi", en alusión a la Corporación
de la Vivienda, el ente estatal que construía casas populares en el
gobierno de Allende.
Otros sitios aún en pie son las "casas Chile", que eran cuartos
de un metro por dos donde eran llevados los prisioneros y prisioneras
después de las torturas, así como la "Torre", una edificación
de seis metros de altura con nichos cuyas puertas medían unos 60 centímetros
y que servía para mantener en aislamiento a quienes se negaban a
colaborar.
En 1997 se inauguró en Villa Grimaldi el denominado Parque Por la Paz con
el mural en homenaje a los 1.119 desaparecidos, que fue el
acondicionamiento de una fuente de agua y la plantación de árboles.
Mientras que el 11 de diciembre de 2004 el Ministerio de Educación declaró
esta casa Monumento Nacional en calidad de Sitio Histórico.
Cristina Chacaltana es una de las sobrevivientes de este campo de
concentración. La construcción de un museo es "más que una
necesidad urgente", señaló a IPS este mujer hoy de 56 años, que
fuera detenida en abril de 1975 y mantenida en la villa un año y seis
meses. Más tarde, entre 1984 y 1989, fue llevada a la cárcel de Coronel,
en la región de Concepción, 545 kilómetros al sur de la capital.
"Razones hay miles, y desde mí podría decir que ese lugar encierra
para nuestro pueblo una de las páginas más negras del régimen militar
de nuestro país. Hablo de un lugar histórico, por todo lo que ese lugar
significó para cientos de hombres y mujeres, inclusive niños que pasaron
por ese centro de tortura", apuntó.
"Se trata de reincorporarnos a la vida de hoy desde nuestros dolores
y también desde nuestros anhelos, para que nunca se vuelva a repetir un
lugar como un centro de torturas", señaló.
"Se busca también decir que hoy somos capaces de convertir a la
memoria de esos años difíciles en creación, creación de cultura, de
memoria, de idealismo y de sueños que se están construyendo todavía hoy",
sentenció la ex presa política.
Para su hermana, Ana Maria Chacaltana, integrante de la Corporación
Codepu (Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo), "todo lo que
se haga en recuerdo del pasado es una catarsis, por lo tanto hace muy bien
al país".
"La reconciliación es una palabra que todos pronuncian, pero que no
saben la dimensión que tiene para aquellos que han sufrido en carne
propia todas las injusticias de un régimen que no midió consecuencias",
comentó a IPS.
"La idea de un Museo me parece lo más justo, pues ahí deberían
tener cabida todas las formas de padecimiento que existieron en dictadura.
No sólo de muerte, tortura, desaparecidos, exilios, sino también de
cambio de vida, de cambio de valores, de perdida de identidad", añadió.
A su vez, Enrique Peebles entiende que "un museo de los derechos
humanos tiene sentido, porque en nuestro país, en los 200 años de
Independencia, las intervenciones militares fueron frecuentes".
Peebles estudió Medicina en la Universidad de Concepción y fue arrestado
en diciembre del 1974 y llevado a Colonia Dignidad, en la actualidad es
uno de los principales acusadores de Paul Schäfer, el jerarca de ese
enclave nazi que sirvió también de centro de torturas y eliminación de
presos para la dictadura,
Schäfer fue arrestado el año pasado en Argentina y está bajo juicio en
Chile por abusos contra menores.
"Creo que con este museo de la memoria, la sociedad debería aprender
de nuestra historia, pues existe demasiada desinformación. Durante 200 años
los militares han tenido el uso exclusivo de las armas, además de todos
los privilegios que tienen", subrayó el médico ante IPS.
"El Museo de Derechos Humanos (de Villa Grimaldi) tiene que mostrar
esta situación. Responsables de feroces matanzas deambulan libremente por
las calles y en este momento están impunes. El tiempo tiene que juzgar",
enfatizó Peebles. (FIN)
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