Los intocables
Sanjay Suri
LONDRES, 25/2/2005 (IPS) - No sólo las
fuerzas armadas británicas quedaron manchadas tras la condena de tres
soldados que cometieron torturas en Iraq. Tampoco quedó bien parado el
sistema judicial, incapaz de indagar a los altos mandos.
El tribunal militar en la base británica de
Osnabruck, Alemania, sentenció el miércoles a los tres soldados a un máximo
de dos años de cárcel por su ”brutal”, ”cruel” y
”repugnante” tratamiento a prisioneros en la meridional ciudad iraquí
de Basora.
Los presos fueron golpeados, humillados, obligados a desnudarse y a
simular relaciones sexuales entre ellos, mientras eran obligados a sonreír
ante la cámara.
Los tres soldados pertenecen al Regimiento Real de Fusileros. El cabo
lancero Darren Larkin, de 30 años, se declaró culpable de ”agresión”
pero inocente de los cargos de ”conducta indecente”, mientras que
Daniel Kenyon, de 33, y Mark Cooley, de 25, negaron todas las acusaciones.
La prueba principal fueron las fotografías tomadas por el soldado Gary
Bartlam, de 20 años, quien a su vez fue inicialmente sentenciado a 10 años
de prisión por haber empleado su cámara. El tribunal consideró que las
imágenes estimulaban a otros soldados a participar de las torturas.
Una foto muestra a un soldado parado sobre un detenido acurrucado en el
suelo, al que hostiga con una vara. En otras se pueden ver a dos
prisioneros simulando sexo anal.
Estas imágenes evocan las humillaciones a las que fueron sometidos presos
iraquíes en la cárcel de Abu Ghraib por parte de soldados
estadounidenses, también conocidas por sus mandos y el público a través
de fotografías.
En mayo del año pasado, el periódico británico The Daily Mirror público
fotos de un soldado orinando sobre un preso iraquí. Las imágenes fueron
consideradas falsas, aunque varios testimonios señalan que fueron hechos
reales.
La sentencia contra Bartlam se redujo a 18 meses luego de que fueran
desechados cuatro cargos de agresión a cambio de su testimonio contra los
otros tres soldados.
Pero Bartlam no tomó las fotografías para guardar una evidencia de las
torturas, sino como un trofeo para llevar a casa. Su novia las vio, lo
abandonó indignada y lo denunció ante las autoridades militares.
Los iraquíes torturados habían sido detenidos robando leche en polvo
durante el operativo ”Alí Babá”, ordenado por el jefe del campo, el
mayor interino Dan Taylor, para acabar con el pillaje en las calles de
Basora.
El sargento Wilton Brown aseguró en el proceso que Taylor había ordenado
”destrozar” a los detenidos. No obstante, el tribunal no ha iniciado aún
acciones contra ninguno de los oficiales.
Las fuerzas armadas británicas señalaron que Taylor no se presentará a
la corte marcial porque su declaración ”no sirve al interés público”.
Por el contrario, Taylor fue ascendido a mayor, y el comandante del batallón,
David Paterson, a coronel.
Taylor se presentó ante la corte marcial y declaró haber pedido a sus
soldados que ”trabajaran duro” con los prisioneros iraquíes.
Estas y otras órdenes dadas por Taylor y Paterson son violatorias de la
Convención de Ginebra, que regula el trato a los prisioneros de guerra y
constituyen la base, en general, del derecho internacional humanitario.
Taylor dijo que había destruido todos los documentos sobre esos
acontecimientos dos semanas antes de que comenzaran las audiencias en el
tribunal, aunque aseguró que los archivos probaban sus declaraciones.
Quizás la mayor ironía del caso es que Bartlam había sido enviado por
sus superiores a un curso de fotografía militar después de que su novia
lo denunciara.
Ahora el ejército británico reconoce que esa decisión fue ”poco feliz”,
pero insiste en que Bartlam tiene ”habilidad natural para fotografiar a
personas”. ( (FIN/2005)
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