|
| |
|
Estómagos vacíos,
llantos silenciosos
Por Joyce Mulama
MWINGI, Kenia, 01/11/2005 (IPS) - El frágil Musyimi Mbiti, de cuatro años,
yace en un lecho casi sin cobijas en el hospital del distrito de Mwingi, a
unos 165 kilómetros de Nairobi. Quiere llorar, pero el hambre lo privó
de fuerzas para emitir sonido.
Sus pequeños brazos están atados a las barandas de la cama con un trapo
sucio para evitar que mordisquee su propio cuerpo. Los huesos de sus
demacradas mejillas sobresalen tanto que uno teme que puedan perforar la
piel.
Cada tanto se entrega al sueño mientras su madre, Tabitha Mbiti,
igualmente cansada, intenta acariciarlo.
En otras partes del hospital hay varios niños que padecen la misma
malnutrición.
Este es el rostro de una hambruna que asola a varias regiones de Kenia,
incluyendo el centro-sur, donde se encuentra el distrito de Mwingi. Esta
zona seca y polvorienta, con una población de 332.000 habitantes,
experimenta una sequía de tres años, y las temperaturas hacen hervir la
tierra.
El año pasado, Tabitha Mbiti plantó maíz y judías en su terreno de dos
hectáreas, para alimentar a Musyimi y a sus otros cinco hijos, pero no
cosechó nada.
Musyimi "no ha comido nada en los últimos cuatro días porque no hay
nada para comer", dijo a IPS. "Yo había ido a la oficina del
comisionado del distrito para pedir comida, y alguien reparó en mi hijo
cansado y me pidió que lo llevara al hospital".
"Por fin aquí le pusieron suero y le dan agua de cereales para beber",
agregó. Tabitha no está en mejor estado: su boca está seca y sus ojos
llorosos de tanto bostezar, un síntoma que acompaña al hambre.
La familia Mbiti y muchas otras dependen ahora de las raciones de
alimentos que distribuyen el gobierno y el Programa Mundial de Alimentos (PMA)
de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), bajo una iniciativa de
"alimento por trabajo".
Según este esquema, una familia recibe maíz, legumbres y aceite por cada
día que uno de sus miembros trabaja en un proyecto del PMA. Está
previsto que esas raciones satisfagan la mitad de las necesidades
nutricionales de cada familia. Nadie puede trabajar más de 12 días por
mes en los proyectos, que se centran en medidas de conservación del suelo
y el agua.
Pero el plan puede caer bajo la presión de las cada vez mayores
solicitudes de asistencia.
"Se está volviendo peor día a día, y esto se ve en la migración
del campo a las ciudades del distrito. Muchas personas están viniendo de
sus aldeas a Mwingi a buscar alimentos", dijo Solomon Kitheka,
gerente de proyecto de la organización internacional no gubernamental
Action Aid, con sede en Johannesburgo, que administra el programa "alimento
por trabajo" del PMA.
Cada día, más de 30 personas se acercan a su oficina en busca de ayuda.
En la zona también se implementó un programa de alimentación escolar,
pero con muchas dificultades. Las demoras en el suministro de comida a las
instituciones escolares desbarataron los planes de brindar almuerzos a los
niños.
"Esta temporada, la asignación (de alimentos) se demoró tres
semanas, durante las cuales nos quedamos sin comida", contó Wilfred
Kimanzi, subdirector de la escuela primaria Mavisi. "Casi la mitad de
los alumnos dejó la escuela. Y sólo volvieron cuando se entregaron los
alimentos".
Rodeada de árboles marchitos y alfombrada de polvo, Mavisi alimenta a 530
alumnos. En Mwingi hay 353 escuelas primarias con 131.225 escolares, la
mayoría cubiertos por el programa de alimentación.
Pese a este escenario, el subcomisionado del distrito, Mohammed Maalim,
sostiene que la situación está bajo control.
"No hay motivo par alarmarse en este momento. Tenemos suficientes
alimentos para afrontar la situación. Además, también solicitamos
semillas para ayudar a que la gente esté pronta para (plantar cuando
lleguen) las lluvias. Nos embarcamos en una medida de preparación ante el
desastre", señaló.
En septiembre, el gobierno del presidente Mwai Kibaki solicitó 33
millones de dólares para ayudar a 1,2 millones de keniatas a soportar la
escasez de alimentos en varias zonas del país.
Un mes después, las autoridades anunciaron planes para construir en
Nairobi una mansión para el jefe de Estado por valor de 1,3 millones de dólares.
Aunque el plan tiene luz verde de las autoridades económicas, despierta
agrias críticas de los opositores, para quienes el presidente ya cuenta
con una vivienda adecuada en State House, y sería mejor destinar esos
fondos en aliviar el hambre.
Este argumento resulta irresistible frente a la oficina del comisionado
del distrito de Mwingi, donde es continua la larga fila de personas que
necesitan alimentos. Unas 50 personas, jóvenes y ancianas, recorrieron
largas distancias, desafiando al sol abrasador para pedir provisiones.
Una de ellas es Charles Musyoka, ciego y padre de seis hijos que dejaron
de asistir a la escuela a causa del hambre.
"Caminé 15 kilómetros en busca de comida para alimentar a mi débil
esposa y a seis hijos. Vine yo porque ellos están muy débiles para
caminar", dijo a IPS entre lágrimas.
"Nos fuimos a dormir con hambre durante muchos días, ya ni sé cuántos.
Sobrevivimos comiendo frutos silvestres desde hace un mes, cuando nos
dieron cuatro kilos de maíz", agregó. (FIN/2005)
|
|