Democracia al resumidero
Ranjit Devraj
NUEVA DELHI, 1/2/2005 (IPS) - La destitución
del gobierno de Nepal por parte del rey Gyanendra es vista como una ofensa
a Nueva Delhi y a las potencias occidentales que han presionado por más
democracia en ese reino encerrado entre dos gigantes, China e India.
La ”brutal disolución” este martes del
gobierno del primer ministro Sher Bahadur Deuba es un ”completo desaire
a India, que había recomendado específicamente al rey no dar semejante
paso”, sostuvo el profesor S.D. Muni, experto en política nepalesa.
El rey Gyanendra negó que el derrocamiento haya sido un golpe de Estado,
mientras efectivos militares rodeaban las viviendas de Deuba y de otros
altos funcionarios.
En un discurso emitido por la televisión estatal, Gyanendra acusó al
gobierno de fracasar en la celebración de elecciones parlamentarias y de
ser incapaz de restaurar la paz en el país, en referencia a la
insurgencia maoísta activa desde 1996.
”Todas las fuerzas democráticas y líderes políticos deberían unirse
para proteger la democracia”, dijo Gyanendra en una alocución de media
hora.
”Niños inocentes fueron hallados masacrados, y el gobierno no pudo
lograr resultados efectivos. La corona es tradicionalmente responsable de
la protección de la soberanía nacional, la democracia y el derecho del
pueblo a vivir en paz”, añadió.
Luego del discurso, fue declarado el estado de emergencia. Agencias de
noticias indias reportaron el corte de las líneas telefónicas y de las
redes de telefonía móvil y la suspensión del tráfico aéreo. El país
parecía completamente incomunicado del resto del mundo.
Nepal afronta el embate de una guerrilla maoísta. Desde el brote
insurgente de 1996 han muerto más de 10.500 personas en ese país de 27
millones de habitantes. Los maoístas, que se proponen derrocar al
gobierno y establecer un estado socialista, se niegan a dejar las armas y
sumarse a la vida política no violenta.
Un antecedente del derrocamiento de este martes fue la clausura, la semana
pasada, de la Oficina del Representante del Dalai Lama, líder espiritual
del Tíbet en el exilio, y de la Oficina de Bienestar de Refugiados
Tibetanos.
Ambas instituciones funcionaron durante 45 años en Katmandú, la capital
nepalí, pese al descontento del gobierno chino (que controla el
territorio tibetano) y de sus presiones para que Nepal las cerrara.
Muni, quien enseña relaciones internacionales en la Universidad
Jawaharlal Nehru, vincula las clausuras de las oficinas tibetanas con el
golpe de este martes y estima que tanto India como Gran Bretaña y Estados
Unidos deberían sentir la señal de alarma.
”Estas potencias deberían tomar en cuenta que Katmandú siempre puede
jugar la carta de China”, como contrapeso de India y Occidente, dijo
Muni en entrevista con IPS.
La presión del pueblo nepalí y de la comunidad internacional podría
forzar a Gyanendra a ”aflojar el lazo con que ahoga a la democracia”,
opinó.
India manifestó oficialmente su sorpresa por la disolución del gobierno
en una declaración de la cancillería, que la consideró ”un serio paso
atrás para la causa de la democracia en Nepal” y ”una grave
preocupación para India”.
India ha respaldado una democracia multipartidaria coexistiendo con la
monarquía constitucional nepalí, ”un principio que ahora ha sido
violado por el rey, al formar un gobierno bajo su control”, añade el
comunicado.
Los acontecimientos de este martes han puesto ”a la monarquía y a los
principales partidos políticos nepalíes en confrontación directa”, añade
el texto de la diplomacia india.
Respecto de la guerrilla maoísta, el Ministerio indio de Relaciones
Exteriores añadió que es ”imperativo desarrollar un amplio consenso
nacional, especialmente entre la monarquía y los partidos políticos,
para afrontar los desafíos políticos y económicos del país”.
”Continuaremos apoyando la restauración de la estabilidad política y
de la prosperidad económica en Nepal, proceso que requiere confianza en
las fuerzas de la democracia y respaldo del pueblo nepalí”, subraya el
comunicado.
Para Muni, India tiene ante sí una difícil decisión. ”Respaldar al
rey sería ir contra la democracia, y enfrentarlo podría alentar la
insurgencia”, sostuvo.
Gyanendra ascendió al trono tras una sangrienta masacre de la familia
real, en junio de 2001, en la que murieron su hermano, el rey Birendra, la
reina Aishwayra y el príncipe heredero de la corona, Dipendra.
Inmediatamente después de su coronación, Gyanendra anunció que no sería
un monarca silencioso como su hermano, y que jugaría un activo papel en
la vida política.
Desde entonces, ha infringido más de una vez los límites de la monarquía
constitucional, y ésta es la segunda ocasión en dos años que destituye
a Deuba, considerado un fiel realista.
Deuba fue destituido por Gyanendra en 2002 y restituido el año pasado,
con la recomendación de formar gobierno con participación de varios
partidos y de convocar a elecciones legislativas antes de que concluyera
2004. El parlamento permanece disuelto desde 2002.
La mayoría de observadores en India creen que Gyanendra tiene escaso
interés en restaurar la democracia. ”Hay posibilidades de que abra un
diálogo con los maoístas y los partidos políticos y termine embaucándolos,
como ha hecho antes”, sostuvo Muni.
En 2003, el gobierno acordó un cese del fuego con la guerrilla y medidas
de democratización, que sin embargo no se cumplieron.
Con todos los partidos políticos apartados de la escena, resta ver cómo
el monarca sienta de nuevo en una mesa de diálogo a los rebeldes y les
arranca algún tipo de acuerdo que devuelva la paz al país.
Semejante paso sería toda una paradoja, pues uno de los propósitos básicos
de los maoístas ha sido abolir la monarquía.
”Sólo podemos albergar profundas dudas sobre el futuro de la democracia
en Nepal, dado que el rey Gyanendra no es un demócrata entusiasta”,
dijo el analista Kalim Bahadur, experto en asuntos sudasiáticos.
La Comisión Asiática de Derechos Humanos, con sede en Hong Kong, reclamó
a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que interviniera para
impedir la violencia, las ejecuciones extrajudiciales, los arrestos
ilegales y la tortura.
”Si no se lleva a cabo en esta instancia una intervención firme de la
ONU y la comunidad internacional para frenar el escalamiento de la
violencia, fácilmente podría perpetrarse un baño de sangre, con el
movimiento de personas y de noticias totalmente restringido”, sostuvo la
Comisión en un comunicado. (FIN/2005)
[02.02.2005]: Refugiados
en el limbo nepalés
Cientos de refugiados tibetanos quedaron desvalidos cuando el gobierno de
Nepal cerró, al parecer por presión de China, una institución de
asistencia dirigida por seguidores de su líder espiritual en el exilio,
el Dalai Lama... más
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