Un trágico fantasma de 135 años
Mario Osava
RIO DE JANEIRO, feb (IPS) - ¿Intereses
nacionales o razones de Estado pueden justificar el secreto eterno de
ciertos documentos? Esa fue la explicación hasta ahora en Brasil para
mantener en reserva estricta los archivos relacionados con la Guerra del
Paraguay, que entre 1865 y 1870 diezmó la población de ese país.
La polémica sobre esos documentos históricos
ocultos para la ciudadanía apareció junto con la intensificación de los
reclamos por la apertura de los archivos de la dictadura militar que imperó
en Brasil de 1964 a 1985, para aclarar el destino de las personas
desaparecida de modo forzoso, las torturas y otras arbitrariedades
perpetradas en ese período.
En la prensa brasileña se publicaron justificaciones de fuentes
gubernamentales no identificadas defendiendo el llamado "sigilo
eterno” para documentos como algunos de la Guerra del Paraguay, por
involucrar cuestiones fronterizas y actos de crueldad.
Esa guerra involucró también a Argentina y Uruguay en la llamada Triple
Alianza contra los paraguayos, por motivos diversos entre los que primaban
conflictos por fronteras, comerciales y económicos.
Al finalizar el conflicto bélico las dos terceras partes de los hombres
adultos de Paraguay habían muerto y prácticamente sólo quedaban vivos
niños, ancianos y mujeres. También perdió parte de su territorio
original al momento de independizarse de España y quedó devastada la
hasta ese momento más pujante economía de la región.
La información sobre tales documentos sorprendió algunos historiadores,
especialmente a Francisco Doratioto, autor de "Maldita Guerra, nueva
Historia de la Guerra del Paraguay”, libro elogiado por su consistencia
y la amplia investigación documental.
"Mis investigaciones me llevan a creer que no existe un archivo
secreto sobre el tema, pero no descarto la posibilidad de haber documentos
aún inéditos, tanto en Itaramaraty (la cancillería brasileña) como en
el Ejército”, no por deliberación, sino por falta de organización y
clasificación, dijo el historiador a IPS.
El sigilo eterno no se justifica, sentenció. En algunos casos
excepcionales, como de negociaciones internacional”, "el interés
nacional puede exigir plazos dilatados”, pero con el tiempo el contexto
histórico cambia y la necesidad desaparece, matizó.
No quedaron conflictos fronterizos entre Brasil y Paraguay, aseguró
Doratioto.
Los dos países firmaron en 1872 un tratado fijando las fronteras y Brasil
"no avanzó mas allá del territorio reclamado”, que ya ocupaba
antes de la guerra y a que tenía derecho por el Tratado de Madrid de
1750, acordado entre España y Portugal, las potencias colonizadoras.
El historiador y profesor de la Universidad Católica de Brasilia asegura
que Brasil mantuvo la ocupación militar de Paraguay hasta 1876 para
"evitar que este país arrasado fuese incorporado por Argentina”.
En las condiciones "desiguales” de la negociación del acuerdo de
1872, no tendría sentido que gobernantes brasileños sobornaran los árbitros
paraguayos en la definición de las fronteras, como alegó un funcionario
para justificar el secreto de algunos documentos, observó.
Tampoco se justifica el sigilo para ocultar "crueldades” de
militares brasileños, porque ya son conocidas y confirmadas y en este
caso se trataría sólo de proteger la reputación de personalidades históricas
y no intereses nacionales, argumentó.
En cambio, el historiador Luiz Alberto Moniz Bandeira afirma que "son
cuentos”, no hay documentos secretos sobre la guerra.
Lo que sí puede haber son cartas del Duque de Caxias con duras críticas
al Ejército, que se mantuvieron bajo reserva algún tiempo, pero ya están
disponibles en el Archivo Nacional, señaló a IPS Moniz Bandeira, autor
de "El expansionismo brasileño y la formación de los Estados de la
Cuenca del Plata”.
Caxias, el Patrono del Ejército Brasileño, comandó las tropas en los últimos
años de la Guerra del Paraguay, después de haber sido Ministro de la
Guerra en dos períodos.
Dos diplomáticos que prefirieron no ser identificados afirmaron a IPS que
los documentos mantenidos en secreto existen, pero son irrelevantes. Podrían
"manchar reputaciones”, al revelar "sobornos, crueldades,
pequeños negocios ilegales, pero nada que cambie la historia”, observó
uno de ellos, que tuvo buen acceso a los archivos diplomáticos brasileños.
"Son documentos burocráticos que decepcionarán a los que esperan
algo importante”, sostuvo el otro diplomático, que en el pasado sirvió
en la representación brasileña en Asunción. Sólo no están disponibles
al público porque aún no hay una definición legal sobre el tema.
Por eso tampoco se puede atender al pedido de la Academia Paraguaya de
Historia, que pidió acceso a los archivos secretos brasileños, luego de
tener informaciones sobre su posible existencia hace un mes.
Actualmente el Congreso legislativo de Brasil discute un proyecto para
reglamentar la clasificación de los documentos oficiales, los plazos de
secreto y su apertura pública. Pero la tendencia es limitar las reglas a
los archivos de la reciente dictadura militar, que generan las mayores polémicas
y presiones.
El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva creó una Comisión de
Investigación y Análisis de Informaciones Sigilosas, para clasificar los
documentos, lo que determinará el período de secreto.
Pero la Comisión se compone exclusivamente de miembros del gobierno,
comprometiendo su legitimidad. Debería ser ampliada con historiadores y
representantes de la sociedad civil, respetados por su seriedad y exención
partidaria, opinó Doratioto.
El historiador sospecha que los documentos de la Guerra del Paraguay sólo
fueron mencionados para "desviar la discusión de una política
general de apertura de los archivos”.
En su opinión, no sólo instituciones del Estado deberían liberar sus
archivos, con criterios y plazos aceptables por la sociedad, sino también
las fuerzas políticas que se opusieron al régimen militar, como los
partidos comunistas. (FIN/2005)
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