Cientouno
años con Salvador Novo, Treinta y un Años Sin El
©
Miguel Alonso Hernández Victoria/Enkidu

AMOR
Amar es este tímido
silencio
cerca de ti, sin que lo
sepas,
y recordar tu voz cuando
te marchas
y sentir el calor de tu
saludo.
Amar es aguardarte
como si fueras parte del
ocaso,
ni antes ni después,
para que estemos solos
entre los juegos y los
cuentos
sobre la tierra seca
Amar es percibir,
cuando te ausentas,
tu perfume en el aire
que respiro,
y contemplar la
estrella en que te alejas
cuando cierro la
puerta de la noche
Salvador Novo nació en la ciudad
de México el 30 de julio de 1904 hijo de gallego y zacatecana; desde muy
pequeño despuntaba ya tanto su grandiosidad como su apetito sexual;
jugando con Samuel el mocito de la casa con quien tuvo sus primeros
toqueteos; así como de sus vecinos norteamericanos. Salió junto a su
familia rumbo a Jiménez, Chihuahua y debido al cierre frecuente de
escuelas tuvo un profesor particular; el cual fue despedido después de
haber tenido un cachondeo con el pequeño Salvador Novo; más tarde
entablaría amistad con los Botello jóvenes con quienes tuvo esa camarería
propia de los homosexuales que se reconocen; durante ese período conoció
“al Joto Juan” quien era mozo de la casa y a quien Salvador le hacia
bromas pesadas. Debido a lo
inseguro que era vivir en plena época revolucionaria la familia viajo a
Torreón donde hizo su primaria en el Colegio Modelo para Niñas, perdió
a su tío Francisco a manos de los Villistas y también a su padre quien
se tuvo que exiliar en los Estados Unidos.
En Torreón conoció a Napo, su
amigo a quién años después dedicaría un poema quien en alguna ocasión
grito ante la madre de Novo: “Salvador y yo somos los dos afeminados de
Torreón” lo cual disgustó
mucho a la matriarca; tiempo después Napo se iría a estudiar agricultura
y trataría de escribirle a Salvador sin contar que la madre de este abría
la correspondencia y le obligaría a escribir una carta con la que rompía
su amistad. La madre de Salvador Novo, estaría atenta a todo aquello que
tuviese connotaciones sexuales y desde luego trataba de evitar que
Salvador las conociera y las entendiera. Esta actitud haría que Novo se
volviera curioso en este ámbito; sin embargo y como suele suceder ante la
primera posibilidad de tener un encuentro homosexual genital, Salvador
Novo sale horrorizado al poco tiempo vive su primera relación con el
entrenador de béisbol así empezaba una vida sexual que le complementaría
con la académica.
Salvador Novo, fue fundador, junto
con Xavier Villaurrutia, de las revistas Ulises (1927) y Contemporáneos
(1928), fue activo participante en la renovación de nuestra literatura.
Si Novo puede ser el prosista más diestro de los “Contemporáneos”,
su poesía cuenta entre las mejores de ese grupo. (Como autor de versos
satíricos nadie se le compara.) Espíritu afín al de Tablada en algunos
aspectos, Novo “nacionaliza” el humor de vanguardia: sus poemas
manifiestan la burla del sentimiento modernista y la apertura hacia el
paisaje de la primera posguerra: urbano, industrial, publicitario. En las
letras inglesas descubre su auténtica voz. Las breves, casi epigramáticas,
composiciones de Espejo rescatan, fijan con distancia crítica, imágenes
de la infancia perdida. En Nuevo amor el encuentro, la separación, la
memoria de sal o de ceniza se expresan directa y libremente, con una
tonalidad de íntima pesadumbre que no menguó nunca su novedad ni su
frescura. Novo ganó el Premio Nacional de Literatura en 1967.
Su poesía está en: XX poemas
(1925), Nuevo amor (1933), Espejo (1933), Seamen Rhymes (1934), Décimas
en el mar (1934), Romance de Angelillo y Adela (1934), Poemas proletarios
(1934), Never ever (1934), Un poema (1937), Poesías escogidas (1938), Dueño
mío. Cuatro sonetos inéditos (1944), Decimos: “Nuestra tierra”
(1944), Florido laude (1945), Dieciocho sonetos (1955), Poesía 1915-1955
(incluye Poemas de infancia, 1955), Sátira (1955) y Poesía (l961).
Novo, al igual que muchos Contemporáneos
trabajo dentro del servicio público, siendo atacado muchas veces por su
“moral dudosa”. Eran los tiempos de Gide y Proust de donde Salvador
Novo recogía la tradición francesa que luego llevara al teatro y por que
no al primer texto gay dramático: El tercer fausto. Quién como Salvador
Novo para hacer gala de sus relaciones con taxistas, choferes, luchadores
y todo aquello que ahora calificamos como chacales. Quien como el para
desclosetar a sus amigos públicamente y reafirmar con ellos una
incipiente identidad que no llegará sino hasta finales de los setenta. En
su trabaja y en su vida personal reinventa esas palabras que hemos
escuchado llenas de odio y nos las devuelve de manera jocosa. Dice
Emmanuel Carballo en Protagonistas de la literatura mexicana que Novo es
un cínico, “Un ser que llama a las cosas, por prohibidas que éstas
sean, por su nombre de pila. Desde joven supo ser lo que algunos de sus
contemporáneos se negaron a aceptar: un ser humano distinto.” Esa
honradez consigo mismo, continúa Carballo, le valió la incomprensión,
el repudio y la hostilidad.
En efecto, Pedro Henríquez Ureña,
por ejemplo, lo desterró de su grupo al enterarse de su homosexualidad, y
muchos otros escritores le restaron méritos literarios, a Novo y a otros
miembros de Los Contemporáneos, por su preferencia sexual.
Salvador Novo fue el primer poeta
mexicano del que se tradujo un libro completo en inglés en 1935 (para
entonces ya había sido traducido al francés y al portugués). Algunas de
las traducciones que aquí se presentan provienen de Nuevo amor,
traducido por Edna Worthley Underwood (Otras provienen del libro Now the
Volcano: an Anthology of Latin American Gay Literature, editado por
Winston Leyland, traducido por Erskine Lane, Franklin D. Blanton, Simon
Karlinsky (San Francisco: Gay Sunshine Press, 1979). A diferencia de
Pellicer y de Villaurrutia; Novo no ocultaba su orientación sexual, por
lo que recibió injurias y desprecio por parte de Diego Rivera, Alfonso
Reyes, José Clemente Orozco, Manuel Maples Arce, Renato Leduc, Juan
O’Gorman, Jesús Silva Herzog entre otros.
Las memorias de Salvador Novo han sido recientemente publicadas bajo el título
La estatua de sal(México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes,
Colección Memorias Mexicanas, 1998). Varios tomos de La vida en México;
con buena parte de su trabajo periodístico, han sido publicados en la
misma colección. Sus ensayos también han sido publicados por Sergio González
Rodríguez, Viajes y ensayos (México, Fondo de Cultura Económica, 1986).
Falta mucho por descubrir de Novo y sobre todo replantear su “apoyo”
al gobierno de Díaz Ordaz. Salvador Novo, el Cronista de la Ciudad de México,
murió el 13 de enero de 1974
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