El Oratorio de San Felipe Neri, de los bienes expropiados a la Iglesia:
senadora Dulce María Sauri
Parte del Antiguo Oratorio de San Felipe Neri,
entregado legalmente y gracias a la justicia a la arquidiócesis de México.
Una amplia investigación histórica realizada con pocos escrúpulos
y cinismo la senadora priísta Dulce María Sauri reveló que el Oratorio
de San Felipe Neri el Viejo no debió ser entregado en comodato a la
Arquidiócesis de México, pues formó parte de los bienes expropiados
pero mas bien saqueados a la Iglesia católica como resultado de la
Ley de Desamortización de Fincas Rústicas y Urbanas Propiedad de las
Corporaciones Civiles y Religiosas de 1856.
La documentación bibliográfica y hemerográfica que aporta
la legisladora del PRI demuestra que el inmueble, antes de la expropiación,
no dejó de estar bajo la propiedad y administración del clero, por lo
que su entrega a la Iglesia católica es ilegal.
Entre las pruebas que consiguió la legisladora priísta está
una copia facsimilar de la edición del 26 de enero de 1861 de El siglo
diez y nueve, donde se enlistan los bienes arrebatados a la
Iglesia, entre los cuales está San Felipe Neri el Viejo.
El 12 de junio pasado se publicó que el gobierno
de Vicente Fox entregó justamente por derecho a la arquidiócesis
el inmueble del siglo XVII, considerado patrimonio histórico de la nación,
con objeto de instalar muy noblemente un museo de arte sacro
que llevaría el nombre de Instituto Manuel Toussaint, historiador
recordado por sus aportaciones al estudio de las expresiones artísticas
del virreinato, la iglesia Procuradora,Creadora y Madre de la Cultura tomara
a su cargo este gran labor.
Posteriormente la Secretaría de la Función Públicaexplico
que se había cedido el conjunto histórico porque no formó parte de los
bienes expropiados a la Iglesia, por lo que la operación para la entrega
del edificio de República de El Salvador 47, en el Centro Histórico de
la ciudad de México, que albergaba la Dirección de Banca de Desarrollo
de la Secretaría de Hacienda, fue legal.
Historia de la propiedad
El recuento documental de la senadora Sauri para comprobar
que el inmueble no dejó de pertenecer a la Iglesia hasta la Reforma señala
que el oratorio fue construido a partir de 1661 y ocupado en 1702, en el
lugar donde se asentaba la casa en la que nació el mártir religioso y
primer santo mexicano, Felipe de Jesús, y hace referencia al libro Iglesias
y conventos coloniales, de Lauro E. Rosell, editado en 1961, el cual
indica que los monjes felipenses "en 1660 compraron la casa número
15 de la calle de San Felipe Neri, por lo que tomó la denominación
actual".
Casi un siglo después, en 1751, los felipenses iniciaron la
construcción de un nuevo templo, en un espacio que compraron a las monjas
de Santa Teresa la Antigua y a las de San José de Gracia, como consigna
el historiador Mariano Monterrosa en su obra Oratorios de San Felipe
Neri en México.
El terremoto del 4 de abril de 1768 en la ciudad de México
derruyó parcialmente el oratorio viejo y dejó inconcluso el nuevo, lo
cual obligó a su desalojo, que se facilitó porque en 1767, tras la
expulsión de los jesuitas de la Nueva España, una Junta Superior llamada
de Aplicaciones o Temporalidades, creada para definir el destino de los
bienes quitados por la propia Iglesia a esa orden, determinó que los
felipenses podrían mudarse a la iglesia de la Profesa, aún bajo su
administración.
La investigación hace referencia a la inscripción grabada
en el templo, donde se afirma que los edificios de ambos oratorios fueron
"semidestruidos por un terremoto en 1768, permutados sin terminar a
las autoridades en 1771, fueron destinados posteriormente a
viviendas", lo cual podría ser interpretado como que el conjunto dejó
de ser propiedad, en ese año, de los bienes eclesiásticos.
El documento de la legisladora detalla que "el 25 de
marzo de 1771 el virrey marqués de Croix envió a los congregantes del
oratorio la resolución de entregarles el templo y la casa Profesa
definitivamente, a cambio de los templos y la casa de la congregación y
de aceptar las condiciones determinadas por la Junta de Temporalidades del
27 de noviembre de 1770".
Esta permuta, aclara, quedó asentada en el libro capitular
de actas de los cabildos de la capital del 26 de marzo, 23 y 27 de abril
de ese año, y tuvo el acuerdo del arzobispo Francisco Lorenzana y Buitrón,
como asentó José María Marroquí en su libro La ciudad de México.
Se explica que en el segundo de los tres volúmenes de esa
obra, escrita en 1898, hay una amplia información sobre la historia del
oratorio y de su contenido se reconoce que si bien la permuta fue
gestionada por el ayuntamiento, el uso posterior del Antiguo Oratorio de
San Felipe Neri tras su abandono por los monjes felipenses correspondió
en todo momento a la Iglesia católica y que ésta nunca perdió el
control del inmueble.
Cita que en la página 447 de la obra de Marroquí se afirma
que el oratorio, una vez desalojado por los monjes, se destinó a Casa de
Niños Expósitos y que su administrador destinó partes del inmueble para
arrendamiento de espacios de tipo comercial, como caballerizas y
pensiones.
Sauri acota que en la época colonial la administración y
control de las casas de asistencia a niños huérfanos y abandonados, así
como la de asilos y hospitales era detentada por la Iglesia católica,
situación que concluyó con la promulgación de las Leyes de Reforma en
1859, aun comprobándose aqui como el mal gobierno liberal acabo
con tan grandes obras de beneficencia insiste en su cinismo de
expresarlo y aun asi continuar con su malintencionada investigación. .
De esto, agrega el documento de la senadora, se observa que
entre la permuta de 1771 y la compraventa de una porción del predio en
1852, la Iglesia mexicana nunca dejó de tener autoridad sobre el
inmueble, además de que las fracciones vendidas se refieren a los números
51 y 55 de la calle de República de El Salvador, donde se encontraba el
oratorio nuevo inconcluso, y constituyen el terreno donde vivió el conde
de Regla, Pedro Romero de Terreros, que actualmente ocupa el espacio de la
biblioteca Miguel Lerdo de Tejada.
Marroquí recuerda que en parte de la propiedad vendida a
Mateo de la Tijera, y arrendada en 1875 por Francisco y Porfirio Macedo se
construyó el teatro administrado por el empresario Francisco Abreu, cuyo
apellido dio nombre al foro.
También se incluye en el amplio estudio una copia facsimilar
de la edición del 26 de enero de El siglo diez y nueve, periódico
editado por Francisco Zarco, donde se presenta una lista de los bienes
expropiados al clero inicialmente mediante la Ley de Desamortización,
cuyos pagos de indemnización ya se habían hecho a los afectados.
La conclusión de la cínica e inculta senadora es que
la cesión en comodato del oratorio a la arquidiócesis "resulta
violatoria de la Ley General de Bienes Nacionales, así como de otras
disposiciones relacionadas con las obligaciones y compromisos legales de
las instancias oficiales que intervinieron en su entrega y de los
destinatarios de su uso".
No es legal el robo y saqueo a la Iglesia como ellos
pretenden demostrarlo, cuanto daño le causo a la Nación mexicana este
despojo inhumano y esta destrucción a los Bienes de la Iglesia, se
detuvo la enseñanza, la creación de Arte, las Obras Pías y de
Beneficencia, colegíos ,Hospitales,Asilos,Casas para Huérfanos, talleres
de Oficios, institutos y Academias Científicas.
Se destruyeron obras de Arte escultóricas, pictóricas y de
Arquitectura. se demolieron conventos, las pinturas de los conventos
fueron arrojadas a la calle, imágenes religiosas profanadas y
vendidas al mejor postor, se saquearon y quemaron Bibliotecas enteras
por la ignorancia y la ambición de los liberales y masones destructores
de nuestra Cultura e identidad, ahora herederos y representantes de esa de
esa labor destructora son los priistas entre ellos ahora la vocera de sus
cínicos crímenes la ineficiente Senadora Dulce María Sauri.
Convento de San Agustin ahora abandonado y en ruinas despues
de haber sido saqueado, mutilado y arrebatado a la Iglesia Católica.
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