|
Ricardo Villarreal, en Acariciando la
muerte, invita a tomar conciencia de nuestra incapacidad de respetar al prójimo
· Desde el 27 de septiembre en el
Telón de asfalto
· Escrita y dirigida por Alejandro Celia
Con la idea de invitar al espectador a descubrir la parte insensible que
todos llevamos dentro, ante lo que por evidente ocultamos; y que a través
de la risa nos reflejemos como seres humanos infinitamente crueles,
Ricardo Villarreal estrenará este 27 de septiembre Acariciando la muerte,
espectáculo unipersonal de la autoría y la dirección de Alejandro
Celia, teniendo como escenario el Telón de asfalto.
Tomando un tema sociológico como base (la incapacidad de respetar al prójimo),
Villarreal y Celia abordarán en escena varios conflictos internos que, a
través del espectáculo y de una acción catártica (liberadora),
propiciarán que el espectador se libere de sus propios conflictos y los
canalice a través de su propio acto de conciencia.
“Queremos que la gente que vea este espectáculo tome conciencia de que
Acariciando la muerte es el reflejo de una sociedad en decadencia y, si se
puede, invitarlos a mejorar sus conductas y sensibilizarlos para tomar un
camino diferente frente a quienes no tienen la misma suerte que nosotros”,
afirma Ricardo Villarreal a quien recordamos por su participación en
montajes como Los ojos del hombre, Secretos en la oscuridad, Expreso
Astral, La casa de Bernarda Alba, El fantasma de la ópera, Jesucristo
Superestrella, El Full Monty y Fiebre de sábado por la noche.
Más que aprovechar el teatro para dar cualquier tipo de sermón moralista,
afirma Villarreal, lo que se pretende con Acariciando la muerte difundir
el gusto por el teatro y “sembrar en cada persona los valores del ser
humano. Pero no queremos dar cátedra de nada; simplemente estamos
mostrando un caso como cualquiera lo que puede suceder cuando no tenemos
una conducta muy buena que digamos, en lo que a conciencia se refiere”.
En su trama Acariciando la muerte nos presenta a Ricardo Licona, un
adolescente que vive con su madre en un apartamento de bajo nivel económico
de la Ciudad de México, cuya manutención depende del estado mediante
cheques de pensionados. Sin motivo aparente más que el de contar su
historia, nos muestra el cúmulo de frustraciones, ascos y vergüenzas que
sufre por tener una madre minusválida y como, a través de las drogas y
el alcohol, encuentra una “salida” a sus conflictos y como destruye a
su madre junto a él.
La historia es narrada en orden cronológico, comenzando desde la gestación,
pasando por la etapa infantil y la adolescencia, mostrando el terrible daño
moral y ¿por qué no? mental que este joven provoca en su madre, logrando
consecuencias de gravedad para ambos. Acariciando la muerte es un espectáculo
de buen teatro y, tanto su creador-director y su protagonista-productor,
están seguros de incitar a los jóvenes a que asistan al teatro y de
crear un sentimiento de conciencia a todas las familias mexicanas.
|