|
Renato De La Riva,
Hasta Que El Cuerpo Aguante
Por Enrique Gómez (Homópolis)
(Homópolis) La situación actual del teatro nacional es la peor de
todos los tiempos, debido a que la población mexicana tiene inquietudes
e intereses diferentes, y el teatro es algo que simplemente no le
interesa, afirma Renato de la Riva, director del Foro Luces de Bohemia,
uno de los recintos independientes de mayor público LGBT y que este año
cumple diez años de existencia.
Nacido en Chalco, Estado de México, con 57 años de edad y con un
matrimonio gay estable desde hace 25 años, Miguel Ángel Renato de la
Riva Espinosa habla en entrevista con Homopolis sobre la deplorable
situación del teatro mexicano, de los milagros vividos para sacar
adelante al Foro Luces de Bohemia y de sus secretos para mantener una
relación homosexual estable.
¿Cuál es tu preparación teatral?
A los 16 años de edad estudié pintura en la ciudad de México,
pero mis padres me decía que me iba a morir de hambre y me pidieron que
estudiara otras cosas. Fue así como también hice estudios en diseño
publicitario, decoración de interiores, mercadotecnia y publicidad. Luego
entré a estudiar actuación en la escuela de Andrés Soler, pertenecí a
la generación 69-72. En 1973, ya era maestro titulado y daba clases de
pantomima, expresión corporal, biomecánica y, posteriormente, de actuación.
¿Cuál es tu trayectoria teatral?
En 1975 me fui a estudiar a Paris, luego regresé a México y me
llamaron de la Compañía Nacional de Teatro, en donde estuve 7 años
participando en obras como Luces de Bohemia, a la que le tengo un recuerdo
muy especial. En 1977, hice mi propia obra, se llamó Impresiones ,
yo la escribí y la dirigí, gustó mucho y la llevé por toda la República.
La placa de las mil representaciones está en el Teatro Jiménez Rueda de
la ciudad de México. A partir de ahí, me dediqué a dar clases, a
participar y dirigir otras obras, di clases en el Centro de Educación Artística
de Televisa durante muchos años.
¿Cómo nació el Foro Luces de Bohemia?
En 1995, mi pareja buscaba un espacio para instalar sus oficinas
y encontró un lugar en Orizaba 193, en la colonia Roma, sitio que también
contaba con un foro de teatro, así que hablé con un grupo de amigos para
tomar el espacio, hicimos una sociedad y lo abrimos como un teatro
independiente.
¿Con qué amigos hiciste la sociedad?
Eran hijos de actores y de actrices, alumnos y compañeros de
clases (como Beatriz Moreno, hija de José Elías Moreno, Virginia Jimeno,
Vera Montero, Yolanda Vidal, Odiseo Bichir y su esposa Patricia Pascual,
entre otros). En aquella época nos denominaban Los Creativos, éramos un
grupo que se reunía para hablar de pintura, de escultura, de teatro, de
arte.
¿Por qué le pusieron Luces de Bohemia?
El nombre nació del enorme cariño que le tengo a una de las
obras más importantes del escritor Ramón Del Valle Inclán. Además, es
un nombre muy significativo del ambiente que queremos para el lugar.
¿Cuándo abrió el foro?
El 13 de mayo de 1995. La sociedad de amigos trabajó un buen
tiempo unida, guiada por grupos independientes de teatro, pero después
nos empezaron a caer inspectores y nos pusieron unas multas gigantescas,
entonces la sociedad se disolvió. Pero yo no quise terminar con el foro y
lo retomé solo. Es como un niño que he tenido que cuidar, limpiar y
mantener durante diez años.
¿Qué significa el foro Luces de Bohemia para ti?
Representa todo un triunfo, dado que los grupos de teatro
independiente tenemos casi todo en contra, porque debemos financiarlo con
nuestro propio bolsillo. Aún así, el Foro Luces de Bohemia se ha
sostenido con más de 70 obras de teatro en diez años. Además, durante
ocho años fue la sede de un ciclo de lecturas dramatizadas en el que
participaron dramaturgos de la talla de Emilio Carballido, Hugo Argüelles,
Jesús González Dávila y Antonio González Caballero, entre otros.
¿Cómo ves la situación del teatro mexicano actual?
Cuando yo estudié en los setenta, uno de mis más queridos
maestros me decía que el teatro estaba muy mal, pero ahora está peor.
Sin embargo, debemos hacer hasta lo indecible para que el teatro resurja,
pues como dijo Federico García Lorca: “Un pueblo sin teatro es un
pueblo moribundo”.
¿A qué se debe esta situación?
Las inquietudes de los mexicanos tienen otros intereses y el
teatro es uno de los menos importantes para ellos. El público mexicano es
sensible, pero no tiene esa educación teatral que debería tener, para
sentir el teatro como una necesidad propia En las escuelas tienen que
llevar a los chavos al teatro casi a fuerza, sólo a cambio de puntos
extra para su calificación. Y no debería ser así, la gente debería ir
por gusto, por placer. ¡Imagínate! La cantidad de teatros que hay en México
para los millones que somos, es ridícula, es de carcajada. Los grupos
independientes de teatro deberíamos de recibir algún tipo de apoyo,
porque estamos abandonados. Y, por si no fuera poco, somos altamente
criticados por los críticos de teatro.
¿Los críticos apoyan más el teatro comercial?
Más bien apoyan más la línea del teatro gubernamental, que
tiene muy buenas obras, pero también obras muy malas, aunque con un buen
financiamiento. El teatro comercial es importante, es valioso, es una
alternativa más, pero es complaciente, no importa si sus protagonistas
son actores o no. La gente sí va a ver teatro comercial, porque se trata
de comedias ligeras, gratas, familiares, en donde no hay riesgo artístico
alguno para que no se afecte la taquilla, es un teatro completamente
complaciente.
¿Crees que algún día se revertirá esta situación?
Lamentablemente no tenemos la educación para que suceda eso.
Creo que al público mexicano le gusta más la artesanía que el arte, por
comodidad, porque todo es grato, todo está digerido, porque no te
conflictúa.
¿Qué propones para cambiar esta situación?
Yo no propongo nada más que seguir trabajando hasta que el
cuerpo aguante e invitar a la gente que tiene inquietudes teatrales a que
lo hagan y que estén dispuestos al sacrificio. La única solución es
seguir siendo idealista hasta las últimas consecuencias.
¿No estás fastidiado a 33 años de lucha en el teatro?
A muchas funciones llegan tres personas o una persona o se
suspende la función porque no llegó nadie, y yo me empiezo a decir “¡Nada,
nada, adelante, arriba, arriba, a la siguiente llegará alguien!”. Y así
es como le he hecho todo este tiempo, porque si me dejo aplastar,
tranquilamente me hundo.
¿Es rentable hacer teatro en el Foro Luces de Bohemia?
Para mí no. Es puro amor al arte. Sin embargo, el espacio se
sostiene de muchas formas, por ejemplo, se renta para grupos que se reúnen
en él, se renta para conferencias, para dar clases de algo, siempre hay
mucha actividad en el foro. Es más, yo no debería montar obras, porque
no me dejan ingresos, pero entonces para qué lo tengo. Procuro combinar
situaciones para que pueda ser rentable.
¿Por qué Luces de Bohemia se especializó en diversidad
sexual?
No lo sé, porque en los diez años de existencia del foro, sólo
se han presentado 4 obras con temática gay. No sé en qué momento se le
dio esa etiqueta. Yo soy gay, pero el foro no. El foro está abierto para
cualquier propuesta artística, de preferencia de calidad. Si la gente
piensa que el foro es gay, está bien, no me molesta para nada. Yo creo
que la etiqueta se debe a que este espacio ha sido sede de reunión de
muchos grupos de diversidad sexual, como los Osos Mexicanos, Milk y
Grumale.
¿Te ha apoyado tu pareja con tu proyecto teatral?
Sí, él ha sido muy solidario. Hemos sido solidarios el uno con
el otro. Estoy cumpliendo 25 años de pareja con un hombre maravilloso que
se llama Jefferson Stone, tiene una empresa en nuestro país que da clases
de inglés a nivel ejecutivo. Soy un ejemplo de que sí se puede tener una
pareja homosexual estable durante mucho tiempo. Son 25 años de lucha
continua, de enfrentamos día a día a nuestras necesidades, a nuestra
relación.
¿Ha sido difícil mantenerse por tanto tiempo?
Sí es difícil, pero lo es en cualquier terreno. Hay que luchar
por salvar una relación, no puedes echar todo por la borda sólo por
cualquier tontería, hay que luchar diario, como cuando sales a buscar la
comida o a vivir todos los días. En mi relación son 25 años sin ruptura
ni vacaciones. Hemos enfrentado día a día nuestros conflictos bajo el
mismo techo. Y se necesita mucho valor, mucha fuerza para lograrlo. Sí se
puede.
|