JUAN PABLO II:
Un actor cuyo escenario fue el mundo
Por Elisa Marincola
ROMA, 02/04/2005 (IPS) - Karol Josef Wojtyla
fue un amante del teatro en su juventud polaca. Nunca dejó de ser actor:
en 1978, cuando se consagró Papa con el nombre de Juan Pablo II, el mundo
se convirtió en su escenario.
Era de preverse que un actor con marco y un
auditorio de tales dimensiones hiciera mutis como él lo hizo. El Papa se
negó a regresar al hospital, hizo las paces con su propia muerte, aceptó
el sacramento de su madre, la Iglesia Católica, y cumplió con sus
deberes, con calma, hasta el final, ocurrido este sábado a las 21:37 hora
de Italia.
Su triunfo contra las dificultades que se le interpusieron es remarcable.
En sus últimas horas, le dio lucha a problemas cardiacos, dificultades de
respiración y de sus funciones renales y una infección urinaria, sumados
a enfermedades crónicas como artritis y mal de Parkinson.
Durante su tránsito hacia la muerte, permaneció "extraordinariamente
sereno", aseguraron sus allegados. Esa calma y fortaleza frente a
tales desafíos le dijeron más a sus fieles que las palabras que no pudo
dedicarles en sus últimos días.
Más de mil millones de católicos están de duelo por el Papa. Pero dada
su prolongada actuación por todo el globo, la conmoción por su muerte se
siente en todas las comunidades religiosas.
Su muerte fue inminente durante meses, pero el Papa era un hombre más
fuerte que la mayoría. En sus últimas horas, cuando parecía estar
dormido, siguió regresando una y otra vez al mundo de los vivos. Su agonía
fue una síntesis de la fortaleza que lo adornó durante toda su
trayectoria vital.
Sobrevivió a un intento de asesinato, a un tumor, a fracturas de hombro y
de cadera, a 10 años de mal de Parkinson y a continuas dificultades
respiratorias. Sus múltiples triunfos sobre esas dolencias lo
convirtieron para muchos en un ejemplo de fortaleza en el sufrimiento.
Hasta el final, igual que al comienzo de su papado, rompió los moldes.
El papa Juan Pablo II fue el primer polaco en alcanzar el pontificado, y
el primero no italiano desde 1552, cuando fue consagrado el holandés
Adriano VI. Entonces con 58 años, también fue el más joven del siglo XX,
cuando sucedió a Juan Pablo I, que murió al cumplir 33 días en
funciones.
Era poco conocido fuera de un estrecho círculo de la jerarquía católica.
Karol Wojtyla había cursado buena parte de sus estudios de teología a
escondidas, durante la segunda guerra mundial (1939-1945), mientras
trabajaba en una fábrica. Se ordenó sacerdote en 1946, y fue nombrado
arzobispo en 1964 y cardenal en 1967.
Polonia se encontraba entonces en el bloque comunista, bajo la fuerte
influencia de la hoy disuelta Unión Soviética. Fue ése un periodo de
persecución a los católicos, que constituyen 80 por ciento de los 35
millones de polacos.
Pero, como arzobispo de Cracovia, Wojtyla mostró una oposición sin
concesiones al régimen comunista, una actitud que alimentó su compromiso
tradicionalista.
Al asumir el papado en 1978, encontró una Iglesia Católica sacudida
hasta los cimientos. Las reformas propuestas por el Concilio Vaticano II,
en los años 60, ponían en tela de juicio dos milenios de doctrina. Como
Juan Pablo II, Wojtyla se dispuso a restaurar esas tradiciones
conservadoras.
Su primer objetivo fue derrotar al comunismo y a lo que denominó la
"ateización de la sociedad". Apoyó a los disidentes del área
de influencia soviética, en especial a un compatriota, el sindicalista y
futuro presidente polaco Lech Walesa. El anticomunismo caracterizó su
pontificado hasta la caída del muro de Berlín, en 1989.
Al mismo tiempo, comenzó a restaurar la ortodoxia doctrinaria mediante la
designación de obispos conservadores y el disciplinamiento de los
sacerdotes disidentes.
Uno de sus blancos durante los años 80 fue la Teología de la Liberación,
doctrina surgida en América Latina y difundida por África y Asia, en
particular en India. Los sacerdotes de esta corriente pretendían que la
Iglesia atendiera prioritariamente problemas como la pobreza y los
derechos humanos.
Muy cerca del Papa, quienes criticaban a la Teología de la Liberación veían
en esta escuela un intento de fusionar cristianismo y marxismo.
La respuesta de Juan Pablo II fue cubrir los cargos de la Curia Romana (la
administración del Vaticano) y las diócesis de todo el mundo con
sacerdotes y funcionarios tradicionalistas, que oponían una Iglesia
poderosa y fuertemente clerical ante las corrientes internas más
liberales.
En todo este periodo, el Papa apoyó con fuerza a organizaciones
conservadoras como el Opus Dei, surgida en la España franquista, los
Legionarios de Dios en México y el Movimiento de los Focolares,
originario de Italia.
Juan Pablo proclamó a más de 1.300 beatos y casi 500 santos, incluido el
fundador del Opus Dei, José María Escrivá de Balaguer.
El conservadurismo del Papa quedó de manifiesto, fundamentalmente, en su
rechazo a la anticoncepción, al aborto y al uso del condón como prevención
contra el sida en nombre del derecho a la vida. También se opuso al
divorcio, a la homosexualidad, al matrimonio de los sacerdotes, a la
ordenación de mujeres y al concubinato.
Para sus muchos críticos, el Papa carecía de contacto con el mundo
exterior y expulsaba de la grey a muchos católicos.
Durante su pontificado, la Iglesia ganó seguidores en África y en Asia
--lo que ha sido atribuido a la elevada natalidad en las familias católicas
de esos continentes--, pero los perdió en el mundo industrializado y en
América Latina (donde viven la mitad de los católicos del mundo), e
incluso en su país natal.
El Papa llevó su mensaje a los rincones más recónditos del planeta. La
primera de sus 104 visitas al extranjero fue a Puebla, México, donde
asistió en enero de 1979 a la Asamblea de Obispos Latinoamericanos. Su
humor y su informalidad ya comenzaban a ganarle entonces el cariño de
millones.
Wojtyla mantuvo su sensibilidad social, y, mientras se oponía al
comunismo, condenó, sin embargo, los excesos del capitalismo.
El Papa fue siempre popular entre los jóvenes. Unos dos millones se
reunieron en Roma en agosto de 2000, cuando presidió el Jubileo de la
Juventud.
Juan Pablo II construyó puentes históricos con otras religiones. Recibió
con frecuencia al Dalai Lama, el exiliado líder religioso del budismo
lamaísta tibetano. Buscó un vínculo más estrecho con el Islam: fue el
primer Papa que visitó una mezquita. Además, acercó a la Iglesia Católica
con otras denominaciones cristianas.
Pero continuó desaprobando los matrimonios entre católicos y musulmanes,
y afirmando la primacía de la Iglesia de Roma sobre las restantes.
La reconciliación más dramática fue la que trazó con el judaísmo. Fue
el primer pontífice en visitar una sinagoga, y también el memorial en
las ruinas del campo de concentración nazi en Auschwitz, que honra a las
víctimas del holocausto.
Sin embargo, manifestó con frecuencia su solidaridad con el pueblo
palestino, y marcó sus diferencias con Israel en torno del estatuto de la
ciudad de Jerusalén.
Presidió jornadas de oración para detener la guerra del Golfo de 1991,
el conflicto en los Balcanes en los años 90, el ataque estadounidense
contra Afganistán en 2001 y la invasión a Iraq en 2003.
En 2002, visitó su Polonia natal por última vez. El país había
cambiado. Regía desde 1996 la legalización del aborto, a pesar de la
censura papal. Aún está por verse si el conservadurismo que postuló en
todo el mundo lo sobrevivirá. (FIN/2005)
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