El Papa fue conservador en el terreno doctrinal
CIUDAD DEL VATICANO 01/04/2005 (AP) - Se oponía al divorcio, el
control de la natalidad, el aborto, la ordenación de las mujeres y el
levantamiento del celibato sacerdotal.
Para sus críticos, el papa Juan Pablo II se negaba a mantenerse al
día con las demandas de su grey o con los cambios del mundo moderno.
Para Juan Pablo, era cuestión de proteger lo que calificaba de "verdades
de la fe".
A menudo se consideraba que su conservadurismo provenía de su
formación en la Iglesia católica polaca, una institución que
permaneció inmune a las tendencias liberalizadoras en occidente durante
las cuatro décadas del régimen comunista.
Durante su papado de 26 años, los teólogos disidentes fueron
disciplinados y los obispos que se resistieron a las directivas del
Vaticano fueron reemplazados por otros más acordes con la línea del
Papa.
Presionó a sus obispos a mantener su posición firme contra el
matrimonio homosexual e intentó acallar el debate acerca de la
posibilidad de la ordenación sacerdotal de las mujeres.
En una de sus escasas concesiones al ala liberal, Juan Pablo permitió
formalmente a las mujeres servir en el altar, aprobando una práctica que
ya se había generalizado en Estados Unidos y Europa occidental.
Con frecuencia el Vaticano fue criticado por su oposición al uso de
condones en la lucha contra el sida, una posición que derivaba de su
condena al control de natalidad por medios artificiales. A la vez que
ofreció la ayuda y solidaridad de la Iglesia a las víctimas del sida,
Juan Pablo y los cardenales del Vaticano aconsejaron la abstinencia sexual
como el mejor modo de prevenir la propagación del virus.
Cuando la Iglesia en Estados Unidos, Irlanda, Australia y otros países
se vio convulsionada por escándalos de abuso sexual que socavaron su
postura moral y la dañaron financieramente, algunos acusaron al celibato
sacerdotal como disuasivo para muchos candidatos potenciales al sacerdocio.
El Papa no dio su brazo a torcer en esa ni otras cuestiones. Una vez
dijo a los periodistas que la Iglesia católica no debía ser considerada
como una democracia ni una asociación de "librepensadores".
Uno de los críticos más enérgicos de Juan Pablo, el teólogo
disidente suizo Hans Kueng, dijo que "el resultado final es que la
Iglesia católica ha perdido completamente la credibilidad de que una vez
disfrutó durante el papado de Juan XXIII y tras el Concilio Vaticano
Segundo".
En la década del 60, ese concilio aprobó una serie de reformas
liberalizadoras que fueron desde la de permitir la misa en idiomas
modernos en vez del latín hasta un llamamiento a mejorar y estrechar las
relaciones con otras denominaciones cristianas y otras religiones.
Juan Pablo insistió en que apoyaba dichas reformas, pero no los abusos
que les atribuyó.
También hubo quienes se preguntaron si la posición irreductible de
Juan Pablo costó influencia a la Iglesia pese a tener más de mil
millones de adherentes.
Los europeos, aun en bastiones católicos como España, empezaron a dar
la espalda a las posiciones de la Iglesia. El Vaticano libró una lucha
infructuosa con los líderes europeos para incluir la mención de la
influencia del cristianismo en el continente en el texto de una propuesta
constitución para la Unión Europea.
En Estados Unidos, la cuestión del derecho al aborto se vio
entreverada con la política cuando varios obispos dijeron que negarían
la comunión a todo político católico que apoyase el derecho al aborto
aunque estuviesen personalmente en contra.
La ordenación de mujeres en la Iglesia anglicana perjudicó sus
relaciones con el Vaticano, y los vínculos se resintieron más cuando la
Iglesia episcopal en Estados Unidos _que pertenece a la comunión
anglicana_ ordenó como obispo a un hombre abiertamente homosexual.
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