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Orgullo, con más razón
© Omar Baños/El Faro
Recientemente un reconocido activista por los derechos de las minorías sexuales, Octavio Acuña, fue asesinado a puñaladas en una condonería (venta de condones, lubricantes, etc.) en Querétaro, México. Según reportan diferentes periódicos, el móvil no parece ser robo, ya que no robaron ninguna de las pertenencias personales ni del negocio. Irónicamente, días antes, Octavio había hecho unas denuncias por los diferentes asesinatos de hombres homosexuales que aún no han sido resueltos en Querétaro. Por ahora, las autoridades han optado por "suponer" que el móvil fue pasional. (La típica respuesta que dan a crímenes contra personas homosexuales para no ahondar en la investigación).
Este lamentable suceso se desarrolló en un tiempo importante para la comunidad gay, lésbica, bisexual y transgénero (glbt) de todo el mundo. Tanto en México como en El Salvador y el resto del planeta, la comunidad glbt prepara (en algunas regiones ya realizó) eventos culturales, manifestaciones y expresiones públicas de orgullo gay. La muerte de Octavio nos sirve como un doloroso recordatorio de que, sin importar si es en México, China o El Salvador, el contexto en el que vivimos las personas con identidad sexual no heterosexual todavía está minado con crímenes de odio en cualquier país del mundo.
Triste, pero cierto, la muerte anda con la capa de la homofobia. No son miedos inventados, sino experiencias violentas contra las minorías sexuales que no se detienen. Por lo general, siempre quedan en el olvido cuando a una persona homosexual la asesinan y nunca se resuelve el caso. Imagínese, ¿qué pasaría si en el centro de San Salvador asesinaran a un pastor por odio a los evangélicos? Sería inaceptable y repudiable. Sin embargo, cuando se trata de un gay asesinado, poco o nada se hace.
A pesar del luto de amigos y extraños, debemos de utilizar este momento para reflexionar lo que puede significar el orgullo para las personas gay, lésbicas, bisexuales y transgéneros en momentos como este, de celebración y de meditación y repudio.
En esta época del año, el mensaje imperativo, casi obligado, que me recuerda que debo sentir orgullo de ser gay, llega acompañado de la desagradable noticia. Hago una pausa y digo, "caramba, sí yo siento orgullo de ser gay cada día de mi vida" y al mismo tiempo me consterna el asesinato de Octavio, a quien conocí en un seminario de salud sexual para hombres gay en Metepec, Puebla el mes pasado.
En situaciones como esta es cuando se vuelve más importante la necesidad de sentir, mostrar y actuar el orgullo. La palabra y el concepto se deben convertir en acción. Las palabras orgullo y gay, después de todo, es como un matrimonio entre dos significados poderosos y proponentes que públicamente aceptan determinadas responsabilidades sociales.
Orgullo, según definición de diccionarios, significa la alta estima que uno tiene de si mismo o de las cosas propias. Como hombre gay, al decir que tengo orgullo de ser gay, implico, asevero y públicamente manifiesto que tengo alta estima al querer a otro hombre, al tener sexo con otro hombre, al enamorarme de otro hombre, de ser, pues lo que soy, y de reconocer mis derechos y responsabilidades sociales, entre otras cosas.
Además, para mí, como hombre gay, orgullo significa e implica mucho más que un estado sentimental de sentirme bien; implica, acciones concretas. Orgullo, implica denunciar los crímenes de odios como en el caso de Octavio; en algunas situaciones, también implica riesgos personales. El orgullo gay es, entre otras cosas, celebrar lo que uno es y llegar a la convicción propia para poder defender lo que uno es en ambientes homofóbicos, violentos y hostiles.
Sin orgullo no podemos reivindicar lo sublime de ser seres humanos con una determinada identidad sexual que históricamente ha sido ultrajada por todas las sociedades. Sólo con orgullo podemos lograr reclamar públicamente las atrocidades que se cometen contra las minorías sexuales.
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