| La Marcha de Orgullo Gay en Ciudad de México
por Horacio Franco
La Marcha de Orgullo Gay ha sido, lamentablemente, sólo un reflejo
más del estado de decadencia en el que se encuentra inmersa la sociedad a
mexicana, que se manifiesta a diario en todas las instituciones y los
sectores de la vida en nuestro país, desde la familia, las escuelas, los
partidos políticos y los gobiernos, hasta los sectores artísticos,
intelectuales, económicos o religiosos. La carencia absoluta de
colectividad y de unidad como comunidad, el velar sólo por algunos
intereses comerciales, festivos o políticos ---todos ellos válidos, pero
no fundamentales--- hace que año con año se ponga en duda la genuina y
auténtica pretensión de ésta.
Debemos establecer dónde queremos ir y qué es lo que pretendemos no
solamente como comunidad, ---la cual hemos visto ya desde hace años , es
inexistente--- sino como individuos pertenecientes a un numeroso sector de
la población que debería tener todos los derechos y obligaciones que
implican el ser libres, el expresarse, el no ser discriminados, el ser
ciudadanos politizados y conscientes de las carencias que tenemos y el
estar dispuestos a dar la cara diariamente y poner nuestro grano de arena
para que en algo se pueda avanzar, y no sólo pretender hacerlo agresiva o
vehementemente cada vez que hay marcha.
Apoyo absolutamente que haya una manifestación de todas las
personalidades diversas que hay en el colectivo LGBT, (en inglés, se
llama Gay Pride Parade, es decir, DESFILE DEL ORGULLO GAY, diferente de lo
que nosotros llamamos "Marcha"), clamo por una pluralidad y por
el orgullo con el que se debe convivir sanamente y además mostrarse: los
exhibicionistas, los que van al desmadre, los que van clamando por sus
derechos, las vestidas, los transexuales, los antros, los bisexuales, los
padres y familiares de todos ellos y todos los que conformamos el
colectivo LGBT.
Considero irresponsable el nombrar una reina de la marcha que depende
de una televisora y no de su talento, hay que nombrar a alguien que
fehacientemente haya apoyado a la comunidad con su forma de vida o su
trabajo, como en este año a José Rivera, no es suficiente alguien que
goce de popularidad y que diga que nos quiere bien.
Gracias a nuestra incongruencia, a nuestra falta de unión y a la
típica conducta mexicana de protagonismo y de crítica irracional al que
no piensa y es como nosotros, tenemos lo que nos hemos ganado a pulso: una
manipulación tergiversada por parte de los medios de comunicación, una
visión errónea de la sociedad hacia nosotros, una falta de leyes que nos
protejan y nos den las prebendas sociales a las que tenemos derecho, y
sobre todo, nuestro nulo reconocimiento como comunidad.
En resumen, tristemente tenemos lo que nos merecemos como "comunidad"
gay mexicana, y debemos, ante todo, hacer enormes esfuerzos por educarnos
desde adentro, por respetar e incluir a toda la diversidad dentro de
nuestra comunidad, a valorar todos los intereses genuinos que generan la
marcha, desde los económicos hasta los políticos y los meramente
hedonistas, para que empecemos de una vez por todas, a ser tomados en
cuenta por una sociedad que prácticamente nos ignora.
H
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