| Roberto Madrazo Pintado: Discurso al rendir protesta como
candidato presidencial
Saludo con aprecio al Presidente del Comité Ejecutivo Nacional del
Partido Revolucionario Institucional, a Mariano Palacios Alcocer, y con él,
al Comité Ejecutivo Nacional de nuestro partido.
Saludo, con el afecto de siempre, a un amigo y a un aliado, a mi amigo, el
dirigente nacional del Partido Verde Ecologista de México, senador Jorge
Emilio González.
Saludo a los señores gobernadores; a nuestros coordinadores de los grupos
parlamentarios en la Cámara de Diputados y en la Cámara de Senadores.
Saludo a nuestros sectores, a nuestras organizaciones.
Saludo a nuestra militancia, y saludo como siempre, a este gran Partido,
el Revolucionario Institucional.
Cumplo hoy en este lugar, con la tradición de mi partido, desde aquí con
todo el priísmo habremos de salir a la gran campaña que se aglutina en
torno de la alianza por México.
Venimos a esta Plaza de la Solidaridad con nuestros amigos miembros del
Partido Verde Ecologista de México, porque con ellos hemos construido
alianzas exitosas que nos han dado el triunfo en elecciones pasadas y
porque con ellos gobernaremos un México ecológicamente sustentable.
Con emoción y gratitud, conmovido y no obstante sereno ante los grandes
desafíos y dilemas nacionales, acudo el día de hoy a rendir protesta
como candidato de mi partido, de nuestro partido, para asumir su
representación y contender formalmente por la Presidencia de México el
próximo 2 de julio del 2006 y ganar las elecciones.
Acudo comprometido con sus militantes, con sus sectores y organizaciones,
comprometido con miles de mexicanos que desde todas las latitudes del
territorio nacional constituyen el gran soporte social de nuestro partido;
comprometido con la sociedad, con la familia y el niño mexicano;
comprometido con los adultos mayores que hicieron su existencia una lucha
permanente por mejorar sus condiciones de vida; comprometido con los jóvenes
que son la más promisoria reserva en un país como el nuestro, tan rico
en recursos y posibilidades y tan pobre en oportunidades.
Acudo con palabras de reconocimiento y de lealtad al partido, porque
responde plenamente a mis convicciones más íntimas. Lo hago así para
refrendar desde un principio, sin una sombra de duda y sin ninguna
vacilación, que mi origen y mi militancia de siempre está en esta gran
organización que todos conformamos, que es el Partido Revolucionario
Institucional.
Este es el partido que en medio del caos que generó la Revolución
Mexicana, supo construir desde el gobierno y con la sociedad el México
del siglo XX, el México que surgió con instituciones que han sido
fundamentales y lo hizo en el mar de agudas carencias y de confrontaciones
que ha sido nuestra historia contemporánea y que sepamos le tocó al PRI
o más bien el PRI asumió esa tarea en su herencia, en su origen, en su
compromiso de llevar a México a convertirlo en una nación respetada ante
sí misma y respetada y admirada en el concierto internacional.
No fue un camino fácil, no es fácil construir. Una derrota nos ha enseñado
y nos ha puesto a prueba en la consistencia de lo mejor que tenemos cada
militante; nos puso a prueba para ver que somos capaces de actuar en esa
circunstancia como el espejo que se necesita para mirarse en el alma, con
un sentido crítico y un ánimo renovado.
Hoy el partido ha sabido construir alianzas, hoy el partido de nueva
cuenta tiene una clara poderosa opción de gobierno para el país. Hoy de
nueva cuenta las evidencias ponen en claro que las batallas electorales a
las que nos hemos lanzado las hemos ganado por la vía legal y legítimamente
en cada proceso electoral en los últimos cinco años.
En cada una de estas elecciones, desde la oposición y sin el cobijo del
poder presidencial, sin recursos financieros y a pesar de una inmensa
campaña en contra de nuestro partido, el PRI se ha levantado con las
victorias por el orgullo de su militancia.
Ha sido así la sociedad y han sido millones de mexicanos los que han
reconocido al partido y se han reconocido en él, en su capacidad para
asumir los errores y las debilidades del pasado. Si bien no acaba todavía
de emerger el nuevo partido que nos reclaman, que nos exigen las nuevas
generaciones, al mismo tiempo le estamos dando vida a ese partido vigoroso,
al partido renovado que quieren los jóvenes y estamos luchando todos para
que el partido, el viejo partido se acabe de ir, para que deje salir lo
mejor de nosotros camino a la Presidencia de México.
Acudo aquí con ustedes, a rendir la protesta como candidato a la
Presidencia de México, en un momento grave y delicado de la historia de
nuestro país, en un momento que fijará el rumbo para los próximos 50 años,
de la vida de esta gran Nación.
Acudo con plena conciencia, la conciencia en mi responsabilidad, en la que
encarna esta candidatura, cuyo cometido central se identifica sin ambigüedades
y sin matices, con la voluntad de hacer de México un país moderno,
competitivo, seguro y cierto en todos los órdenes, un país de
instituciones, de leyes y de garantías sociales.
Hemos de reconocer que México enfrenta hoy, como nunca, una de las
situaciones políticas más desafiantes de su historia contemporánea.
El país padece graves problemas, de seguridad pública, niveles obsesivos
en este empeño de los delincuentes por volver rehén a nuestra Nación.
Niveles ofensivos de desempleo y de bajos salarios, creciente desigualdad
social y de pobreza, débil crecimiento de la economía y una reducción
alarmante de los niveles de competitividad, así como una degradación en
materia ambiental.
Pero si lo anterior fuera poco, México también muestra una baja sensible
en los niveles de calidad de la educación, deficientes servicios en
materia de salud, una crisis inquietante en el sistema de pensiones y
jubilaciones, y una pérdida fatal en la credibilidad de las instituciones
y del propio gobierno.
Vemos hoy un país estancado, estancado y a la baja en todos sus
indicadores, así lo reflejan los datos duros e instituciones nacionales y
de instituciones internacionales, entre otras la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo, lo señala así con claridad en la caída
que México ha tenido en la educación y en la competitividad.
El Programa de Naciones Unidas para el desarrollo, señala los fracasos en
el combate a la pobreza, y la desigualdad.
El Banco de México lo hace al subrayar la desaceleración de la economía
y la caída brutal de las exportaciones y del empleo.
La Universidad Nacional Autónoma de México, calificó este sexenio como
el sexenio negro en la administración de la Ciencia y la Tecnología y
las organizaciones empresariales nacionales, han señalado reiteradamente
su preocupación por el despilfarro que se ha hecho de la riqueza
petrolera.
Sumemos a ello los índices de ejecuciones, a cuenta del crimen organizado.
Las cifras de la actividad delictiva en materia de secuestros y robos con
violencia, y sobre todo aquí, en la Ciudad de México, el contrabando, la
piratería, la drogadicción creciente en las escuelas del país.
No sólo hemos perdido el tiempo en este sexenio, hemos perdido recursos
financieros, hemos perdido oportunidades, y lo más importante, estamos
perdiendo nuestros jóvenes, perdiendo a la familia y ante el riesgo de
perder el país.
De hecho, como todos sabemos, miles de compatriotas, pierden su país o
sus familiares, al emigran en busca de empleos, a otras naciones.
Por eso decimos que la próxima elección presidencial, representa para la
Nación, una de las mayores disyuntivas históricas.
Es una elección, una elección en el más estricto sentido del término.
Una elección en donde millones podrán señalar con su voto, que no
quieren para el futuro del país la incompetencia y la ineficiencia
gubernamental, que no quieren la ignorancia y las confrontaciones en la
política exterior.
No más simulaciones, no más engaños, abiertos o solapados, no más
derroche de oportunidades ni de recursos financieros, en un país que no
aguanta más y en un mundo que no puede permitir que se tiren los recursos.
Verán también, en esa elección, millones de mexicanos, los que habrán
de rechazar la puesta neopopulista que pretende gobernar con la vieja
receta del voluntarismo de un solo hombre.
Son, sin duda, tiempos de decisión, tiempos de reflexión, tiempos de crítica,
sobre todo de un país como el nuestro, un país donde la desigualdad enseña
niveles de vida como los del México rural, el México pobre, el México
indígena; el México donde el hombre y la mujer del campo luchan
enormemente en contra de la desnutrición, la mortalidad infantil y en
donde todavía vemos los flagelos brutales que son inadmisibles al trato
de las mujeres, que requieren del apoyo la solidaridad de esta gran campaña.
Estamos en un país que fue capaz de generar una de las más grandes
reformas sociales e institucionales del siglo XX. Por eso en el contexto
de un país a la baja, de un país estancado, de un país en riesgo, de
una sociedad decepcionada, desilusionada hemos de reiterar a lo largo y
ancho de la nación que los grandes temas, que la agenda nacional son y
serán el crecimiento y la competitividad y por otro lado, el combate a la
desigualdad y a la pobreza.
Parecen poco cuatro palabras; cuatro palabras para sintetizar el enorme
drama que vive el país, cuatro palabras en donde vemos tanto dolor y
tanto sufrimiento; pocas palabras para tantas expectativas truncadas;
pocas palabras para tantas vidas quebradas en estos años: crecimiento,
competitividad, desigualdad y pobreza.
No son, sin embargo, los últimos temas. También entre otros están la
seguridad pública, la educación y la salud; la equidad de género y los
derechos humanos; el desarrollo rural y la reconstrucción institucional
que requiere nuestro país.
Me detengo un minuto en el campo mexicano, donde el ingreso por persona es
apenas una décima parte del ingreso promedio nacional. Es ahí, en el
medio rural, donde se expresan las condiciones más extremas de la
desigualdad y en donde se concentran los mayores retos paradójicamente de
la competitividad que podemos tener en el mundo global.
Por eso permítanme poner en el corazón de la visión de gobierno estos
desafíos cruciales: crecimiento con equidad, crecimiento para la igualdad
que constituya nuestra propuesta de fondo; dos núcleos que concebimos
como los dos grandes motores para el desarrollo nacional en los próximos
años.
Me interesa dejar absolutamente claro que me propongo enfrentar los nuevos
retos de la nación con formas distintas y no con las viejas recetas que
ya cumplieron y dieron de sí; ni populismo ni neoliberalismo. Me propongo
enfrentar los nuevos retos con otra forma, porque los dos modelos o los
dos paradigmas ya no responden al México de hoy.
Y conciente estoy de que ninguna sociedad moderna que aspire en serio a
jugar un papel dinámico desde el arranque del siglo XXI puede fundar un
porvenir de progreso, de bienestar, de paz social sobre la base de los
radicalismos.
Y lo digo con claridad y lo reitero enfáticamente: ni radicalismos
extremos en materia económica ni radicalismos extremos en materia social;
mucho menos en la esfera del campo de la política. No está el mundo, no
están las sociedades, no está la cultura y no está la gente para
soluciones extremas; no está México para polarizar las fuerzas, sino
para construir acuerdos, consensos y proyectos en bien de la gente para
que viva mejor.
Esta es la experiencia de las naciones que en los últimos años han
logrado superar con base en la creatividad política, el estancamiento, la
desigualdad, sus debilidades productivas y sus rezagos sociales. Por eso
es que me propongo para adelante un paso, con un modelo de desarrollo
nacional nuevo, que no sea agotado, un modelo que siendo dinámico y
abierto sea capaz de articular los referentes históricos y culturales de
los mexicanos; sus capacidades de trabajo y sus anhelos por lograr el
bienestar; sus valores de cooperación, de corresponsabilidad social y de
progreso.
Dicho en términos concretos: una economía no de muchos resultados para
pocos, y de pocos resultados para muchos, sino un modelo, donde la política
económica no sólo favorezca el crecimiento, sino también la equidad, y
una política social que no favorezca sólo la compensación igualitaria,
sino también la competitividad y la eficiencia que requiere nuestro país,
un modelo donde el tema de la competitividad tiene la virtud de abrir y de
cerrar el círculo de nuestro desarrollo, porque de esto se trata en un país
como México.
Uno de los países más abiertos a los mercados globales, y a la vez, uno
de los menos competitivos, uno de los menos competitivos, y a la vez uno
de los más desiguales.
Digamos que México ha tenido acceso al privilegiado mercado más grande
del mundo, con cuantiosas inversiones extranjeras, y sin embargo no ha
sido capaz, por no tener proyecto, rumbo, claridad y firmeza en el mando,
de generar un proceso de industrialización dinámico, no ha sido capaz de
lograr un crecimiento económico sostenido y de alcanzar el bienestar que
requiere la sociedad mexicana.
Pienso, cuando hablo de esto, en los elevados costos de los insumos básicos,
que inhiben y limitan la inversión; que inhiben y limitan el crecimiento.
Pienso en los servicios como la electricidad, las telecomunicaciones y los
transportes; pienso en los energéticos, en el gas natural, el costo
relativo a la mano de obra, el financiamiento y la tramitología que
existe para poder abrir un negocio, una empresa en nuestro país.
No hemos aprendido en este tiempo a colocar a la empresa en el centro de
la competitividad. Para lograr el bienestar de la sociedad tenemos que
trabajar todos, todos los mexicanos para comenzar a atacar por parejo
todos los temas de la competitividad. Asimismo como todos los temas de la
desigualdad y la pobreza.
Esto es lo que más me interesa hoy subrayar, porque detrás de todos los
temas de la competitividad, están sin duda los temas del desempleo y la
migración, de la salud y la educación, de la alimentación y la nutrición;
los temas de la seguridad y la certeza jurídica.
En todos y en cada uno de los puntos están en juego las acciones
articuladas que debe tener el gobierno, la participación social amplia
que debe generarse y la fuerza del sector productivo, sólo con un
esfuerzo, concertado, de conjunto, es cómo vamos a poder avanzar, con un
gran esfuerzo en el talento y en al creatividad de la política, en un
gran intenso trabajo, para que la política en los próximos tiempos sirva
como instrumento de la transformación, como el sitio del encuentro, para
que por encima de la diversidad y de las diferencias podamos ponernos de
acuerdo en todo lo que le interesa a nuestro país.
Por ello, hoy necesitamos sí, más allá, mucho más allá de las
estrategias simplistas que sólo piensan en el crecimiento de los sectores
productivos.
México requiere, además de eso, encadenar enormes esfuerzos productivos,
con mayor valor agregado, pero sobre todo con mayor articulación de las
acciones, del sector público, privado y social, tras un objetivo común
que tenga éxito de las empresas y que logremos así insertar el bienestar
de la gente de mejor manera, de la gente que es primero que las cosas, de
la gente que es primero de las estadísticas, porque si las estadísticas
económicas dicen que el país va bien, pero tanta gente vive mal, es que
no vamos bien en la economía nacional.
Amigas y amigos:
Son tiempos de campaña, estamos en campaña y por lo mismo insisto, en
que más allá de la descalificación, son los tiempos de la reflexión,
de la crítica, de la autocrítica y de la propuesta, son los tiempos para
construir y no destruir las posibilidades de una gran nación como la
nuestra.
Necesitamos corregir visiones y acciones equivocadas, el mundo cambio y es
indispensable una política renovada, con una visión integradora, con una
propuesta de estado y una política de largo plazo en todo lo que hagamos.
Si no comprendemos esto, si no entendemos la nueva realidad que vive México,
más temprano que tarde, tendremos un creciente problema de gobernabilidad.
Lo digo seguro como estoy, de que los estallidos más graves y violentos
no suceden en los países más pobres, sino en los más desiguales,
incluidos en éstos los países de economías altamente desarrolladas. Y
ahí están los brotes iracundos de la juventud, los brotes de la
inconformidad, porque se carece de oportunidades en países sólidamente
en materia económica, ricos en su desarrollo económico, pero con rezagos
sociales sumamente importantes.
Nosotros no queremos un destino así para México, por eso no cerramos los
ojos para ver que lo que ocurre en otras regiones es el espejo de lo que
puede ocurrir en nuestro país si prevalece un gobierno que no tiene
propuesta, que no tiene ideas claras, que no tiene el rumbo fijo y que no
tiene las condiciones porque nunca las quiso construir, para un diálogo
de altura con la diversidad política de la nación.
Por supuesto que todos sabemos que la solución es compleja, pero estamos
ciertos de que tanto la competitividad como la equidad se construyen con
un sólido consenso de un proyecto de nación, con el apoyo de
instituciones que sean eficientes y transparentes, capaces de poner al
centro el crecimiento, capaces de poner al centro la equidad como el tema
de la reconstrucción nacional.
Por eso propongo un sector público eficiente, transparente, profesional,
responsable, que se acompañe de un sector privado abierto a la generación
de políticas y de acuerdos para la creación de empleos de calidad y de
largo plazo, y que se apoye siempre en una amplia participación social
orientada al diseño y a la construcción de las acciones del gobierno.
México requiere sin duda el día de hoy de una nueva gestión pública,
con más coordinación y menos subordinación, con más interdependencia y
menos dependencia, con más capacidad para crear valores y activos
sociales y empresariales en el país.
Sabemos que sin instituciones fuertes, sólidas y autónomas, el porvenir
de la nación perfila el riesgo de la discrecionalidad y el clientelismo
que tanto daño le ha hecho a nuestro país.
Y ahí es mi propuesta central, la propuesta que se llama gobierno firme y
con rumbo, porque no nos habrán de temblar las manos ni con los gritos ni
con los machetes.
Un gobierno firme y con rumbo, un gobierno con mayor capacidad
gubernamental, que se sume a la capacidad económica del mercado y de los
empresarios, que se sume también a la capacidad constructiva que tienen
las organizaciones sociales; en esta dirección me propongo iniciar la
campaña para lograr varias cosas:
Lograr primero con el sector productivo, que es la piedra angular de la
reactivación del mercado interno, los acuerdos que garanticen el
crecimiento económico y hacerlo junto a una renovada política social que
tenga como meta la igualdad y la lucha contra la pobreza, porque el reto
de hoy, el reto del siglo XXI es darle a los mexicanos la capacidad de
acceder a sus derechos constitucionales por la igualdad y el desarrollo.
Amigas y amigos: En el marco de los grandes desafíos de la nación pongo
sobre la mesa para iniciar la campaña de la Alianza por México, el
Acuerdo Nacional para la Igualdad y el Desarrollo, orientado en tres
puntos de atención inmediata, la seguridad en todos los sentidos, la
generación de los empleos de calidad y de largo plazo y el combate a la
pobreza. Esa es la propuesta de fondo y ese es el compromiso para iniciar
nuestra campaña.
Compañeras y compañeros del Partido Verde; compañeras y compañeros del
Partido Revolucionario Institucional: Nadie, nadie puede ni debe en nombre
del futuro referirse al pasado de nuestro país sin inclinarse con respeto
ante la hazaña de su historia; nadie, nadie puede, ni debe hacerlo y
reconocer el talento y la generosidad se hizo posible su proyección como
Nación.
Nación respetada y admirada en el contexto internacional y en el ámbito
regional de nuestros pueblos hermanos de la América Latina.
Millones de mexicanos lucharon, defendieron y perfilaron un país de
instituciones y de derechos sociales.
Millones de mexicanos lograron con su trabajo tener un país de
instituciones sólidas y resistieron la alternancia sin violencia, y que
hoy habremos de construir la transición hacia la democracia.
Nadie, nadie puede ni debe a nombre del futuro, referirse al pasado sin un
mínimo de responsabilidad republicana, de responsabilidad republicana,
porque no puede ignorar el pasado de un pueblo como el nuestro, que está
presente en lo más hondo de la estructura social de la Nación, que está
presente en cada rincón de su vida cotidiana, que está presente en cada
esquina que ha consagrado los nombres de la gente que ha hecho historia en
nuestra Patria.
No es la historia, y algunos así lo confunden, un simple recuerdo para
las celebraciones mediáticas.
La historia es la síntesis de nuestra mexicanidad. La historia es la síntesis
de nuestro proyecto social. La historia es la síntesis del proyecto con
rumbo, que vamos a encabezar, que se hace, que se construye con los
anhelos, con los sueños, con las demandas, con los reclamos de cada
familia de nuestro México.
Somos un país diverso y plural. Somos una Nación integrada por muchos
pueblos y muchas culturas.
Somos, no obstante ello, una única Nación, grande e indivisible. Somos
una Nación que tiene los ojos puestos en la Alianza por México, los
tiene puestos en la Alianza, porque a nosotros nos toca recuperar el
tiempo perdido y nos toca concluir la gran generación de Reformas que
habrán de consolidar la revolución social del siglo XX, en pleno siglo
XXI.
Por eso, sé que hoy, que asumo con responsabilidad la candidatura de mi
partido, para alcanzar la Presidencia de México, estoy listo para ganar y
listo para llevar a la Alianza por México a la victoria.
Por eso y ante eso, mi emoción se llama México. Por eso y ante eso, mi
compromiso y mi responsabilidad se sintetizan en México.
¡Que viva México. Que viva la Alianza por México!
¡Vamos a ganar la Presidencia de México!
¡Que viva México!
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