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Futuro presidente
entre dos fuegos
Por Franz Chávez
LA PAZ, 10/01/2006 (IPS) - Cuando faltan 12 días para asumir el
gobierno de Bolivia, a Evo Morales ya se le presenta la disyuntiva de
seguir con el libreto estatista que lo llevó a ganar las elecciones con
53,4 por ciento de los votos o adoptar una política flexible con el
influyente capital extranjero.
Ahora es cuestión de lidiar con intereses concretos y así lo ha
comprobado el dirigente de los cultivadores de hoja de coca y líder del
Movimiento al Socialismo (MAS) en su agitada y apresurada gira en curso
por Cuba, Venezuela, España, Holanda, Bélgica, Francia, China y Sudáfrica,
que culminará con la visita a dos vecinos especiales, como son Brasil y
Argentina.
Morales ya afrontó el juego de los gobiernos europeos respecto de las
empresas petroleras de ese origen que operan en Bolivia.
Así ocurrió en las reuniones con el socialista José Luis Rodríguez
Zapatero, el jefe del gobierno español que abogó por Repsol-YPF, con el
comisario de Política Exterior y Seguridad Común de la Unión Europea,
Javier Solana, interesado en el futuro de la inversión privada de ese
bloque como la de British Petroleum, y con el canciller holandés, Bernard
Bot, preocupado por Shell.
Las empresas petroleras extranjeras aseguran haber invertido unos 3.500
millones de dólares desde 1996 en Bolivia, cuando este país privatizó
su producción de hidrocarburos mediante la fórmula de capitalización
que representó una transferencia gradual de la propiedad estatal a
inversores.
El gobierno de Carlos Mesa, de octubre de 2003 a junio de 2005, se negó a
nacionalizar las concesiones petroleras, como lo reclamaba el movimiento
popular que derrocó a su antecesor, Gonzalo Sánchez de Lozada, porque
una compensación demandaría, según argumentó, el pago de unos 8.000
millones de dólares, que equivalen al actual producto interno bruto del
país.
No es una casualidad que Morales sea objeto en estos días de
privilegiadas atenciones y recepciones en el exterior, en general
reservadas a mandatarios en ejercicio.
Es que su victoria absoluta en las elecciones del 18 de diciembre, que lo
pondrá en la casa de gobierno situada en La Paz sin necesidad de una
segunda vuelta en el Congreso legislativo, repercutió en los países con
intereses económicos en Bolivia y que rápidamente se preocuparon por
conocer los alcances de sus propuestas de corte izquierdista y de
reivindicación indigenista.
Las primeras dos visitas, a los presidentes Fidel Castro, de Cuba, y Hugo
Chávez, de Venezuela, pautaron la adhesión del futuro mandatario del país
más pobre de América del Sur a una corriente abiertamente contraria a la
estrategia externa de Estados Unidos.
El embajador de Washington en La Paz, David Greenlee, apresuró un
encuentro con Morales cuando aún se celebraba la llegada del año nuevo y
a pocas horas de que éste iniciara su extensa gira.
El cambio fue radical en la postura de la representación diplomática de
Estados Unidos, que mantenía considerable distancia de Morales y a quien
se le negó, al menos en una oportunidad, la visa de entrada a ese país.
A su vez, lejos de su posición radical de los tiempos de campaña
electoral, Morales reiteró un mensaje de confianza durante sus encuentros
con los líderes europeos.
"No vamos a nacionalizar la tecnología o los bienes de las (firmas)
transnacionales, pero tenemos todo el derecho histórico y moral de
ejercer el derecho de propiedad de los hidrocarburos", puntualizó
Morales ante los periodistas en sus visitas a Europa.
Pero en La Paz, muchas de las voces que respaldaron su candidatura ahora
reclaman el cumplimiento de la principal promesa, que fue la nacionalización
de los hidrocarburos, la causa fundamental que definió la caída de los
presidentes Sánchez de Lozada, en octubre de 2003, y Mesa, en junio de
2005.
Desde una posición intransigente, el secretario ejecutivo de la única
Central Obrera Boliviana, Jaime Solares, dijo a IPS que Morales debe
cumplir su promesa de "nacionalización inteligente", bajo el
paraguas del "capitalismo andino" postulado por el MAS.
Una renuncia a la "confiscación y ocupación militar" de los
campos petroleros representaría una virtual traición a los sectores que
respaldaron su candidatura con esa condición, sin que medie el pago de
compensaciones a las empresas transnacionales, explicó el líder sindical.
Sánchez de Lozada huyó del país ante el avance de la rebelión popular,
en la llamada "guerra del gas", a la que reprimió con el ejército
y la policía, dejando un saldo de 67 personas muertas. Tras su renuncia,
el Congreso designó al entonces vicepresidente Mesa para reemplazarlo.
Pero Mesa mostró debilidad política al momento de aplicar la nueva
legislación, surgida de las protestas y que establecía el incremento de
las contribuciones por impuestos de las firmas petroleras. De esa
frustración gubernamental nació la corriente popular de reclamo de
nacionalización de los hidrocarburos, una demanda que recogió el MAS
como bandera electoral.
Durante esta primera gira como mandatario electo, Morales ratificó su
respeto a los inversionistas privados y advirtió que el peso de la ley
caerá contra las compañías involucradas en contrabando de hidrocarburos.
A su regreso a América del Sur, Morales visitará el 15 de este mes al
presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y dos días después a
su par de Argentina, Néstor Kirchner, los tres afines ideológicamente.
Sin embargo, el gobierno de Lula dirige los destinos de la empresa estatal
Petrobras, la principal compañía que controla en Bolivia desde campos
gasíferos, refinerías, gasoductos y la exportación del combustible a su
propio mercado.
Luego, Morales llegará a Buenos Aires para pedirle a Kirchner revisar los
precios del gas que Argentina paga a Bolivia a un valor llamado "solidario",
establecido por Mesa ante la emergencia energética del vecino país del
sur.
El precio promedio de esta exportación boliviana a Argentina es de 3,18 dólares
por millar de Unidades Térmicas Británicas (BTU, por su sigla en inglés),
muy distante de las cotizaciones que bordean los 11 dólares en Estados
Unidos, México y Europa .
El vicepresidente electo boliviano, Alvaro García, declaró a medios
argentinos que guarda esperanza de una nivelación de precios.
Argentina también es otro de los países que aporta inversiones a los
yacimientos petroleros del sur boliviano, a través de la asociación de
la firma privada argentina YPF a la española Repsol.
En tanto, la visita a China es interpretada por los analistas como una
gestión de Morales para abrir un mercado con gran demanda de materias
prima, como la soja y los minerales, a cambio de una política abierta a
los capitales de ese país asiático en el sector energético.
Grupos de inversionistas chinos han llegado a Bolivia en los últimos
meses para realizar gestiones, aún sin éxito, de inversión en la
industria petrolera y en particular en la explotación de gas natural, del
cual Bolivia es poseedor de la segunda reserva más importante de América
del Sur después de Venezuela, con 53 trillones de pies cúbicos estimados.
En el otro extremo de la balanza, el mandatario electo ha recibido
promesas de ayuda, como el canje de deuda bilateral con España, de 120
millones de dólares, acompañada de una donación por unos 22 millones de
dólares destinados a programas de salud.
Las expresiones de solidaridad representarán un alivio a una empobrecida
economía sujeta anualmente a donaciones por una suma que oscila entre 250
millones de dólares y 400 millones, según datos del Ministerio de
Hacienda.
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