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Universidad para
pobres, negros e indígenas
Por Mario Osava
RÍO DE JANEIRO, 01/03/2006 (IPS) - La universidad, factor tradicional
de reproducción o ampliación de la desigualdad social en Brasil por
consolidar la elite de los más ricos, es llamada ahora a operar en
sentido opuesto: abrir sus puertas con preferencia por los pobres, negros
e indígenas.
Un polémico sistema de cuotas en vías de aprobarse en el Congreso
legislativo reserva por lo menos la mitad del cupo de todas las
universidades federales, es decir las mantenidas por el Ministerio de
Educación, a los alumnos procedentes de la enseñanza secundaria pública,
que son una inmensa mayoría de la población estudiantil, pero se
convierten en minoría en las universidades estatales.
Las instituciones federales, que ofrecen la mejor enseñanza superior del
país, además de gratuita, acogen a 122.000 nuevos alumnos cada año, la
mayoría provenientes de escuelas privadas, que son mejores que las públicas
impartiendo educación primaria y secundaria.
El proyecto de ley aprobado en la Comisión de Constitución de la Cámara
de Diputados determina que, de la mitad de ese cupo destinado a los pobres,
se asegurará a los afrodescendientes e indígenas una cuota proporcional
a su población en el estado donde se ubique la universidad, según los
datos del censo oficial.
La aprobación de ese sistema solo dependía de una confirmación del
Senado, donde el trámite es más rápido. Pero los rectores rechazaron el
plazo fijado, hasta 2010, para implantar el sistema en sus universidades y
exigieron 10 años.
Una negociación promovida por el Ministerio de Educación entre los
directivos universitarios y los movimientos estudiantiles y étnicos
terminó en un acuerdo salomónico. Las cuotas deberán estar plenamente
vigentes a partir de 2012. La implantación será gradual, empezando con
12,5 por ciento para alumnos de la red pública en 2007 y ampliándose
anualmente para alcanzar 50 por ciento dentro de seis años.
El proyecto así reformado depende ahora de nuevas votaciones en la cámara
baja y Senado, pero nada es seguro. La iniciativa acentuó la polémica
que se prolonga desde la década pasada sobre la validez y eficacia de esa
"acción afirmativa" o "discriminación positiva",
como vía para superar la desigualdad que somete a la población negra a
la pobreza más aguda.
Brasil, con más de 184 millones de habitantes, está en el lugar 65 del
Índice de Desarrollo Humano medido por el Programa de las Naciones Unidas
para el Desarrollo en 175 países. Pero ese es un promedio que oculta las
diferencias entre la población afrodescendiente, que ocuparía la posición
107, y la blanca, en el puesto 46, según Marcelo Paixao, coordinador del
Observatorio Afrobrasileño y profesor de economía en la Universidad
Federal de Río de Janeiro.
Adoptar criterios raciales es inconstitucional, arguyen opositores,
recordando que la selección para la universidad debe basarse en el mérito.
La solución sería mejorar la calidad de la enseñanza pública para
poner a los pobres en condiciones de igualdad para competir con los
alumnos de escuelas privadas, opinan muchos.
No hay inconstitucionalidad, porque no se excluye a nadie y todos se
someten a la selección, y se trata de combatir la desigualdad y la
pobreza, contrarrestan juristas como Fabio Comparato, de la Universidad de
Sao Paulo.
Las cuotas son absolutamente necesarias en un país donde los negros casi
no existen en las universidades públicas, afirmó a IPS Geraldo Rocha,
coordinador de proyectos en el no gubernamental Centro de Articulación de
Poblaciones Marginadas. En el noroccidental estado de Bahía, donde los
negros son mayoría, solo alcanzan tres por ciento de los estudiantes
universitarios, ejemplificó.
Pero no bastan las cuotas. Experiencias como la de la Universidad Estadual
de Río de Janeiro, que adoptó el sistema hace algunos años, no
obtuvieron buenos resultados porque muchos negros tuvieron que abandonar
los estudios por falta de condiciones económicas para permanecer, observó
Rocha.
Son indispensables las becas u otras formas de ayuda que permitan a los
estudiantes pagar el transporte desde su casa a la universidad, la comida
durante las clases, libros y otros materiales escolares. "Sin eso el
acceso a la universidad sigue siendo una ilusión", explicó.
En la defensa de la ley de cuotas se destaca la Unión Nacional de
Estudiantes, que representa a los universitarios, y la organización católica
Educación y Ciudadanía de Afrodescendientes y Necesitados, que realizó
cursos de preparación a la universidad en comunidades negras y pobres,
principalmente en la periferia de la meridional Sao Paulo.
Tales cursos, que mejoran el acceso a universidades públicas hasta ahora
casi monopolizadas por las capas más ricas, y la ampliación de las becas
gubernamentales para alumnos pobres en instituciones privadas son algunas
iniciativas que están ampliando la cantidad de universitarios pobres.
Un reportaje del cuaderno juvenil Megazine, que publica el diario O Globo
de Río de Janeiro, informó a fines de febrero que ya hay 23
universidades públicas, federales y estaduales, que ofrecen algún tipo
de cuotas para negros, personas con deficiencias, mujeres e indígenas.
Es un movimiento creciente que culminaría con las cuotas de 50 por ciento
en las universidades federales, la crema de la educación y la investigación
académicas en este país.
Brasil registró en los últimos años un fuerte aumento de estudiantes
universitarios, que en 2003 ya sumaban 3,88 millones, pero 70,7 por ciento
de ellos estaban en instituciones privadas. La paradoja es que los pobres
tienen más acceso a esas casas de estudio que a las estatales gratuitas.
Otra idea, que los alumnos de las universidades públicas también paguen
su matrícula pues en su mayoría son ricos o de clase media, enfrenta un
rechazo insuperable. La tendencia es entonces promover el acceso de los
pobres a esas instituciones.
Pero el antropólogo Peter Fry, de la Universidad Federal de Río de
Janeiro, advierte sobre el riesgo de adoptar criterios raciales en la
atribución de derechos y en la legislación, en un país que había
avanzado mucho en una ideología sin razas. Puede producir un retroceso al
fortalecer las creencias raciales, señaló. (FIN/2006)
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